Adiós Amadeo; bienvenido José Murat: un hombre “salido del infierno, porque es su estado natural…”

10 enero 2017 || 20:16 ||
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CLAROSCUROS

Por José Luis Ortega Vidal

(1)

En el año 2011 la editorial Grijalbo publicó el libro ”México en riesgo” de Jorge Carrillo Olea, militar y político mexicano creador del CISEN, defenestrado gobernador del estado de MORELOS, receptor del narcotraficante Joaquín “El “Chapo” Guzmán tras su segunda captura, en Guatemala durante 1993 y responsable de la seguridad del Presidente Luis Echeverría Alvarez durante su visita a la UNAM el 14 de marzo de 1975.

Los detalles sobre aquel suceso, narrados por el propio Carrillo Olea se pueden encontrar en el sitio:

http://misteriospublicos.blogspot.mx/2011/08/la-pedrada-echeverria-en-la-unam.html

de la bloguera Martha Anaya.

Comparto un fragmento que se vincula con la circunstancia política del Veracruz actual.

Tras su lectura y la de sus añadidos se entenderán los nexos. 

Atrás de mí había cuatro oficiales que habían sido elegidos por su corpulencia y por sus esplendidas cualidades de valor y lealtad a los que grite: “¡Tráiganselo, tráiganselo!” Y tomándolo de los brazos y la espalda empezamos a caminar a grandes zancadas hacia el estacionamiento mientras nos perseguían los estudiantes. Entusiasma ese ánimo maravilloso que tiene la juventud y que se puede estimular tan fácilmente, en este caso para mal, pues las pandillas buscaban hacerse cargo de la situación. Favorablemente ellos no tenían un plan preconcebido, todo se había salido de cauces, ¿qué hubiera sido si hubieran llevado a cabo un acto culminante? El caso es que se había desatado ya una persecución llena de improperios hacia el Presidente.

Yo iba por delante, oteando el estacionamiento en busca de los coches. Los oficiales, parados en los estribos, me hacían señas para identificarse y llamarme, pero estando tan cerca, no más de veinte metros, me parecían tan lejos que dudaba de poder alcanzarlos. En uno de mis frecuentes voltear hacia atrás para verificar que todo viniera bien, ya que el Presidente y los oficiales me seguían a tres pasos, vi sangrando la frente del licenciado Echeverría de manera profusa. Es imposible también reconstruir las escenas imaginarias que se vinieron a mi mente: ¿Qué pasaba y qué pasaría, qué iba a pasar con el país, con el Presidente como persona y conmigo mismo ante mi fracaso?

Providencialmente, a tres o cuatro metros de donde íbamos, se ponía en marcha un pequeño coche Maverick rojo que seguramente huía de la peligrosa turba. Hice señas a los oficiales a cargo del Presidente para que lo condujeran hacia ese coche mientras yo me adelantaba hacia el lado del chofer, me introducía en la parte trasera del coche y tomando al chofer por la garganta, desde una posición por demás ventajosa para mí y seguramente gritándole muy fuertes majaderías para amedrentarlo, le solté: “¡No te muevas, aquí mando yo!”

Los oficiales con el Presidente ya habían abierto la portezuela delantera derecha y trataban de introducirlo al auto, pero él se había afianzado entre el techo y la propia portezuela en una postura de gran resistencia, mientras seguía en su debate a gritos con los estudiantes. Se negaba a entrar al auto. Le ordené a uno de los oficiales, el teniente Agüero, el que lo tenía tomado por la cintura, que lo forzara a entrar al auto. Sus inhibiciones propias de joven y de oficial del ejército le impedían forcejear con el Jefe del Estado, hasta que levantando fuertemente la voz le ordené de nuevo: “¡Mételo, Mételo!” Afortunadamente, mediante un irrespetuoso jalón, así lo hizo.

Como caído del cielo, o más bien como salido del infierno porque es su espacio natural, apareció José Murat dando gritos al chofer y en un estado de exaltación máxima ordenaba: “¡A Derecho, a Derecho!”

Impulsé al chofer a acelerar pues empezaban a llover piedras y tepalcates al auto, rompiendo el medallón trasero y lastimando el techo. Nuestra velocidad pronto dejó atrás a la multitud y entonces le ordené al jóven que detuviera el auto y dirigiéndome al intruso le dije: “¡Bájate, Murat, bájate!” Y algo habrá visto de determinación en mí que optó definitivamente por bajar del coche. El Presidente reía a carcajadas… 

(2)

Retomo este párrafo:

Como caído del cielo, o más bien como salido del infierno porque es su espacio natural, apareció José Murat dando gritos al chofer y en un estado de exaltación máxima ordenaba: “¡A Derecho, a Derecho!” 

La referencia es a José Nelson Murat Casab, ex legislador, ex gobernador de Oaxaca, padre del actual gobernante oaxaqueño: Alejandro Murat Hinojosa; amigo entrañable de Fidel Herrera Beltrán –no necesita presentación- y señalado con este último de haber hecho fortuna con obras públicas en Oaxaca, Veracruz y Chiapas, vía prestanombres.

En Chiapas, el otro cómplice habría sido el gobernador Juan Sabines Guerrero, hoy cónsul mexicano en Orlando, Florida. 

(3)

A José Nelson Murat Casab se le ubica en el reciente evento conmemorativo de la Ley Agraria de 1915 -impulsada por Venustiano Carranza- realizado en el World Trade Center de Veracruz el 6 de enero pasado.

El político oaxaqueño y el diputado federal Erick Lagos –hijo político de Fidel Herrera Beltrán- recibieron al líder nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, en el aeropuerto y dialogaron con él en privado.

Tres días después de aquel encuentro Amadeo Flores Espinoza dejó a la dirigencia del PRI en Veracruz.

Adolfo Mota, Edgar Spinoso, Tarek Abdala, Erick Lagos, Jorge Carballo y Javier Duarte de Ochoa -entre otros- son parte de los llamados “hijos de la fidelidad”; jóvenes políticos formados bajo el resguardo de Fidel Herrera Beltrán.

Duarte de Ochoa heredó la gubernatura de parte de Herrera Beltrán y conformó una red de complicidad y saqueo sin precedente en suelo veracruzano.

Hay denuncias, órdenes de aprehensión que topan con fueros porque algunos de los señalados son legisladores federales o locales como Vicente Benítez. En concreto, después de meses de escándalo internacional y de investigaciones, no se ha detenido a nadie por la quiebra financiera veracruzana.

¿Por qué renunciaron a Amadeo Flores Espinosa?

–       a) Porque la política es de ciclos y de resultados y él fue el dirigente del PRI a quien le tocó perder el 5 de junio pasado junto al candidato Héctor Yunes Landa y frente a Miguel Angel Yunes Linares.

–       b) Porque en Política no existen los vacíos y ante la derrota de Héctor Yunes Landa, la persecución de Javier Duarte de Ochoa y cómplices, el liderazgo priísta quedó de manera natural en manos del Senador José “Pepe” Yunes Zorrilla, Presidente de la Comisión de Hacienda en la Cámara Alta del Congreso.

–       c) Porque la política también es de circunstancias y en una extraña actitud José “Pepe” Yunes no asumió el papel de líder que los priístas le demandaron; no impulsó el cambio de dirigente estatal del tricolor colocando a alguien de su confianza; no se puso al frente de las huestes divididas de su partido y ha venido perdiendo poco a poco el encanto y confianza de los grupos de poder que lo conforman como ocurre con todas las agrupaciones de esta naturaleza.

Impunes, con vocación de pirañas, instruidos desde Barcelona, apoyados por el hombre que en 1975 llegó “Como caído del cielo, o más bien como salido del infierno porque es su espacio natural… José Murat…los hijos de la fidelidad van por la dirigencia estatal del PRI; ya obtuvieron el visto bueno de su líder natural; quieren para sí el control de las candidaturas a alcaldías en los comicios de junio próximo y pelearán con todo por su retorno al poder en el 2018.

A diferencia de Pepe Yunes, los fidelistas no dejan carne en hueso alguno.

Como lo hemos dicho, de momento las fuerzas mayores son la alianza PAN/PRD y MORENA pero la gente que saqueó Veracruz está de vuelta con los bríos de la juventud y su codicia insaciable, sumados al colmillo de los dinosaurios.

La historia del conflicto en la presa de Tatahuicapan en la sierra de San Martín y Santa Martha se remonta a 1975, a la UNAM y a la CIA, escribí en un Claroscuros previo. 

Luis Echeverría Alvarez gritaba a los estudiantes que lo apedreaban y correteaban: “jóvenes manipulados por la CIA” y el verdadero espía al servicio de la Central de Inteligencia Americana era él bajo la clave “Litempo14”.

Si atendemos a la descripción de Jorge Carrillo Olea sobre José Nelson Murat Casab, a Veracruz ha llegado un hombre “salido del infierno, porque es su estado natural”. Pobre Veracruz, pobre Oaxaca, pobre México.