Así o más claro

19 octubre 2016 || 11:47 ||
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Por: Mario Noriega Villanueva

La guerra contra Miguel Ángel Yunes Linares, gobernador electo de Veracruz, no terminó con la licencia de Javier Duarte de Ochoa, ¡no!, de ninguna manera. Tampoco quedará concluida si el PRI se sale con la suya y le dan pa’tras al resultado del proceso electoral del pasado 5 de junio, que presuntamente acabó con la hegemonía que por más de 80 años ejerció en  Veracruz, a cuya población sometió cono perversidad tal, a castigos que culminaron –no vayan a aparecer otras cosas más–, con dejar empobrecidos a los casi 8 millones de habitantes y con un futuro total y definitivamente incierto, pues el esbirro del ex gobernador, en poco más de un mes, ni pensar que revertirá aunque sea mínimamente, las condiciones en que recibió la batuta para terminar con este sexenio de saqueo absoluto hasta heredar una deuda de más de 120 millones de pesos que tendrán enajenadas a generaciones que aún no han nacido. Y todo peor empecinarse a mantener al presunto huidizo responsable de todo este desmargayate.

Ya no quisiéramos escribir sobre esto, nos da asco este cochinero, pero el bisoño cuanto improvisado líder nacional priista, Enrique Ochoa Reza, vino a encender la mecha aquí meritito en jarochilandia con su sentencia de que “Veracruz, no debe estar en manos de personas que ostentan doble moral, que engañan” y lanzó el cerillo a la estopa: “por eso reitero que las autoridades federales continúen las investigaciones sobre Miguel Ángel Yunes”. Para conocimiento del ex director de la CFE, le diremos que mucho de lo que le achacan al gobernador electo, sucedió –si es que se le prueba–, en su época de priista, y que son los gobiernos tricolores, los que han causado por sexenios, sobre todo desde Miguel Alemán hacia acá que han sido los más depredadores de los recursos públicos. Si quiere justicia, entonces solamente que le jale el hilito a toda esa ola de rapacerías, complicidades, corrupción, impunidad y estos dos últimos agregándosele criminalmente apoyada y en forma descarada, la inseguridad que obviamente, elevó escandalosamente la delincuencia al grado de que a Veracruz, se le ha calificado como un enorme cementerio, sobre todo de migrantes.

Señor Ochoa Reza, le ha de estar escurriendo de sangre escandalosamente la lengua, pero en este país, ser encubridor, protector de todo este tipo de acciones perversas sin importar “llevarse entre las patas” a millones de personas y crear condiciones para que Veracruz pueda poner en riesgo su permanencia como estado, no solo está permitido, sino que es premiado. Ya ve, no quisieron autorizar el juicio político para Duarte, tampoco para que el Congreso lo destituyera, sino que lo protegieron, haciéndolo pedir licencia para que no perdiera el fuero y tuviera tiempo suficiente para emprender la huida. Lo aprovechó a juzgar por lo que se dice que ya huyó quizá hacia otro país, unos días después de que dejó el cargo. No es por ahí el camino doctor –bueno, así leí que le dicen–, porque no ganarán nada si le obstruyen la llegada a Miguel Ángel, que no sea incendiar a un estado que ha sido trabajador, esforzado, con miras a un futuro mejor hasta que llegaron los Alemán, Herrera y ¡ufff! Duarte.

Si quiere realmente recomponer las cosas en su partido, de una vez le digo, ese no es el camino. Jamás el de la confrontación será la ruta para que se logren beneficios a un pueblo. Ya dejen que exista democracia: que los ciudadanos sean los que elijan libremente a sus gobernantes. Si se equivocan, serán ellos los responsables, como lo han sido en las más de 8 décadas en que estuvieron votando mayoritariamente por su partido señor Ochoa. ¡Detenga el cerillo incendiario! Y aquí para cerrar, les dejo una frase de mi difunto amigo, verdadero luchador social doctor Pedro Bonilla Díaz de la Vega: “la universidad no quita lo pendejo”.

Sugerencias, críticas y comentarios: marionv8@hotmail.com