Celebran el Día del Niño Perdido en Xalapa

la leyenda que dio origen a esta tradición guarda cierta similitud con el pasaje bíblico del extravío del Niño Jesús en Jerusalén

Foto: Noreste
8 diciembre 2016
12:56 hrs
Ana Martina Ortiz León

Xalapa, Ver. Si las gotas de la llovizna decembrina apagaban las velitas colocadas a lo largo del Paseo de Los Lagos, las personas ahí reunidas volvían a prenderlas demostrando que su tenacidad era mayor que las inclemencias del tiempo y con el deseo de celebrar los 23 años del Día del Niño Perdido en Xalapa.

Las familias lo tomaron como un paseo nocturno; los colegiales que asisten a la escuela en el turno vespertino acudieron en bolitas; otros jóvenes se ofrecieron de voluntarios repartiendo velas y también prendiéndolas; y hasta un turista de la Ciudad de México preguntó intrigado el motivo de iluminar el Paseo con tantas velitas.

Rosa Elena Ortega Zaleta, la organizadora, contó a los reporteros la leyenda que dio origen a esta tradición que guarda cierta similitud con el pasaje bíblico del extravío del Niño Jesús en Jerusalén y es encontrado por sus padres tres días después en el Templo de Salomón platicando con los sabios.

Basándose en el pasaje mencionado por San Lucas y como parte de las tareas de evangelización, el fraile Junípero de Serra propagó esta versión en el siglo XVIII.

Foto: Noreste
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Sin embargo la que circula entre los viejos sabios de la Huasteca –descrita en el tríptico que elaboró la misma Rosa Elena– refiere que en la época prehispánica los asentamientos en las riberas de los ríos eran muy codiciados, por lo que constantemente había enfrentamientos entre las etnias y en castigo los dioses retiraron el Sol hacia el oriente dejando la región sumida en sombras.

Al implorar jefes y caciques el perdón a los dioses y, en consecuencia, el retiro del castigo, éstos les encargan la elaboración de un escudo de oro, plata y piedras preciosas y “tan pulido que fuera capaz de reflejar el Sol hacia las zonas que estaban en oscuridad”, para lograrlo la doncella más agraciada debía desposarse con el más noble, valeroso y osado caballero “que pudiera remontar al espacio y colocarse frente al Sol para iluminar con su reflejo la Tierra castigada por los dioses”.

Sólo había una condición, que “el audaz guerrero disfrutaría su vida marital solo el tiempo que el escudo estaría en ciernes”. Tres meses después de la partida de éste hacia el infinito, su esposa se da cuenta de su embarazo y a sabiendas de que su compañero ya no volvería a pisar la tierra sale a buscarlo para informarle la noticia. En la travesía la joven muere dando a luz en el firmamento.

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Para guiar el regreso del recién nacido en toda la región de la Baja Huasteca se encienden miles de hogueras, que con el paso del tiempo originaría la Tradición del Niño Perdido y que aún tiene gran arraigo en Tuxpan, Cerro Azul y Poza Rica, pues incluso las personas nativas que ya no residen en estos municipios la han llevado a los lugares donde actualmente viven, siendo Xalapa uno de ellos.

En la actualidad las velas encendidas siguen buscando al rey perdido, pero también buscan iluminar el diario vivir entre tanta violencia. Aunque muchas de las personas que acuden a prender las velas llevan las suyas, Rosa Elena aporta el grueso pues llenar los parques Juárez, Los Berros, María Enriqueta y Bicentenario requiere una cantidad aproximada de ocho a nueve mil velas y un tiempo aproximado de cuatro horas.