Centenario de Elena Garro 1998

13 diciembre 2016
16:56 hrs

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Centenario de Elena Garro 1998
POR PEDRO A. PALOU

Al morír Elena Garro Navarro (1916-1998), acudí como en el caso del Maestro Sergio Pitol, a comprobar su nacencia poblana en el Registro Civil; a los pocos días su director, Lic. Luis Cubillas, me dijo que de 1920 a 29 no había ningún documento con el apellido Garro.
Pensé que sí Sor Juana o Carlos Pellicer, para solamente dar dos ejemplos, se quitaron la edad, Elena, al fin mujer, podría hacer lo mismo; al ir hacia atrás en el archivo, se encontró el documento registrado el 7 de febrero de 1917, en que Esperanza Navarro Benítez originaria de Chihuahua de 35 años de edad y el asturiano José Antonio Garro de 34 años, presentaban a su hija nacida el once de diciembre de 1916 a las nueve y 44 minutos de la noche, en la casa número 1, segunda calle de Juan Ramírez, 5 sur No. 700 (militar que luchó al lado de Juan N. Méndez en el sitio de Puebla y después Gobernador de Tabasco y alto Funcionario de la Secretaría de Guerra).
Esa casa-vecindad era esos espacios grandes en que convivían familias numerosas, patio común como los lavaderos, que daban unidad e identidad a sus ocupantes, en festejos o duelos comunitarios, en esa casa, hoy jardín, y antes gasolinera, nació la que sería gran escritora Elena Garro que jamás negó su nacencia poblana y que vivió después en Iguala, México, en el mundo y al final de su vida en Cuernavaca.
La casa, escribió Elena “era blanca por dentro y por fuera”, en ella vivían Esperanza Navarro Benítez la madre de Elena, sus hermanas Consuelo, Lidia, Margarita, Amalita, además de esas cinco, mujeres, Deva Navarro, Joaquín Velasco Garro, Amanda Velasco Garro, Amalina Garro, Pepe, cuatro nanas españolas de las que conocemos dos nombres Esmeralda y María, Sofía hermana del padre de Elena y Hebe cuñada del mismo.

RECUERDOS DEL PORVENIR
EL RECUERDO POBLANO MÁS REMOTO DE ELENA:
“Era un día luminoso. Un camino de piedrecillas rojas. A ambos unas plantas perfumadas, la nana me lleva de la mano, me caí de bruces. No me dolió, pero algo tibio me corrió por la frente, los ojos, la cara, me la limpié con las manos y las ví rojas: La nana daba gritos, entonces también yo empecé a llorar a gritos. Me cogió en brazos y echó a correr llamando.
-Señora-Señora…te voy a llevar al cuarto de azufre.
Entramos a un lugar extraño: un cuarto casi oscuro, verde, con una piscina de agua verde. ¡El cuarto de azufre!
Que me hizo aumentar el llanto. Un olor desconocido me alarmó. En el agua nadaban unas figuras blancas desnudas, que al verme se pusieron a gritar.
-¿Qué le pasó a la niña?
Me rodearon, sus rostros enojados me miraban amenazadores.
-¡Corre! Trae alcohol, algodón…le dijeron a la nana
Me quedé gritando más en medio de aquel coro de mujeres que chorreaban agua.
-Tiene sangre hasta en las botitas… supe que llevaba botas blancas, que me llegaban hasta el principio del tobillo porque las miré. Y mi miedo aumentó.
-Hijita, hijita- dijo una de ellas, limpiándome la frente con el algodón que había traído la nana.
-No llores, tu mamá te está curando –dijo una de las mujeres.
Esa mujer era mi mamá. Así conocí a mi madre. Es el primer recuerdo que tengo de ella.
-Se le enterraron muchas piedras en la frente-dijo una de ellas.
-Sí, tiene la piel muy tiernita…comentó otra.
Yo quería salirme de aquel cuarto de azufre. Quería irme con la nana.
-Son tus tías, te están curando- me dijo la nana.
Una venda en la frente y vuelta al jardín, libre de aquellas mujeres del cuarto de azufre que eran mi madre y mis tías. Oí en el jardín, donde dejé de llorar, que eran “Los baños de Puebla”.
(Los baños de la limpia estaban en la 3 sur 700 desde el siglo XVIII y los Garro vivían en la 5 sur 700 no había otros alrededor.)
Los más remotos recuerdos de Elena Garro de su ciudad natal, están en el texto “Las Navarro”, La primera conciencia”, publicado en el 2009 en una edición marginal de 200 ejemplares que no se encuentran en sus obras completas recientemente editadas y que reconoce como tal, su albacea literario Jesús Garro, publicado en el Diario capitalino “La Razón” que con ese y otros aciertos, insiste en el error del año de nacimiento de la escritora poblana en 1920.
“OTRO RECUERDO POBLANO DE ELENA
Llegamos a un lugar lleno de gente.
Muchos vestidos de asturianos, otros con trajes diferentes. Había carpas mesas, orquestas, tocaban “La Pandereta” y otras canciones que se cantaban en casa.
Era una algarabía llena de serpentinas y confeti. Me sentaron en una mesita redonda, junto a mi padre, mi tía Hebe y mis dos primos; Pepín y Joaquín. En la mesita de junto estaban mi tío y mis primas Amalina, Ananda y mi madre. Las nanas ocuparon otra mesa vecina. Las mesas se cubrieron de confeti, de copas, de churros y de tazas de chocolate.
Al abrir las botellas daban un estampido. La gente bailaba en medio de corros. Aplaudía. Estaba fascinada viendo el baile: saltaban muy alto, con las alpargatas bien amarradas a la pantorrilla. Apareció mi tía Sofía riendo, exaltada, cogió a mi padre:
-¡Pepe!¡Pepe!¡Vamos a bailar!
Mi padre saltó de su asiento y se unión a ella: Entraron a un corro. Los vi bailar, votar por el aire. Me había bebido el chocolate y comido los churros, pero quedaban las copas y las botellas, las bebí todas y no supe porqué.
Me fui resbalando de la silla, hasta quedar debajo de la mesa. El estruendo de la fiesta se alejó, ya no vi bailar a nadie. Las criadas también estaban bailando, pero nadie los hacía mejor que mi padre y mi tía Sofía.
Vagamente escuché, ya muy tarde, que buscaban a “Corchito”. Yo era “Corchito”.
-¡Se ha perdido!¡Se ha perdido!
Pero yo entre sueños no podía moverme.
Alguien me descubrió bajo la mesa.
Me levantaron en brazos
-¡Qué horror!¡Está borracha!- dijo mi madre.
-Te bebiste todas las copas y además te serviste de las botellas. ¿Verdad?- preguntaba mi padre que me tenía en brazos.
Salimos de la romeria en medio de las serpentinas que se enredaban en la cabeza y puñados de confeti. Ya era muy tarde y la gente empezaba a dispersase. Yo había dormido la mona y no quería irme. Quería seguir allí, en aquel remolino de música y saltos en el aire.
-No. Ya es muy tarde- afirmó mi padre.
“En la casa mis tíos se reían a carcajadas. ¡Qué cría!”
“LA LITERATURA ES UNA ANTES DE ELENA GARRO Y OTRA DESPUES… Emmanuel Carballo
Iguala le queda pequeña, decide irse a México y a la UNAM a estudiar teatro, coreografía y letras, conoce a un joven como ella, prometedor poeta, Octavio Paz, viajan a España en la delegación de intelectuales mexicanos comprometidos con la república española: Silvestre Revueltas “el genio atormentado de la música”, José Chávez Morado, después pintor y gran muralista, José Mancisidor activista de izquierda, autor de infinidad de textos literarios y de una “Historia de la Revolución Mexicana” de innumerables reediciones y obligado texto en las preparatorias de México, Susana y Fernando Gamboa, quién al correr de tiempo la museografía mexicana y lleva la pintura de México al mundo crea instituyendo museos y fondos plásticos.
En 1958 irrupe con fuerza en las letras mexicanas Elena Garro con su obra teatral El Hogar Sólido, solo a ella se le puede ocurrir plantear el escenario en una cripta familiar con abanico de personajes que conviven hasta el juicio final, renglones llenos de humor negro, en 1963, brotan “Los recuerdos del Porvenir”, con los que obtiene el premio Villaurrutia, un lenguaje inédito, explosivo que con maestría singular Elena empieza a jugar con los tiempos, pasado presente y futuro; en 1964 aparece La Semana de Colores en que ese tiempo literario que aborda la escritora poblana le da un sentido aparte, porque para ella “todos los tiempos son el mismo tiempo”, por eso en la Señora en el Balcón los reúne todos en uno solo, apunta su analista Beltrán Félix.
La semana de colores se inicia con un cuento entonces y hasta hoy, antológico en la literatura Iberoamericana “La Culpa es de lo tlaxcaltecas”, como en esas casas de espejos de las ferias de mi pueblo, conviven magistralmente la caída de México-Tenochtitlán por Cortés tiempo ido 1521, reúne en el hoy, a una mujer blanca del siglo XX en la metrópoli mexicana es el presente, recuerda haber tenido un esposo azteca defensor de su pueblo ante la conquista en una prodigiosa transmigración en la narrativa incomparable de la poblana.
Violencia, racismo desaliento supresión del nativo a una mujer, Laura, en que los tiempos, la ficción y la condición femenina marcan de manera inédita, el cuento notable en que sí, “todo lo increíble es verdadero”…
En el “Rey Mago”, otro trabajo deslumbrante, Elena arriba a lo onírico en donde no podemos saber lo que es realidad o ficción plasmado en reglones verdaderamente fascinantes..
Salto a “Andamos Huyendo Lola” donde explora la situación de la mujer en sociedad y en, lo social, una constante toda su vida, este es el penúltimo texto en la Semana de Colores.
Madre e hija huyendo por diversos países, exiliadas, pobres, sin papeles migratorios, la hija enferma en total desamparo, el exilio no “solamente es la pérdida de hogar si no de la misma identidad”, apunta Susana Perea-Fox, o son Elena y Elenita en la realidad pregunto?….
Lamentablemente este acto no permite recalar con detalle en la obra de esa escritora notable, como el “Niño Perdido”, “O invitación al campo” una crítica al poder político ejemplarizado en un poderoso Ministro que se burla de los peticionarios de tierras y que luego los sacrifica con total impunidad.
El mejor homenaje a Elena Garro, tema de estudios tesis, análisis constantes, siempre vigente, es leerla, releerla, difundirla, representarla teatralmente, no fácil, pero hacerlo con la dignidad que escribió; para los poblanos debe ser obligación moral por su enorme poderío verbal y su original construcción de temas y personajes y la construcción literaria, la sabiduría técnica en su andamiaje impecable a lo largo de cientos de trabajos la convirtieron sin duda alguna en nuestra más brillante autora del siglo XX y principios de este en la literatura mexicana, precursora por cuatro años de la llamada corriente del “realismo mágico”.
Perseguida por los carrancistas de última hora, por llevar a la escena y rescatar la figura limpia del General Felipe Ángeles, el general más culto y con proyecto de nación que produjo la Revolución de 1910 fusilado en una farsa política, o su posición en el 68 o las defensa de los campesinos de Guerrero y Morelos de sus tierras, mujer incómoda al poder cultural o político en las letras y en la acción, ella que siempre dijo lo que le vino en gana, le quitaron en esos casos la libertad de expresión, la persiguieron, la vejaron, como mujer y narradora, la obligaron a su último autoexilio en que jamás dejó de producir textos, notables, para regresar física y sicológicamente muy deteriorada y hasta devastada para morír en 1998.
Pero más allá de sus amores y desamores, de sus polémicas, de sus arrebatos, sus ajustes de cuentas públicas, de sus 14 gatos indispensables, Elena tiene un lugar estelar en las letras iberoamericanas por su, enorme talento literario.
Elena vive después de 100 años y vivirá por siempre en sus libros, cuentos, ensayos, novelas, poesías, dramaturgia, articulista, coreógrafa, guionista, que todo fue y lo hizo de manera notable.
A Elena la envidia y la venganza ruin le negaron el premio nacional de literatura este año de su centenario sí hubiera memoria, debieron otorgárselo post morten reparando la omisión.
Admirarla y querida Elena Garro Navarro: sigue descansando en tu sueño eterno que también lo hiciste nuestro en heredad entrañable…
Termino: recordando unos renglones de Elena escritos en Paris en 1951: “Después cuando ya nadie puede vernos, ni nadie nos recuerde, aún seremos sueño”.