Conoce las miles de piezas cerámicas de Gustavo Pérez

Todas las piezas se han elaborado en los 33 años que lleva viviendo en Zoncuantla

Foto: Ana Martina
17 diciembre 2016
19:20 hrs
Ana Martina Ortiz León

Xalapa, Ver. Rembrandt contempla silencioso las miles de piezas cerámicas que Gustavo Pérez ha elaborado en los 33 años que lleva viviendo y trabajando en Zoncuantla y que ahora son su Autorretrato reflejado en la superficie de la Sala de Exposiciones Temporales del Museo de Antropología de Xalapa.

Tubitos negros con aros blancos son los ribetes del marco de este enorme cuadro en el que rejillas blancas, platos, vasijas, jarrones, ceniceros, placas y toda suerte de figuras caprichosas forman senderos, escenas, calles, edificios y torres de una gran metrópoli.

Pero no, no es una ciudad, según explica el ceramista en su hoja de sala, Autorretrato es una pieza que no existe, es una pieza que –tres semanas antes de la inauguración– tenía un carácter bastante indefinido en su cabeza. Ahora ya montada en la totalidad de la galería principal del MAX muestra la estética de este artista sencillo en su trato y singular en su estilo.

Foto: Ana Martina
Foto: Ana Martina

Es –escribe Gustavo Pérez–: “Una instalación muy grande, una especie de retrospectiva apretadísima, una composición construida a partir de las piezas que, siendo todas únicas, en esta ocasión se vuelven sólo elementos del gran tapiz que concebí en un sueño y que he llamado Autorretrato”.

Porque –asegura– “es una muestra bastante reveladora de lo que soy, de la manera en que mi diálogo con el barro ha evolucionado y cambiado a lo largo de los años, con resultados muy variados”.

El espectador supondría, entonces, que estarían ordenadas cronológicamente; pero no, las piezas están agrupadas por temas; pero no, porque la lógica dictaría que los platos deberían formar una sección, las vasijas otra, los objetos raros una más y así sucesivamente, regla que se cumple en algunas partes del gran cuadro pero en la mayoría se rompe.

Foto: Ana Martina
Foto: Ana Martina

¿Por qué exponer miles de piezas? ¿Cómo lograr que la amplia Sala de Exposiciones Temporales del MAX se vea pequeña? Muy simple, indica nuevamente por escrito el artista:

“En primer lugar porque las tengo. También, porque muchísimas de ellas no han sido nunca expuestas. Y son una realidad de mi trabajo, una muestra de lo que entiendo por creatividad: un proceso interminable en el que las ideas se van desarrollando poco a poco, de una pieza a la siguiente, para ocasionalmente llegar a conseguir algunas buenas. Pero para conseguirlo he necesitado hacerlas todas. Desarrollar a fondo un tema es investigar muy sistemáticamente las diferentes opciones que el propio trabajo va ofreciendo. Pero también, y aunque esto parece contradictorio con la idea de ser consecuente, con la capacidad para en un momento dado abandonar este proceso y brincar a algo nuevo cuando una nueva posibilidad aparece y se impone explorarla”.

Foto: Ana Martina
Foto: Ana Martina

Observándolas desde el pequeño balcón de madera, construido ex profeso para la ocasión, y en cuya pared Rembrandt juzga que ese paisaje de barro, de grecas, de serpentinas, de triángulos negros, de rascacielos, de geometrías diversas, es maravilloso.

Pero no, para Gustavo Pérez, Rembrandt no está ahí para alabar el portento que ha creado, sino –como desde hace 40 años lo ha hecho en el lugar privilegiado que tiene en su taller– fungir como “el crítico perfecto, irónico, sabio, amargo. Y que nunca está satisfecho”.

Pero no, esta vez por más que Rembrandt “como de costumbre va a decirme que no le gusta lo que ve” –piensa Gustavo Pérez– los visitantes de carne y hueso, los ciudadanos de a pie que a diario visitan el MAX, opinan lo contrario porque se toman su tiempo y lanzan miradas de admiración a ese océano de barro, fuego, agua y aire que llevó docenas de viajes de navegación del taller del artista al MAX y casi un mes de armado.