Distribuidor

26 diciembre 2016
9:41 hrs

Por Mario Noriega Villanueva

Si llegaran a atenderse las voces de gente de los distintos sectores de población, principalmente propietarios de vehículos y ciudadanos que tienen que sufrir las dificultades que propicia una obra que se levantó precisamente para evitarlas, tal vez otra cosa esperaría para Poza Rica, que tiene su vialidad a lo mejor más congestionada que antes de que entrara en funcionamiento el puente alto que no es de ninguna manera, un distribuidor vial como se lo quieran meter a la población.

Ni está terminada la obra, ni al menos así lo reiteran las autoridades recibida, aunque se siguen autorizando otras complementarias que “embellecerán” y darán otro aspecto a ese gigante de cemento, aunque la gente piensa que solo sirve para quedar convertido en un gigantesco basurero que al tapar los ductos para el desfogue del agua de lluvia, hace que el agua rebase la banqueta  y entonces caiga hacia la parte baja provocando grandes “regaderazos” para los infortunados transeúntes que en esos momentos transitan por ahí quienes molestos por el inoportuno baño de agua puerca, no tienen más que lanzar sacudidas de árbol genealógico para aquellos que construyeron eso.

Así, queda de manifiesto que el puente alto, resultó contraproducente y que no resolvió absolutamente nada, porque baste ver las salidas, sobre todo, la de frente a la escuela primaria Artículo 123 “María Enriqueta” y no solo en “horas pico” sino en todo momento y que ya ha generado pleitos verbales entre conductores que quieren pasar al mismo tiempo y más de algún accidente automovilístico. Y como no distribuye nada,  a algún “cerebro de camarón”, se le ocurrió hacerle un corte a la parte central del bulevar Jesús González Ortega, para retornar y poder ir del norte hacia el oriente de la ciudad.

Esa obra de genios, está condenada a nunca jamás ser concluida porque resulta que el Pemex que la financió, ya no existe y no tiene ni la menor intención de ayudar a la población, la nueva empresa productiva del estado, que se privatiza constantemente y los que vienen por el petróleo para hacer riqueza particular, no tienen ni la menor intención como para presupuestar algún recurso para obras sociales en beneficio de la población que se afecte con la explotación de los hidrocarburos.

Por eso ha tenido que ser el Ayuntamiento con recursos propios, quien le entre al toro, para intentar apaciguar la inconformidad de los ciudadanos, con esta obra y principalmente contra quienes la diseñaron así como quedó y quienes la autorizaron a precio de oro en un negocio que si se investiga, posiblemente tendrá que procederse contra ellos y sus cómplices.

Por ahora, hay que ver cómo quedarán las obras complementarias y saber finalmente cuál será la función que cumplan y que ojalá signifiquen reales beneficios para la población, para que no se sigan provocando comentarios como los que se escuchan a cada momento entre los automovilistas y la sociedad en general.

 

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