El dinero que Duarte se llevó volando de Veracruz

Existe una red de subcontrataciones del orden de hasta 800 millones que quedaron en las empresas propiedad de Moi Mansur, Alejandro Sánchez y Franky García

Foto: Web.
12 octubre 2016
23:00 hrs
Redacción Noreste

Veracruz.- La corrupción auspiciada por Javier Duarte a costa del dinero de los veracruzanos llegaba a todo tipo de empresas ficticias y reales, y llegaba a todos lugares, hasta los cielos.

Durante años, Javier Duarte, quien hace unas horas decidió pedir licencia de su cargo como gobernador de Veracruz, se encargó de saquear a ojos vistos en complicidad de sus socios y familia, las arcas estatales, con gustos y lujos obscenos y absurdos.

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Hay registro de cuentas de comida de más de 200 mil pesos, compra de vinos ultra premium de varias decenas de miles de pesos y también del arrendamiento masivo de aeronaves, en donde beneficiaba a unos cuantos con ganancias millonarias.

Sus socios Moisés Mansur Cysneiros (el mismo que nombró a Duarte su heredero pese a tener prácticamente la misma edad), así como Franky García y Alejandro Sánchez, son propietarios de SAE, RedWings y JetPro empresas dedicadas a la renta y arrendamiento de aeronaves que se han enriquecido gracias a contratos de adjudicación directa e indefinida para beneficio de Javier Duarte, su familia y sus socios.

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Durante su periodo como gobernador, Javier Duarte usó los servicios de las aeronaves particulares de estas empresas para trasladarse con su familia y socios a un sobrecosto que terminó facturando unos 800 millones de pesos sin contar las contrataciones de empresas como Val Aeroespacial SA, propiedad de Alejandro Sánchez Domínguez que se encargaban del mantenimiento a las aeronaves del estado y que, por supuesto, cobraban a sobreprecio.

La renta de las aeronaves se hizo a empresas de amigos y socios de Duarte, se pagaba el uso y el mantenimiento, todo se facturaba a Gobierno del Estado. Lo curioso del caso es que se cree que el mismo Duarte pudiera ser accionista de alguna de estas empresas lo que indicaría que el dinero que el estado pagaba a éstas hacía que fuera un negocio redondo, ya que el mismo dueño estaría rentándose y pagándose él mismo el uso de las aeronaves.