El grave problema de la seguridad perdida. Parte dos.

15 mayo 2017
10:18 hrs
Jorge Miguel Ramírez Pérez

La inseguridad es una percepción que cuando se posiciona en el entorno de la población es muy difícil erradicarla. Porque cuando ya se manifestó, los daños directos y colaterales ya se produjeron; y la gente cree que es posible revertirla, pero no es así; ya que cuando el esquema es transgredido, significa que la operación criminal penetró en toda la estructura.

Y sucede que se busca recrear una burocracia en aspectos que no son sustantivos para atacar el problema. Uno de esos ejemplos es la creación del sistema de los consejos de seguridad, que pretenden ser colegiados donde paradójicamente nadie se expresa, solamente las cabezas de los tres órdenes de gobierno y donde se ratifican los negocios designados, según sea el caso, de: armamento, vehículos, uniformes y equipos.

Esos órganos burocráticos no son planificadores de las estrategias, tienen algo de brazos operativos, pero inconexos; fundamentalmente son un escenario para discursos políticos del presidente, los gobernadores o los alcaldes, así como para darle un barniz de seudo legalidad a las compras.

Los consejos no sirven sustantivamente para el propósito de la seguridad. Son onerosos y lo que licitan, lo podrían hacer los departamentos de compras y servicios, a la quinta parte del costo administrativo y con los mismos resultados, es decir seleccionando a los mismos proveedores que fueron recomendados, como se estila.

La prueba de que no sirven, es que el hampa de los gobernantes anteriores desviaron el dinero de esos seudo programas y no pasó nada, todo siguió igual de mal y de hecho sigue sin pasar algo determinante, que provenga de esas áreas inútiles.

Y así son los programas de seguridad donde hay muchos empleados de alto rango en cuanto a que cobran altos salarios; pero con nula o muy limitada experiencia en el tema de la seguridad.

La línea es siempre la misma: agarrar dinero o hacerse tontos o tener pavor. Pero no hay avances.

En la gestión de Calderón, uno de los asesores de un secretario de Gobernación, comentó privadamente que éste, no quería ni distribuir a los estados, los bienes incautados, decía: es muy peligroso…

Porque para comenzar, aunque a unos se les resbale el problema, los principales dolores de cabeza del tema de la seguridad, provienen de las grandes escaladas de corrupción o irresponsabilidad, ambas determinaciones radicadas de manera relevante en el gobierno central y su incapacidad de combatirlos. Analicemos las amenazas y su naturaleza:

La principal es la succión de la red de distribución de hidrocarburos en el país. Red que no es estatal o municipal, como las redes de agua potable. En este caso son redes transestatales, es decir federales; que se corresponden a la vigilancia de suministros que implican un tema de seguridad nacional. Son ductos que están bajo el control técnico de Pemex, un control estricto, bajo una ingeniería que mide y calibra presiones; en un esquema de trabajadores sindicalizados y protocolos, muy estudiados y mapeados.

Por otra parte, al ser instalaciones estratégicas de la nación, porque Pemex sigue siendo del estado mexicano, no de un particular o de algún estado o municipio; su estricta vigilancia le corresponde al resorte federal y particularmente al ejército. Si hay fallas desde hace más de veinte o treinta años no es para que Meade salga que les roban más de 20 mil millones; y tanto él como el jefe de la Defensa digan que es omisión de los estados. O ¿que no hay inteligencias ? o lo mejor debieron precisar y decir que se beneficiaban también las bandas encubiertas por los estados y municipios. Pero aunque lo evadan, desde donde se le mire es responsabilidad jurídica y administrativa de Peña. ¿Qué va hacer? Es su problema.

¿Y el país que debe hacer? ¿demandarlo? Ya que dicen los funcionarios al jurar que la “nación me lo demande…”, porque no es un fenómeno de la casualidad, es algo grande, cocinado desde diversas esferas, pero que ha penetrado a los poblados más pequeños, donde pasan los ductos y representan ingresos cuantiosos. Allí son el origen de crímenes, de cientos o miles de los que se disputan este viejo y productivo negocio. Es un problema nacional.

El segundo asunto es también federal y también es de seguridad nacional, se trata de un tema espinoso, desde donde se le vea: una invasión de un híbrido con delincuentes locales, aliados o subordinados de una fuerza irregular armada, que son los pandilleros extranjeros centroamericanos que dominan las rutas migratorias, dicho con claridad son bandas con fuertes componentes extranjeros, que trafican con migrantes sometidos a un tipo de esclavitud, ante la complacencia de las autoridades mexicanas, violando el precepto constitucional que dice que un esclavo al pisar suelo mexicano, es libre.

En este caso es al revés; llegan a México, sujetos libres y tienen que comprar su libertad durante el trayecto. Problema que por cierto es responsabilidad de los inexistentes controles fronterizos. Y si no me equivoco, también toca a las fuerzas armadas “resguardar puertos y fronteras de agresores” con armas reservadas al ejército que entran al país, no solo subrepticiamente, sino como fuerzas expedicionarias, que quebrantan el orden constitucional. Es una embestida externa coaligada con delincuentes locales. Se supone que el ejército debía combatirlos.

También es responsabilidad de Gobernación impedir su internación; y no debían haber permitido que funcionarios de migración, hayan cedido en la realidad 160 kilómetros de soberanía a los centroamericanos ¿cómo se le llama a eso?

Es un problema nacional pero de competencia federal, porque la prueba es que retienen los recursos del Fondo General Participable para esos fines.
El tercer lugar es el que se refiere a los delitos contra la salud que está catalogado como un asunto de seguridad nacional. En ese paquete está el tráfico de armas.

En pocas palabras si de veras quisieran reducir o eliminar el problema, lo primero que deberían hacer es fijar y delimitar responsabilidades en el esquema de seguridad; porque eso de atacar el problema todos, al mismo tiempo y en bola, es como hasta ahora ineficaz, no medible, no evaluable, sin precisión, suponiendo cada quien lo que quiere y perdiendo el valioso tiempo que el hampa no pierde organizando hasta el vandalismo. No es sensato seguir así.

*Esta es opinión personal del columnista