El hombre que gobernaba frente al espejo

8 enero 2017 || 11:18 || Columna
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Por Javier Roldán Dávila

La oratoria era tan consistente como una imagen, las ideas como el eco de los aplausos

El salón presidencial estaba forrado de espejos, era un capricho infantil, alimentado por sus visitas al parque de diversiones, que los arquitectos del reino debieron cumplir.

Sentados en puntos estratégicos, los cortesanos miembros del gabinete se cuidaban de guardar sus celulares, el recinto era un espacio ideal para el panóptico del Big Brother.

Música marcial (a ritmo de mariachi) servía como preámbulo al discurso del mandatario, alimentaba el espíritu de aquellos guerreros que pretendían Mover el reino hacia el progreso, con base en la teoría de la generación espontánea.

El tololoche calló, la catilinaria iba a iniciar, la estética costumbrista estaba a punto.

Conciudadanos: quiero refrendar mi compromiso con todos ustedes, en el sentido de promover acciones de gobierno para lograr la prosperidad, ya sé que las medidas son dolorosas, pero las asumo porque los amo, algún día, aún desde la tumba, lo entenderán.

Me queda claro su enojo, no hay problema, ya sé que por la falta de proteínas no les ‘fosforean las meninges’ y de plano, no les da para entender lo triste que nos ponemos los estadistas por su incomprensión, pero en mi casita blanca, saldré adelante de la aflicción.

Seré concreto, porque tengo que continuar Moviendo el pandero. Buena parte de lo que ocurre es por su incompetencia de no leer, al menos tres libro, no conocen la historia.

¿Acaso no saben que vivir fuera del presupuesto es vivir en el error y en el horror?

¿Nunca les hablaron de la ‘Ley de Herodes’?, carajo, que falta de incultura ¡ya hasta hay película!

De plano compatriotas, no entienden que no entienden, deseo que para este 2017 la reforma educativa de ‘Yeyo’ Montessori los ayude a captar de qué lado ‘masca la iguana’.

Por último, les repetiré la sabia máxima que explica todo: “chinga al de adelante que de atrás vienen chingando”. He dicho.