El rey Salomón

25 diciembre 2016
18:58 hrs

Diálogos con “El Negro” Cruz*        

Que como yo te he jurado por Jehová Dios de Israel, diciendo: Tu hijo Salomón reinará después de mí, y él se sentará en mi trono en lugar mío; que así lo haré hoy. Reyes 1:30

El rey Salomón es uno de los personajes más reconocidos de los que habla la Biblia, quizá su sapiencia tenga mucho que ver en esto, porque bien lo retrata la sabiduría popular: “para sabios Salomón.”

Incluso así lo reafirma 2 Crónicas 1: 10 en la petición que Salomón le hace a Jehová:

“Dame ahora sabiduría y ciencia, para presentarme delante de este pueblo; porque ¿quién podrá gobernar a este tu pueblo tan grande?”

En fin, hay muchos aspectos a destacar en el autor de los Libro de Eclesiastés, el Libro de los Proverbios y el Cantar de los Cantares, pero para el caso que hoy queremos rescatar, nos referiremos a la forma en que Salomón llegó a ocupar el trono de quien fuera su padre, el Rey David. Veamos.

Un fenómeno recurrente en la política mexicana, surgido en mi partido el Revolucionario Institucional, es lo que conocemos como la “cargada”, en cuanto se presupone que fulana o mengano, serán candidatos a una alcaldía, diputación, senaduría y ni se diga a la presidencia de la República, todo mundo se deja ir en pos de la o el elegido…la “bufalada” también le llaman.

Sin embargo, si las señales cambian, la “cargada” se corrige y reorientan el tropel hacia el nuevo objetivo: los casos Moya Palencia-López Portillo, García Ramírez-Salinas de Gortari y Camacho-Colosio, son un claro ejemplo de esta recomposición de la que hablamos.

Pues bien, como ya he dicho en otras ocasiones, no hay tema que escape al discernimiento de las Sagradas Escrituras y las pasiones políticas no son la excepción.

En efecto, la unción del rey Salomón no estuvo exenta de dificultades y la mayor de ellas es que uno de sus hermanos, Adonías, intentó aprovecharse del retraimiento de David, que ya acusaba los estragos de la edad, para autoproclamarse su sucesor.

Así las cosas, el pretendido usurpador mató bueyes, animales gordos y muchas ovejas, de las cuales convidó a los capitanes del ejército, a sacerdotes, a sus otros hermanos y a todos los varones de Judá, cuidándose de no invitar a Salomón y al profeta Natán que, entre otros, eran definidos como los “grandes” del rey David, lo que hoy llamaríamos, el primer círculo.

En este contexto, Natán aconsejó a Betsabé, madre de Salomón, para que informara al rey en su lecho y reclamara lo ofrecido por él, así lo narra 1 Reyes 1:13: “Ve y entra al rey David, y dile: Rey señor mío, ¿no juraste a tu sierva, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono? ¿Por qué, pues, reina Adonías?”

Siendo enterado David, decidió poner alto a la conspiración, además de cumplir el juramento hecho en el nombre de Jehová, como lo describe el epígrafe de esta colaboración.

Las cosas volvieron al cauce normal y siguiendo las instrucciones del anciano rey, el sacerdote Sadoc y el profeta Natán ungieron al que sería rey de Israel y Judá.

El corolario de lo que señalamos en torno a la “cargada” lo da 1 Reyes 1:49: “Ellos entonces se estremecieron, y se levantaron todos los convidados que estaban con Adonías, y se fue cada uno por su camino”.

Lo dicho, nada escapa al discernimiento de la Biblia.