Emergencia financiera en Veracruz

12 diciembre 2016
20:47 hrs

La insoslayable brevedad

Javier Roldán Dávila

¿Servirá de algo que llamemos al 911?

En el marco de la celebración Guadalupana, el gobernador Yunes Linares nos sorrajó a los habitantes de la entidad lo que ya sabíamos desde hace tiempo: las finanzas estatales fueron saqueadas y por lo tanto no hay dinero para bendita la cosa.

A la par que notificaba de la endeble situación, el mandatario anunció una serie de medidas para mitigar la crisis: reestructuración y más contratación de deuda pública, recorte del gasto corriente, plan de austeridad y todas las medidas amargas para estos casos cotidianos, la excepción es que haya bonanza.

El tema es que, como es usual, el mayor costo del reajuste recae en los que menos tienen, que acá, son varios millones. No suponemos que los ricos de abolengo y los saqueadores pasen penurias en estas fiestas decembrinas.

Por lo pronto, se confirma lo que todos temíamos: sigue la terrible sequía económica, no hay para cuando salir del hoyo.

Por lo que se entiende de bote pronto, la Federación se ‘abrió’ ante las dificultades veracruzanas en dos sentidos, en principio no paró el latrocinio y en segundo término, se declara incompetente para apoyar, más allá de los discursos, al estado.

El horno no está para bollos, el descontento generalizado no disminuye, se hizo una suerte de tregua, pero las protestas cobrarán auge de nueva cuenta.

Como nunca, deseamos que el presidente Peña y sus asesores no se equivoquen en el cálculo político, las consecuencias de que siga el mal manejo de la tragedia pueden ser terribles.

¡Amarren a los demonios!