Es sólo cuestión de tiempo

8 septiembre 2016
12:56 hrs

Por Gerardo Kanagusico

El antiguo Distrito Federal fue la primera ciudad en América Latina en legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo (2009). Desde entonces, la hoy CDMX, se ha caracterizado hacer grandes esfuerzos por ser una metrópoli incluyente, progresiva y ejemplar. Durante años anteriores, se han impulsado políticas de un gobierno de “izquierda” enfocado en atraer la aceptación de las minorías de la ciudad.

El presidente Enrique Peña Nieto, en el mes de mayo, con motivo del Día Internacional de la Lucha contra la Homofobia, mandó al Congreso de la Unión una propuesta de reforma al artículo cuarto constitucional y una iniciativa de modificaciones al Código Civil Federal para asegurar el matrimonio igualitario en todo el país. Sin lugar a dudas sería un gran avance en pro de las minorías en un contexto nacional en el que los Derechos Humanos son sistemáticamente violados. Cabe aclarar que no es un hecho aislado y, mucho menos, una propuesta exclusiva del Presidente. En los últimos años, a lo largo del país, diferentes estados (11) han legalizado (sin necesidad de amparo) el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Desde entonces, hay un debate público importante a favor o en contra de dicha propuesta. Cosa indispensable hoy en día para la democracia. No obstante, el discurso de grupos de la sociedad civil en contra de la propuesta del Presidente es rotundamente la negación hacia los matrimonios entre personas del mismo sexo. Lo anterior fundamentando en que la “familia natural” (mamá, papá e hijos) y, por ende, el matrimonio son la base de la sociedad en el siglo XXI. Hicieron un llamado a defender la familia mediante marchas que se realizarán el próximo sábado 10 de septiembre en diferentes ciudades de la República y el 24 de septiembre una marcha nacional en la CDMX. Asimismo, la Iglesia también ha hecho saber a sus feligreses que ser homosexual es una “desviación que necesita que se le ayude a corregir”. Sin embargo, la Iglesia y el Frente Nacional por la Familia (es quien convoca a las marchas) sólo se han dedicado a “difamar” y atacara la comunidad LGBTTTI y de cierta medida a aquellas familias que no son “naturales”.

No aportan nada concreto, se niegan aceptar que la sociedad, el mundo y México han cambiado. Y eso se ve reflejado en sus expresiones ante los medios como: “la iniciativa de matrimonio igualitario busca despoblar el país”. Sería interesante escuchar propuestas como posibles soluciones al problema, así como, las expresadas por el Rector de la Universidad Iberoamericana y el Obispo de Vera de Saltillo, Coahuila, donde llama al diálogo entre las partes.

Hay que mirar lo que pasó en Italia. El gobierno italiano, encabezado por Matteo Renzi, comprendió que para garantizar el derecho fue necesario el diálogo entre las diferentes fuerzas políticas del país para aprobar la iniciativa de ley que permita a las personas del mismo sexo estar unidas por la ley. De llamar “matrimonio” se cambió a “unión civil”, de tal manera, el concepto de matrimonio no fue “distorsionado” y nadie se sintiera ofendido. Es importante recalcar que Italia era el último país de Europa Occidental en no tener una ley que defienda el derecho de éstas minorías. La coyuntura en la que estaba inmerso el gobierno italiano no fue impedimento para llegar a un acuerdo, es decir, la presión del Estado Vaticano, sus feligreses y partidos políticos. Incluso el papa Francisco, perteneciente a la compañía de Jesús, declaró, “quién soy yo para juzgar a las personas y los católicos del mundo deben ser menos excluyentes y más humildes”.

Aunque en el contexto mexicano, en la últimas semanas, el Coordinador de la Fracción parlamentaria del PRI en el Senado, Emilio Gamboa, dio señales de un posible retracto por parte del gobierno federal por impulsar la reformar e iniciativa al mencionar que puede que no sea prioritario para la nación. Podrán dejarlo para futuras legislaciones, a lo mejor no quieren pagar el costo político. Y no regresar a esa enemistad del Estado y la Iglesia del siglo pasado en el país. Se sabe que al gobierno federal su fuerte no es la diplomacia.

Entonces, el concepto de tolerancia lo tendrán que aprender y practicarlo aquellos que no acepten los derechos de las minorías. Porque no es lo mismo aceptar: Acción y efecto de aprobación; y tolerar, permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente, es decir, respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes a contrarias a las propias (RAE).

Es sólo cuestión de tiempo. Son derechos, no privilegios.