Estudiantes a la calle

9 enero 2017 || 11:30 ||
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Por Ángel Álvaro Peña

Ante la carencia de representación de los mexicanos en sus legisladores, los estudiantes tomaron de manera natural la estafeta para alzar la voz contra una medida con la que ningún mexicano está de acuerdo.

Este domingo estudiantes de universidades públicas, retomando su rol histórico, hicieron sentir al pueblo de México su solidaridad en la plaza principal del país al rechazar de manera contundente y pacífica el incremento de 20 por ciento a las gasolinas.

Mientras el discurso oficial corre paralelamente en un camino de absurdos y errores, las críticas colocan a la medida como una agresión a la población.

Así, el llamado gasolinazo se convierte en uno de los mayores problemas sociales de la actual administración, y con los estudiantes retomando la vanguardia de la inconformidad social, las calles pueden llenarse de inconformes como sucedió en 1968, en 1971 y en otros años en los que estudiantes, maestros y gremios afines toman las calles para dar a conocer una realidad que muchas veces algunos medios no registran.

Mientras las redes sociales convocan a diferentes tipos de protestas, los estudiantes saben que las calles son el mejor medio para convertirse de nuevo en la caja de resonancia de una realidad que suele no contar con la suficiente contundencia como para transformar las decisiones de un gobierno insensible a las necesidades e inquietudes de una población que ha dejado de sentirse representada por sus líderes, diputados, constitucionalistas, asambleístas, senadores, gobernadores, presidentes municipales.

Personajes que representan un castigo a la población y no son lo que deberían ser: un puente entre la gente del pueblo y la toma de decisiones.

Ahora se explican las razones del incremento al precio de la gasolina como si se tratara de verdades absolutas, como si no hubiera alternativas que pudieran sortear de manera inteligente una medida que se adopta afectando a la gran mayoría de los mexicanos.

Los estudiantes al tomar el papel de representantes de la sociedad mexicana toman la vanguardia de la protesta, su experiencia en las movilizaciones, su preparación y su categoría de honestidad los convierten en el centro de las noticias para los medios nacionales e internacionales.

Una de las consignas de los estudiantes en el zócalo sitúa su reclamo en el precio del combustible en las gasolinerías de Pemex, en Houston, Texas, donde el galón de gasolina se vende en 1 dólar con 99 centavos, casi 50 centavos más barata que en el resto de la ciudad. Las estaciones de Pemex están localizadas al sur de la ciudad, cerca del puerto, haciendo sus precios, más bajos.

A los mexicanos que viven en esa ciudad y que van a llenar los tanques de sus autos, les indigna que la gasolina mexicana que se vende en Estados Unidos sea más barata que en México.

Según la compañía Pemex Procurement International Incorporated, administradora de las gasolineras de Pemex en Houston, se planea abrir cinco estaciones más.

Los movimientos juveniles y sobre todo, estudiantiles, han sido calificados de manipulados; sin embargo, esta característica nunca ha podido comprobarse a través de la historia desde mucho antes de 1968, cuando decían que detrás de un movimiento meramente estudiantil estaba la mano de la Unión Soviética y de guerrillas que querían desestabilizar al país.

Ahora los jóvenes saben de las infiltraciones de los enemigos, disfrazados de radicales; conocen las leyes y las hacen valer, adoptan posturas que no quebrantan ninguna normatividad, saben rechazar a los radicales que quieren desvirtuar su movimiento. En fin, los estudiantes son en América Latina, una manera de cambiar la historia sin violencia.

En el octavo día de protestas contra el aumento al precio de las gasolinas, en diversas localidades del país se realizaron manifestaciones, bloqueos a gasolinerías, toma de casetas y marchas, entre ellas la Ciudad de México, Acapulco, Chilpancingo y Cuernavaca.

En las ciudades guerrerenses, se registraron bloqueos en gasolinerías mientras que militantes del PRD, Movimiento Ciudadano y del PT salieron a las calles a protestar.

En la ciudad de México el zócalo estuvo ocupado desde temprano por una numerosa asociación de motociclistas que protestaban por la misma razón. Luego llegaron taxistas, camioneros y después de mediodía los estudiantes cuyas pancartas definían su postura contra una medida que consideran injusta y condenando, al mismo tiempo, cualquier tipo de acción violenta, que suele adjudicarse a los manifestantes en las calles.

La protesta de los estudiantes convierte una medida de gobierno en una causa social. Esta transformación de significados convoca al despertar de una sociedad que ha mostrado su rechazo a una decisión que conmocionó al país entero. Más aun cuando se afirma, desde el poder, que el alza nada tiene que ver con la reforma energética, cuando cualquier gobierno que se digne de serlo tiene a sus expertos que pueden hacer pronósticos no por un año ni por dos sino por 30 o 40 años.

En materia de economía política no hay sorpresas. No puede haberlas luego de una especialización de los mercados, de la asesoría de los bancos internacionales, de los foros mundiales, de las organizaciones de países productores de energéticos, de la presencia de organismos internacionales que avisan sobre los riesgos de cualquier decisión.

Así, en este momento la contradicción de que con la reforma energética bajarían los precios se vuelve un polvorín social porque lejos de reducirse el precio al público del combustible aumentó un porcentaje que es desproporcionado.

Esta contradicción injustificada e inexplicable es la causa de un estudiantado que deja atrás a los representantes políticos y legales y retoma una bandera con la cual comulga la gran mayoría de los mexicanos.

El poder ha dejado de convencer y sus decisiones afectan gravemente la economía de los mexicanos cuyos salarios aumentan al año dos o tres por ciento, lo que hace inalcanzable el alza de la gasolina de un 20 por ciento, más los porcentajes que podrían incrementarse en los próximos meses.

La fragilidad de la clase política en México permite que haya vacíos de poder que después no podrá recuperar y que no serán precisamente los estudiantes quienes llenen esos huecos sino fuerzas extrañas e intereses ajenos a las que se le abren las puertas con estos golpes a una sociedad que ha dejado de ser débil.

El gasolinazo se convierte en una herramienta política, social, cultural, económica. No es sólo una decisión administrativa sino una provocación para algunos y una agresión para otros muchos. Un gobierno democrático debe entender que cambiar de opinión no es signo de debilidad sino de sensibilidad política… Esta columna se publica los lunes, miércoles y viernes.

 

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