LA TOMA DE PALACIO

31 octubre 2016 || 11:38 || Columna
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Por Gilberto Haaz Diez

 

+Obituario: Hace unos días, dolorosamente falleció Humberto Alonso Robles (16 años), hijo de un distinguido panista veracruzano, Humberto Alonso Morelli. En Canadá, en un accidente donde el joven fue atropellado. La noticia nos impactó a todos los que somos padres. Cuando muere un hijo, muere todo lo de uno, ya nada vuelve a ser igual. Carlos Fuentes lo describió: “Qué injusta, qué maldita, qué cabrona la muerte que no nos mata a nosotros sino a los que amamos”. Que descanse en paz. Y un abrazo solidario a toda su familia.

 

Para contar una historia, pido licencia, señores. Esta parecería llamarse ‘La Casa Tomada’, como aquel cuento de Julio Cortázar. Perredistas y panistas llegaron a Palacio de Xalapa, como cuando Villa y Zapata entraron a la capital y fueron a un Sanborn’s, el de los azulejos de la calle Madero y 5 de Mayo, que no eran aún de Slim, tomaron café y huevos al gusto y conchas de pan. Se ignora si se pagó la cuenta, aunque se cree que no, no llevaban tesorero y la leva apenas les alcanzaba para darle de comer a tanto sombrerudo y con huaraches y calzones de manta. Veracruz vive momentos vergonzosos. Desde hace meses, cuando un panista-expriísta ganó y con el apoyo de los votantes se alzó con la elección, que derrumbaba al PRI de casi nueve mil años de gobierno. Los mariachis callaron y todo se derrumbó dentro de mí, como dice Emanuel. Primero llegaron los perredistas, que a veces se sienten villistas, entraron como cuando Pancho Villa tomó Torreón, con todo y el Siete Leguas, el caballo que Villa más estimaba. Iba a lo que le decía su corazón y su corazón le decía que entraba porque entraba. Perredistas y panistas tomaron Palacio, mientras el interino Flavino y el Fisculín tomaban vuelo privado rumbo a Morelia, según la periodista  Claudia Guerrero. Los perredistas, como a las seis de la tarde, cuando silbó la locomotora, llegaron a Palacio y pusieron en una esquinita al secretario de Finanzas, las fotos revelan que lo tenían como a un niño castigado en la escuelita, esos tiempos pasados cuando los maestros sacaban el cuero y amenazaban con darnos dos cuerazos, o unas nalgadas o un coscorrón. Así se veía este pobre hombre. Un amigo que le conoce me comentó a qué carajos había ido de secretario, no tenía necesidad, aseguró. Lo ignoro, respondí, no lo conozco. Primero parecían la Brigada Bracamontes de Villa. Llegaron, lo asustaron y ahí se quedaron. Más tarde llegaron los Kennedy de Boca de Rio, los dos Yunes: Chikinando, el Senador, aquel al que agraviaron cuando la elección y las huestes de Bermúdez (¿de pelada?) lo retuvieron aún con su fuero. Llegó acompañado del otro, su carnal, el que dicen es más canijo y de mejor humor, Miguel Angel, Chikiyunes, alcalde de Boca del Río, a solidarizarse porque Finanzas les debe dinero a los ayuntamientos todos y el secretario Antonio Gómez Pelegrín salió y les dijo que no había cash, que, como a Zedillo, hace rato se quedaron sin lana, vacías las arcas, si se podía el lunes, porque según él les llegan 5 mil millones de pesos, y les pagaría en abonos chiquitos, como los de Elektra.  Hicieron una toma como la de Zacatecas y al otro día, o sea ayer, el gobernador electo Miguel Angel Yunes Linares subió a su Facebook una foto donde una veintena de ellos echados al suelo, con zarapes para el frio y sonrisas de qué me pagas porque me pagas, teniendo una cama de piedra, como cantaba Cuco Sánchez, y de piedra la cabecera, porque era el muro, montan guardia hasta que aparezca Flavi y saque la lana, quieren cash, cheques no, esos rebotan. O ya que se vayan y formen un gobierno interino de Coalición, como quiere Beltrones, y de a deveras, no que los nuevos tomaron la protesta y se fueron, como la pelota que sale del campo de béisbol cuando la Cabra maldita hace que los Cachorros de Chicago pierdan de nuevo. Y uno entristezca. El Palacio está clausurado, reza una manta perredista. ¿Y los priístas? ¿A ellos no les deben? Debían asomarse lunes, no sea que llegue el cash y el dinero no es la vida, es tan solo vanidad, o como decía Fernando Savater: “Mi sueño es el de Picasso; tener mucho dinero para vivir tranquilo como los pobres”. Órale, no se queden afuera.  Quizá los acompañe el otro Yunes, Pepe, o el mismo Hector, tan crítico a ese gobierno. Tomen la mugre autopista de Capufe y lleguen, va a haber hasta aguinaldos, creo. Para las casetas pongan de su lana, porque las arcas municipales están vacías. Ultima Hora. El domingo, al cierre de esta columna, a Flavino y Pelegrín se les vio en Veracruz, enguayaberados los dos, según un informador que no es de la CIA.

DE KAMALUCAS

En días pasados, presumiendo saber de béisbol, lo que sé muy poco o casi nada, de la gran carpa donde ahora batallan por el cetro Chicago y Cleveland, expuse que el Mago Septién, había soltado aquello de ‘esto no se acaba hasta que se acaba’. Mentí. No solo fue un gazapo, fue una tontería mía. Kamalucas (Juan Antonio Estrada), filósofo de mi pueblo, decimero y gente conocedora de este deporte, mandó a decir por interpósita persona, que no fue él, que había sido el autor el gran Yogi Berra, hijo de inmigrantes italianos, una leyenda en el béisbol, jugador y entrenador de los Yankees de Nueva York, cuando eran los Mulos de Manhattan. El más valioso en tres ocasiones y ganador de 13 anillos de la Serie Mundial como jugador y entrenador, entre 1946 y 1963. Está en el Salón de la Fama al lado del gran Babe Ruth, por eso, cuando se va a Nueva York y juegan estos discípulos de aquellas leyendas, hay que ir y santiguarse y persignarse al Yankee Stadium, como se ve al Vaticano desde la Vía della Conciliazione, donde el Papa ora y reza por el mundo y la paz. Berra se convirtió en uno de los iconos más queridos del deporte en Estados Unidos gracias a sus expresiones, frases que se hicieron populares por su contenido sencillo y perspicaz. Sus palabras tuvieron tanto alcance que dieron vida a un libro en el que quedaron recopilados sus ‘yoguismos’, uno de los cuales sirvió de título para la publicación: “No he dicho todo lo que dije”. O como diría el mamila López Dóriga: “Si me dicen no vengo”, ay sí tú. Yogi legó otra frase: “Si no sabes adónde vas, es posible que llegues a cualquier lugar”. Corregido, gran Kamalucas.

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