Lamento borincano veracruzano  

25 septiembre 2016 || 19:09 ||
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Por Jesús J. Castañeda Nevárez.- jjcastaneda55@gmail.com

No sólo lo dicen los medios de comunicación, no sólo son rumores en los sitios públicos; es un verdadero clamor de todo un pueblo que tiene hambre y sed de justicia; una sociedad que ha perdido el principal patrimonio de los veracruzanos: su alegría; porque antes perdió la paz, la tranquilidad, el gusto por la vida, la música, el baile y muchas cosas más, agraviadas por un clima de inseguridad que recorre todos los rincones de nuestra patria chica a la que también se suma la peor crisis económica que se haya vivido jamás.

Las familias pobres se han ido multiplicando; el desempleo galopante ha ido devorando personas que son cabezas de familia y representan el sustento diario de muchos niños y jóvenes. Las empresas van cerrando sus puertas por el desplome de sus ventas por la falta de liquidez que hace imposible el sostenimiento de miles de emprendimientos.

Nuestro campo veracruzano se ha ido secando a pesar de la lluvia y las pobres cosechas se reducen al autoconsumo por la pérdida de los mercados o por la voraz intermediación de coyotes que lucran con la necesidad. Ya no es rentable la ganadería porque la delincuencia literalmente se está comiendo las reses con total impunidad.

Se hace urgente el “hacer algo” que devuelva la esperanza del pueblo; algo que permita asegurar el alimento a las familias, por hablar de lo básico, cuando la gran aspiración es el volver a vivir en la paz del no tan viejo Veracruz de hace menos de dos décadas.

“Sale loco de contento con su cargamento para la ciudad, ay, para la ciudad; 
lleva en su pensamiento todo un mundo lleno de felicidad, ay, de felicidad;
piensa remediar la situación del hogar que es toda su ilusión. 

Y alegre el jibarito va pensando así, diciendo así, cantando así por el camino, 
si yo vendo la carga mi Dios querido, un traje a mi viejita voy a comprar”. 

Cómo quisiéramos encontrar la fórmula para regresar el tiempo lo suficiente como para cambiar las decisiones que nos fueron empujando hacia el despeñadero que hoy vivimos; pero eso no es posible.

Retumban en la memoria los errores del pasado por la ingenua creencia en las promesas de una clase política extraviada; porque pensamos que quien nace en pañales de seda no estaría tentado a quitar al pueblo su dinero para hacerse más rico; o creer que quien se quita los zapatos para pisar el lodo, lo hace por un interés genuino, como una acción por conocer la necesidad de la gente y canalizar recursos económicos en rescate de los más desprotegidos. Pero eso no fue así.

“Pasa la mañana entera sin que nadie quiera su carga comprar, ay, su carga comprar.
Todo, todo está desierto, y el pueblo está lleno de necesidad, ay, de necesidad.

Las lágrimas de desesperanza de miles de veracruzanos se están transformando en coraje y frustración al ver a muchos que deantes eran pobres y hoy viven en la exageración de la opulencia, como una descarada ofensa a la necesidad del pueblo. Mocosos que arribaron al poder sin ningún mérito y arrasaron con todo lo que tuvieron enfrente; y algunos no tan jóvenes con hambre de poder que también se sirvieron con la cuchara grande hasta acumular tanto dinero como para tener hoy mansiones, ranchos, autos, helicópteros, aviones, etc., además de una notoria y escandalosa vida de excesos, mientras tanto el pueblo llora y pasa hambre hundido en la miseria.

“Y triste el jibarito va pensando así, diciendo así, llorando así por el camino;
que será de Borinquen mi Dios querido, que será de mis hijos y de mi hogar”. 

Y para colmo de males, los ahora multi millonarios, se atienen a la breve memoria de la desnutrición que es borrada por una miserable despensa, que los puede volver a encumbrar en el poder en el próximo proceso electoral, para seguirnos robando.

El hilo ya está muy delgado y no tardará en reventar porque el tejido social está detenido por una línea que puede ser fácilmente rebasada por un pueblo con hambre, con necesidades, con carencias por la falta de un empleo, producto de los errores de quienes nos condenaron a una deuda hoy impagable y que estaremos abonando por los próximos 40 años.

Si no llega la justicia por la ruta natural, llegará de todos modos. Y si el cinismo se nos presenta en traje de campaña electoral, no deberán pasar si es que tenemos dignidad. Ese es mi pienso.