Las dos caras del poder

10 febrero 2017
12:00 hrs
Miguel Ángel Cristiani Gonzalez

Antes de que los distintos partidos políticos den a conocer los nombres de sus candidatos a las 212 presidencias municipales en el estado de Veracruz, resulta conveniente hacer un comentario respecto a la metamorfosis camaleónica –se cambian de color de acuerdo a sus intereses particulares- de que son objeto quienes primero andan mendingando el llamado voto popular y luego cuando llegan al pinche poder se transforman en otros totalmente distintos.

Como si se tratara de una misma moneda, pero con dos caras desiguales.

Unos y unas –por aquello de la equidad de género- son los que se presentan en las colonias populares, hasta la puerta de los hogares de los votantes, con sus mejores caras, sonrientes, afables, amigables y hasta apapachadores, de abrazo y beso.

Entonces, juran que lo único que quieren es lograr “El cambio” que están dispuestos a sacrificar su descanso familiar y dar su mayor esfuerzo para cambiar todo lo que haya que cambiar.

No hay problema alguno –por más difícil que parezca- al que no le tengan una solución, aunque en la mayoría de las ocasiones, no explican cómo lo van a resolver.

Pero resulta que una vez que se sientan en el diabólico sillón del “pinche poder” como lo calificaría el ex gobernador Fidel Herrera Beltrán, se transforman y sufren una mutación de 360 grados.

Para empezar ya no vuelven a pararse por esas colonias populares por donde antes fueron prometiendo –casi casi como si tuvieran la famosa barita mágica- que tenían la solución para todos los problemas.

Cuando les son planteados los mismos problemas de desempleo, violencia, inseguridad, educación, salud que agobian a los ciudadanos, acaban por confesar: que no tienen la barita mágica, que se necesita para atenderlos.

Así por ejemplo, en un pasado muy reciente, cuando le plantearon al entonces candidato el problema de la inseguridad que se vive en la mayoría de los municipios, de manera categórica –cual debe de ser- anunció que ya había mandado a traer e un equipo de agentes policiacos israelitas que se habrían de encargar de enfrentar a todos los delincuentes.

Es más, anunció que se habrían de utilizar los famosos drones, para vigilar desde el aire a la ciudadanía.

Pero eso fue en la campaña electoral, ahora, ya en el poder, cuando se le cuestionó el hecho de que han aumentado los robos a bancos y empresas, simplemente respondió que la seguridad de sus negocios es responsabilidad de ellos y que tienen que ver cómo le hacen.

De acuerdo con ese razonamiento, al rato todos los ciudadanos, vamos a tener que contratar un servicio de vigilancia, para que nos protejan, porque el cuidado de nosotros y nuestras familias, es nuestra responsabilidad.

Y entonces, el estado, no se supone que es su responsabilidad el dar vigilancia y seguridad a todos los ciudadanos.

Entonces para qué sirven los miles de millones de pesos, que se supone se invierten cada año en equipos de patrullas armas y demás chuchulucos para los cuerpos policiacos.

Como el estado es incapaz o no puede brindar la seguridad a la ciudadanía, entonces van a repartir esos miles de millones de pesos del presupuesto entre la población, para que cada quien se arme y asegure como pueda.

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*Esta es opinión personal del columnista