Leyenda urbana y periodismo en Veracruz

9 febrero 2017
21:18 hrs
Javier Roldán Dávila

Sin tapujos, el sicoanalista soltó ¿considera que su mitomanía está asociada a la falta de dinero?

El amarillismo es un estilo periodístico grandilocuente que existe desde tiempos inmemoriales (el término proviene de finales del siglo XIX), la intención es ‘vender’ la noticia con narraciones exageradas, aunque no se tenga evidencia de lo que se dice.

A partir de la era de las redes sociales, las buenas conciencias del periodismo culpan a los usuarios de inventar información, sin embargo, esos feroces críticos academicistas suelen ser afectos a buscar generar percepción ‘a modo’.

Muchos de los que se definen como ‘profesionales de la comunicación’, caen en lo que se define como la posverdad, que a decir de Wikipedia.org “es un neologismo3 que describe la situación en la cual, a la hora de crear y modelar opinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales”.

En este contexto, desde que inició el proceso electoral del año pasado, se han generado una serie de reportes en los medios, que como dijera el clásico: nos quedamos patidifusos.

Así las cosas, cuando todo inició se afirmó (en todos los casos con información de ‘fuentes confiables’ de la Ciudad de México, para que ‘amarre’), que no habría alianza PAN-PRD y hubo. Luego se aseguró que Miguel Ángel Yunes Linares no sería el candidato y fue.

Con encuestas ‘súper certeras’ se gritó a los cuatro vientos que Yunes Linares no ganaría y ganó. Ya como gobernador electo se aseveró que el TEPJF echaría abajo la elección y no fue así. Cuando ya estaba validada la elección se filtró que la PGR emitiría orden de aprensión contra MiYuLi y que no llegaría, ¿qué pasó?, ¡tómala!…rindió protesta.

De diciembre pasado a la fecha, se dice que los presuntos responsables de la quiebra de Veracruz ya le dieron alrededor de 6,500 mdp al gobernador y que no los reportó, que le ofrecen videos ‘comprometedores’ de altos funcionarios (suponemos que alguno que otro vestido de ‘china poblana’ ligando en un antro de moda) y cualquier cantidad de truculencias, eso sí, todas respaldadas por ser periodismo de investigación cuasi científico.

Pero las culpables de todo son las redes sociales, faltaba más

*Esta es opinión personal del columnista