Llamado a Peña, al que es Presidente.

5 septiembre 2016 || 17:21 || Por: Jorge Miguel Ramírez Pérez
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Las pasiones desordenadas no son amigas del gobierno, los odios obnubilan la visión de los gobernantes y el miedo es propagador de decisiones frágilmente  calculadas.

Quienes aconsejan al todavía gobernador de Veracruz Javier Duarte, lo hacen con toda la intención malsana de acumularle errores graves, que tienen consecuencias para él y para los que le rodean y apoyan. Ese es el caso de su amigo Enrique Peña Nieto, que se ve degradado por la inacción con Duarte.

Porque no se puede poner en riesgo lo más por lo menos. Esa es la premisa básica de la participación gubernamental. El politólogo David Easton, definía a la política con claridad, cuando afirmaba que ésta era, la asignación prioritaria de valores.

Eso es la política, una asignación de la moral pública en última instancia, no es algo frívolo. Es una lucha que busca el establecimiento de axiologías, valores, que se consideran de más a menos importantes y unos hasta vitales para la conducción de los objetivos de la sociedad.

Y uno de esos valores superiores es el bien común, que pondera el interés general sobre el particular, sin desdeñar la acción y el derecho individual, que colectivamente se convierte en bien social.

Por eso llevar al barranco a todo un estado, porque los resultados electorales fueron adversos, es una pinza que aprieta al mismo que quiere utilizarla ilegítimamente. Abre a las mentes ciudadanas un solo razonamiento: señalar que los del gobierno saliente saben de sus corrupciones, mejor que nadie y temen que algo muy grave se descubra y hacen todo lo que está al alcance por evitar que la historia, prosiga su inexorable camino.

Algo que muchos han intentado a lo largo del tiempo y casi todos, por no decir que todos, han terminado pagando un alto precio, por baratijas, propiedades malditas y cuentas confiscadas, que no compensan los sabores salobres de la repulsa pública.

Es más, también las amistades y las lealtades sufren las inconsecuencias; las primeras se queman en la pira del desprecio colectivo, que hace cómplices a los muy amigos,  aún en el entendido, que no se puede ser más amigo de una persona, por encima de los valores profesados y aceptados como propios.

A un amigo no se le traiciona, porque el amigo es respetuoso de los límites de la amistad, que jamás pueden ser equiparados a la connivencia o a la abyección, esa no es amistad, es otra cosa.

Por eso la política, procelosa,  es inclemente con los que valoran de modo superior a la complicidad, porque es un lazo en apariencia fuerte, pero próximo al deterioro que causa la podredumbre.

Los cómplices acaban mal, los testaferros creen que sus servicios nunca son debidamente aquilatados y los que les otorgan la confianza los desprecian, como inferiores que no están al tanto de sus integridades y derechos.

La conducta que siguen los burócratas veracruzanos no es sana y requiere de un golpe de timón, para que reaccionen; porque se solazan en dañar por consigna aún más  a Veracruz y urge directamente del apoyo en seguridad y en finanzas.

Por eso el llamado de hoy del gobernador electo, Miguel Ángel Yunes, para que el gobierno federal ponga un hasta aquí, a la anarquía planificada y a la prepotencia que no va a facilitar  la transición.   Apunta a arengar al Presidente Peña, en las responsabilidades y en arrostrar las consecuencias de un mal gobierno, de un mal amigo, que usa y abusa de la amistad como moneda de cambio.

Porque no es normal. No es normal lo que pasa en Veracruz, en donde una burocracia voraz, obstaculiza por ordenes de su jefe, Duarte, todo proceso que encamine a la verdad,  todas las evidencias del latrocinio y todas las maniobras para que el próximo diciembre, sea un mes de crisis mayor en un estado que no es una isla, y forma parte de México.

Un estado que ha sido y sigue siendo cotidianamente saqueado por depredadores, a quienes se da todo el beneficio de la duda y el tiempo, para que no se actúe en consecuencia y con la seriedad que ameritan las circunstancias.

Se necesita que el Presidente Peña tome de inmediato cartas en el asunto de Veracruz, no es opcional, que haga a un lado amistades que lo afectan y que pondere su papel institucional …  se requiere su apoyo ya, ya, ya

La historia nos enseña a no desoír las llamadas para tomar decisiones. Es conocida la anécdota cuando Aníbal, el paladín púnico, llegó a las puertas de Roma y pidió refuerzos para destruirla, el senado cartaginés con resabios personales, le negaron los apoyos con la frase célebre de: “ si eres vencido, no los mereces y si eres vencedor, no los necesitas”. Cartago desapareció mas adelante y lo vieron los ojos de los que negaron a Aníbal su apoyo, los que también sucumbieron.

Veracruz no va a desaparecer. Pero ahora es cuando empieza a urgir de ayuda y es oportuno y hasta inteligente, usar los recursos políticos y evitar que la ola de desafectos, alcancen a perturbar irreversiblemente a un bastión, antes de fortalezas y que hoy reciente las calamidades, de amistades  mal entendidas.