Organismos Estériles. La ONU a la deriva.

10 abril 2017
11:03 hrs
Jorge Miguel Ramírez Pérez

En 1945 al terminar la segunda guerra mundial la ONU surgió de las cenizas de la Sociedad de las Naciones, la organización rimbombante que sucumbió, cuando probó su inutilidad para detener esa inminente y atroz guerra.

Como toda institución que surge de los efectos geopolíticos, la ONU se inauguraba al mismo tiempo con el periodo que arrancó la guerra fría. Se podría decir que era la institución diseñada ex profeso, para esa era, la del mundo bipolar.

Su trabajo era mantener un diálogo formalista entre las dos potencias rivales, Estados Unidos y la Unión Soviética. Porque todo absolutamente todo lo que operaba, discutía y acordaba era en torno a dar la imagen de equilibrio, que era aparente; en realidad estaba cargada hacia los intereses de Occidente.

En su mejor momento las sesiones de las Naciones Unidas se volvieron un espectáculo, como en 1960 durante la Reunión Plenaria 902, donde el líder soviético Nikita Jrushchov iracundo, a zapatazos, golpeó la mesa, delante de los representantes de los  países miembros, entre ellos los satélites de cada potencia.

En 1989 empezó el desmoronamiento público de la estructura soviética y en 1991, en solo dos años el mundo era otro.

Desde entonces se le movió el tapete a la ONU porque se quedó sin agenda,

Estados Unidos, se adjudicó el triunfo de la guerra fría y el nuevo sistema de política mundial, estableció otros ejes, los de la democracia, los derechos humanos y el liberalismo, que desdibujaron el arbitraje de la ONU del viejo sistema bipolar.

Las resoluciones de la organización han perdido fuerza, los nuevos antagonistas como Irán, Corea del Norte o Siria, las desestiman y solo proceden a simular su acatamiento.

La organización se convirtió en una caja de resonancia cara, por su abultado presupuesto, solo cubierto por pocos y esencialmente patrocinado por Estados Unidos, que la empezó a ver como una carga de la que se podía prescindir.

Claro que no hay de otra y el patrocinador tampoco tiene otro esquema para desaparecerla. Hay que anotar que muchos contribuyentes en Estados Unidos comparten lo que dijo Trump que era un “club para pasársela bien”.

Y aunque en un principio parecería que los cambios tienden a romper los compromisos de ese país en el plano internacional y abandonar el terreno a otras potencias regionales, el hecho es que la organización sobrevive todavía y sigue débilmente como un intermediario a destiempo, como está sucediendo con el ataque de Estados Unidos a Siria, que para los rusos significa un respiro para el Estado Islámico.

Gran parte de la supervivencia de las Naciones Unidas es porque se ha enfocado de manera relevante a promover los derechos humanos, labor que no está mal; pero que ya no tiene las pretensiones del siglo pasado.

Y en ese contexto aparece en Veracruz la semana pasada el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Jan Jarab en una gira que prometía pronunciamientos a fondo en los temas de las fosas clandestinas, desapariciones forzadas, el drama que enfrentan los migrantes, la victimización a las mujeres en el trayecto a la frontera norte, la separación también forzada de las familias, incluso de corrupción; y resulta que lo que los medios destacaron, fue su interés prioritario, en un tema que junto a los descritos, es frívolo: los matrimonios del mismo sexo.

Ratificó Jarab la inutilidad del edificio neoyorquino de la diplomacia mundial, que dejó de ser lo que era; porque se esperaba que el diplomático, abordara los temas realmente dolorosos con el tiempo y la seriedad que lo ameritan.

Pero no. El comisionado se dejó cercar por grupos cuya prioridad es hacer  público lo privado. Algo que no interesa mucho. Cada quien sabe lo que hace bien o mal en su vida privada, solo a ellos les compete. El funcionario perdió tiempo, dedicando su visita a lo vano -que se vea, lo que hacen a través de la cerradura- como si fuera algo excepcional que merece un reconocimiento mundial.

Pero por lo sucedido,  todo indica que lo frívolo pegó por encima de lo lacerante. Veo con tristeza y con claridad que la institución ya no sirve, ya dejó la paz por la paz. Lo que pasa en Siria es efecto de su poca fuerza para detener más agresiones o negociar salidas.

Ahora a  lo que la ONU se dedica y con compromiso manifiesto, es a promover en nombre de la vapuleada libertad: que ciertas prácticas sexuales ajenas, se eleven a una categoría de culto y homenaje.

Esa pobreza de miras,  fue en lo que vino a parar una organización que fue respetada y que ahora se ve como es, un mito gigante.

*Esta es opinión personal del columnista