Presentan “Zorba el griego”, novela clásica de la literatura universal

La lectura, los viajes y la vida misma fueron las cosas que Selma Ancira Berny más disfrutó durante el año

Foto: Ana Martina Ortiz
13 diciembre 2016
22:28 hrs
Ana Martina Ortiz León

Xalapa, Ver.- La lectura, los viajes y la vida misma fueron las cosas que Selma Ancira Berny más disfrutó durante el año y medio que le llevó traducir “Zorba el griego. Vida y andanzas de Alexis Zorba”, de Nikos Kazantzakis.

Inscrito ya en la literatura universal porque “no le pide nada a las grandes novelas rusas” a Selma Ancira este volumen le trae recuerdos de su niñez, principalmente cuando en la sala de su casa toda la familia se reunía a bailar el sirtaki con la música que produjo Mikis Theodorakis para la película “Zorba el griego”, cuyo disco en la Ciudad de México vendía la tienda Gigante junto con un instructivo.

En su época de estudiante en Atenas Selma compró la novela en griego, pero le fue imposible leerla de corrido, por lo que cuando su editor de Acantilado le solicitó que consiguiera un equipo de traductores para la obra de Kazantzakis de la cual acababa de obtener sus derechos ella se quedó muda y le dijo:
“Te consigo lo que quieras pero ‘Zorba’ es mío. Él me dijo que sí y me espero tres años a que terminara mis compromisos para traducirlo. Para mí fue un reto monumental que también me trajo mucha felicidad, pues tenía la conciencia que si lograba que ustedes disfrutaran el libro como un lector griego lo disfruta mi vida profesional ya había valido la pena”.

Foto: Ana Martina Ortiz
Foto: Ana Martina Ortiz

Admitió que durante la traducción recurrió constantemente al diccionario; que pasó horas y horas cotejando cada una de las palabras con la ayuda de una amiga griega “porque hay palabras que no existen, que el autor inventó”; y que su título original es “Vida y andanzas de Alexis Zorba”, pero que por cuestiones de marketing y en honor a la película los editores de Acantilado le antepusieron el de “Zorba el griego”.

Como trabajadora de las palabras y sabedora de que cada palabra encierra un universo y cuando de esa palabra hay hasta siete palabras equivalentes, Selma siempre lleva a cabo un método particular que ha bautizado como trabajo de campo del traductor pues tiene la teoría “de que vale la pena que éste vaya a los lugares de la novela, que conozca las realidades de las que habla el autor porque es la manera que uno tiene de moverse con soltura en el tejido del texto”.

“De otra forma vas palpando, tanteando y no acabo de sentirme cómoda si no he caminado, si no he respirado, si no he tocado, si no he comido, si no he percibido los olores y los sabores, todo lo que hay dentro de cada una de las palabras”.

Foto: Ana Martina Ortiz
Foto: Ana Martina Ortiz

Tres viajes a Creta y dos al Peloponeso le dieron a Selma Ancira la oportunidad de recrear en español varios pasajes que se le dificultaba traducir pero también de vivirlos literalmente como aquel en que un pastor reproduce uno de los diálogos de Kazantzakis al pedirle un cigarro durante uno de sus recorridos por las montañas de Creta; o descubrir que en la mina de carbón real los trabajadores deben andar “en cuatro patas” y no de pie por las galerías estrechas que tiene.

Ya con la novela “corriendo por las venas” y más conocimiento del contexto histórico y de los lugares en que transcurre ésta y que inspiraron a Kazantzakis, Selma conoció a varias personas que la pusieron en contacto con Walter Lassally, director de fotografía en la película “Zorba el griego” y por la que obtuvo el Premio Óscar en 1964. Con este personaje que aún vive en un pueblito de Creta la traductora sostuvo una plática de cinco horas que para la presentación del libro en la ciudad de Xalapa se redujo a un video de diez minutos.

Foto: Ana Martina Ortiz
Foto: Ana Martina Ortiz

Al considerar que los traductores son los autores del libro en la lengua que escriben y que ha sido una lucha titánica por lograr que sus nombres figuren en las portadas de los textos al lado del escritor original, a Selma lo que más le interesa es que “cuando la gente termine de leer este libro tenga ganas de vivir, que eso es este libro: un himno, un canto a la vida. A mí no me importa que la gente no sepa que yo lo traduje, me importa que llegue la obra del escritor al lector. Y este libro hace eso: despertar el amor por la vida, la admiración constante por la vida”.

En la presentación también participaron Esther Hernández Palacios y Rodolfo Mendoza, quienes enfatizaron en la importancia que tiene el traductor en la difusión de la literatura escrita en otros idiomas distintos al español.

“La traducción es para toda la vida, algo tiene la traducción que embelesó a Jorge Luis Borges, José Emilio Pacheco, Octavio Paz, Sergio Pitol, José Luis Rivas, entre otros; el traductor lo que tiene es que desentraña el lenguaje, entiende el código a través de otras lenguas para entender el suyo propio”, comentó Rodolfo Mendoza.

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