Un debate distractor

16 enero 2017 || 10:57 || Columna
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Por Filiberto Vargas Rodríguez

Prefacio.

Menudo lío en el que se van a meter los diputados locales Sebastián Reyes (independiente), Juan Manuel de Unanue (PAN) y José Roberto Arenas (PRI), quienes integran la Comisión de Organización Política y Procesos Electorales. Pretenden imponer para el proceso electoral que ya está corriendo, la modificación del número de regidores por ayuntamiento. Se basan en la facultad que le otorga al Congreso la Constitución local, en su Artículo 33, fracción XV, para “aprobar, con el voto de las dos terceras partes de sus integrantes: a) El número de ediles, con base en el Censo General de Población de cada diez años o, en su caso, el Conteo de Población y Vivienda, antes de la elección que corresponda, escuchando la opinión de los ayuntamientos respectivos”. *** El problema es que la Ley también advierte que cualquier modificación en materia electoral deberá realizarse antes de que inicie el proceso formal, y el Artículo 169 del Código Electoral para el Estado de Veracruz establece que el proceso electoral ordinario inició con la primera sesión que celebró el Consejo General “en los primeros diez días del mes de noviembre del año previo al de la elección”. *** De ahí que ya desde el OPLE se haya advertido que a estas alturas del proceso es imposible modificar el número de regidores para los ayuntamientos, pues el acto sería impugnado en los tribunales electorales. *** La primera tarea de esta comisión legislativa será conseguir el voto de las dos terceras partes del Pleno, lo que se antoja complicado, más ahora que panistas y morenistas andan de la greña.

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Y sí, los dos tienen la razón.

En efecto, ante el fundado temor de que su triunfo en las urnas le fuera arrebatado en los tribunales, Miguel Ángel Yunes Linares llegó al extremo de amenazar al Presidente Enrique Peña Nieto. Dijo que si algo le pasaba a él, tenía en su poder “debidamente resguardados” documentos que harían cimbrar al país.

La amenaza no fue tomada a la ligera por los asesores del Presidente. Le hicieron notar la trayectoria de Yunes Linares cerca del poder, su relación de amistad (¿o complicidad?) con políticos bien informados, a través de los cuales pudo haber armado los expedientes que hoy presume, y su marcada vocación policiaca, con la que estaría construyendo casos sólidos contra los más importantes políticos del país.

“Cede ahora. Ya habrá oportunidad –más tarde- de ajustar las cuentas con él”, le habrían sugerido a Peña Nieto.

También es verdad que Andrés Manuel López Obrador pactó con Javier Duarte.

Ya en este mismo espacio, en julio del 2016, publiqué: “La última ministración, previa al domingo 5 de junio, fue de 430 millones de pesos. Era parte de los acuerdos alcanzados por el dirigente nacional de Morena, Andrés Manuel López Obrador, y el Gobernador Javier Duarte de Ochoa. La ruta para hacerles llegar el dinero fue un programa de fomento a la prevención del delito, que manejan de forma mancomunada las secretarías de Seguridad Pública y de Educación”.

No sólo eso. Di detalles de la operación a nivel de tierra:

“Los fondos serían aplicados para el financiamiento de la estructura electoral de Morena en Veracruz. Gabriel Deantes fue el operador por parte de la administración estatal, auxiliado por dos de sus más cercanos colaboradores, Víctor Moctezuma y Héctor Alfredo Roa. Mientras tanto, abajo, en los distritos electorales, los operadores eran políticos muy cercanos al mandatario estatal, como Juan Manuel del Castillo, Érick Lagos, Adolfo Mota y Jorge Carvallo, entre otros. La instrucción fue muy clara: Impulsar entre los grupos cautivos el voto cruzado. Para diputado a favor de la alianza, pero para Gobernador, a favor de Cuitláhuac García, candidato de Morena”.

Con sus amenazas, Miguel Ángel Yunes Linares consiguió arribar al poder sin que hubiera objeción alguna por parte de la administración federal; consiguió que los expedientes con las denuncias en su contra por enriquecimiento ilícito fueran archivados, y todavía le alcanzó para –una vez en el poder- presionar a las autoridades de Hacienda para que le hicieran llegar recursos frescos, con los que hizo frente a los millonarios compromisos que encontró en el gobierno de Veracruz.

Andrés Manuel, por su parte, logró meter a su candidato, el desconocido Cuitláhuac García, a una cerrada contienda electoral. En aquella colaboración del mes de julio del 2016 lo explicaba así:

“Con eso (la ayuda a Morena) lo que se consiguió fue que la contienda fuera de tercios. Si sólo hubiera habido dos contendientes fuertes (Miguel Ángel y Héctor Yunes) la diferencia entre el panista y el priista habría sido aún mayor. Lo que se logró al impulsar a Morena fue que la contienda se cerrara y en un escenario así la balanza se podría inclinar para cualquier lado”.

Los resultados están a la vista: En la elección de diputados federales, en el 2015, el partido de Andrés Manuel López Obrador consiguió en Veracruz 296 mil 256 votos, mientras que al año siguiente, en la elección a Gobernador, alcanzó cerca de 750 mil sufragios.

La guerra mediática entre Yunes Linares y López Obrador se verá reducida a simple anécdota, pero habrá servido para distraer a la opinión pública de temas torales para su supervivencia, temas que se refieren a economía y seguridad.

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El gobernador de Veracruz no quita el dedo del renglón. Fueron muchos los agravios y se los está cobrando, uno por uno. Este fin de semana, en Tuxpan, fue lapidario: “Era sabido por toda la gente de Tuxpan que Francisco Colorado Cessa encabezaba una célula de la delincuencia organizada y que tenía una relación cercana con Duarte, con Alberto Silva, con Fidel Herrera, y que ellos protegían la actividad delictiva”. Contrario a lo que sucedía cuando gobernaba Javier Duarte, ahora Alberto Silva calla cuando Yunes Linares se refiere a él. A esa actitud algunos le llaman “prudencia”. *** Ya apareció el primer funcionario de la actual administración estatal con –como él mismo la califica- “la piel sensible”. Fue el perredista Uriel Flores Aguayo, quien calificó “de dudosa objetividad” las críticas al actual gobierno, por considerarlas “muy apresuradas”. Y sin embargo ha sido el propio Miguel Ángel Yunes Linares el que ha puesto el acento en la brevedad de su mandato y la urgencia para aplicar acciones que resuelvan la crisis que padece Veracruz. Esa misma urgencia en su actuación, marca el ritmo de quienes nos dedicamos a opinar sobre el quehacer público. Los que señalamos errores no somos operadores del “grupo que perdió Veracruz y acumuló un enorme potencial económico”. Miguel Ángel Yunes Linares gobierna este estado, como lo hicieron en su momento Fidel Herrera y Javier Duarte, las comparaciones son naturales, obligadas, no son un recurso fácil. Ojalá lo pueda entender el hoy subsecretario de Desarrollo Educativo.

 

filivargas@gmail.com