Veracruz, el paraíso de la corrupción de Javier Duarte

16 febrero 2017
20:25 hrs
Javier Roldán Dávila

Por menos, el Faraón no consiguió amparo y el Todopoderoso le aplicó ‘la voladora’

La frase que da título a esta colaboración apareció en la influyente columna el Templo Mayor de Reforma y se refiere a que en los resultados de la revisión de la Cuenta Pública 2015, el gobierno de Javier Duarte es el que presenta más irregularidades.

Lo trágico de esta circunstancia es que las y los veracruzanos gozamos de una reputación del carajo, cuando los culpables son un puñado de parias nativos y sus socios en el gobierno federal, porque los desvíos durante seis años ascienden a más de 55 mil millones de pesos, por lo que es imposible que Peña y compañía no lo hubieran detectado.

La pregunta es: ¿de que fueron capaces Duarte y su horda?, veamos.

De comprar pruebas falsas de VIH, además de quimios ‘patito’ y medicinas clonadas.

También desviaron partidas presupuestales completas destinadas al sector de la educación, más de 3000 mdp tan sólo en 2015.

Hicieron hábito el “anunciar, licitar y pagar” obras que no existen. Lo peor, es que constructores que realizaron trabajos que están compulsados, siguen a la espera de sus pagos.

Sumamos que autoridades del Colegio de Veracruz y de la Universidad Popular Autónoma de Veracruz regalaron y vendieron títulos. Desacreditaron al par de instituciones.

Permitieron, por omisión o por comisión, la desaparición forzada de cientos de ciudadanos, además se registró la muerte de casi un par de decenas de comunicadores.

Agregaremos que han provocado que millones de habitantes de la entidad tenga un ‘mal humor social’ que redunda en depresión y que no se cura ni con caldo de chéjere. Hay infelicidad.

Pero por si lo anterior fuera poco, son responsables de iniciar un proceso de involución de los seres humanos que daña la confianza en la viabilidad histórica de la especie homo sapiens jarochus.

Y creíamos que Papa Doc, Somoza y Pinochet eran asunto del pasado, Qué lástima que Galeano no pueda novelar esta historia.

*Esta es opinión personal del columnista