Veracruz y Tabasco: decapitados del “pinche poder”

12 febrero 2017 || 19:59 || Por José Luis Ortega Vidal
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He referido en más de una ocasión la existencia de las “fronteras porosas”. La referencia ha sido a Veracruz respecto de Tamaulipas, Oaxaca y Tabasco; aunque la entidad jarocha también comparte límites con San Luis, Puebla, Chiapas e Hidalgo y ahí también “se cuecen habas”.

El punto es que las fronteras veracruzanas con Tabasco, Oaxaca y Tamaulipas son las más peligrosas y de mayor influencia histórica: sus intercambios son de todo, tanto comerciales como culturales, de influencias laborales mutuas como de trasiego de acciones ilegales prácticamente cotidianas.

Desde Tamaulipas, por ejemplo, llegó a Veracruz el cártel del golfo y desde aquí hacia la entidad norteña y fronteriza se determinó también durante el siglo XX la influencia multifactorial de la riqueza petrolera que representaron los pozos de Cerro Azul, Coatzintla, Papantla, Poza Rica y la huasteca veracruzana en general.

Asimismo las sociedades y mercados de ambas entidades se nutrieron de mano de obra para el contrabando primero y el tráfico de drogas después.

Dividido el Cártel del Golfo tras la captura de Osiel Cárdenas Guillén -15 de marzo del 2003- y su extradición a Estados Unidos -19 de enero del 2007- sus hijos putativos Los Zetas también llegaron a esta zona, al sureste y al norte del país a fines del siglo XX y ya entrado el siglo XXI.

Con Tabasco han ocurrido situaciones semejantes aunque con detalles distintos.

Coatzacoalcos recibe el gas que alimenta sus complejos petroquímicos desde finales de los años 60s desde Campeche y Tabasco y el sureste es sede de mano tanto del norte de Veracruz como de Nuevo León, Coahuila, Baja California, Jalisco, Tamaulipas, Querétaro, Sinaloa, Sonora, Chihuahua, Hidalgo, Edomex, Morelos, Michoácán, etcétera.

El sur veracruzano -por otra parte- no se puede entender, visualizar, explicar sin la presencia cosmopolita de extranjeros provenientes de Europa, Asia, Africa y Estados Unidos pero tampoco sin la cultura del totopo, el camarón salado y el pescado frito oaxaqueños.

En broma –pero podría decirse en serio- cuando hay un bloqueo en la carretera transístmica que comunica al sur veracruzano con el istmo de Tehuantepec, “hay preocupación por la importación de totopos”.

“Las paisanas y los paisanos” oaxaqueños, mayoritariamente zapotecos, han dominado históricamente los liderazgos petroleros en Minatitlán, Coatzacoalcos, Nanchital, Las Choapas.

Tienen una notable influencia en el ámbito religioso y su cultura popular viste de color no sólo la parte social desde Acayucan hasta Agua Dulce sino los elementos políticos de esta región.

Sería ingenuo centrarse en estos aspectos que incluyen su gastronomía. Durante años, ´las paisanas y paisanos´ suministraron de marihuana cultivada en Oaxaca y “de calidad” según sus consumidores al referido sur veracruzano. Hoy en día, el majestuoso Juchitán de las mujeres que retrató Graciela Iturbide es sede de zapotecos involucrados en el narcotráfico.

Los 20 integrantes del cártel de Sinaloa asesinados en la masacre de Suchilapan del Río, municipio de Jesús Carranza, Veracruz, los días 3, 4 y 5 de diciembre del 2016, provenían de Oaxaca y junto a sus cuerpos que habrían recibido –en algunos casos- el tiro de gracia de parte de las fuerzas del orden estatales y federales, se decomisaron aproximadamente 66 kilos de cocaína.

Unos 30 cómplices –la cifra es imposible de definir con precisión- se escaparon y sus rutas de fuga tuvieron éstas opciones: volver a Oaxaca, internarse en la selva del Uxpanapa y llegar a Tabasco o Chiapas; todas, fronteras porosas como las hemos definido en Claroscuros.

La fuga no habría sido posible sin el concurso de un elemento que la clase política no admite por conveniencia de su discurso demagógico: la complicidad del tejido social. En el Uxpanapa –recordemos la matanza de Sánchez Taboada en 1985- el narcotráfico ha proporcionado empleos y seguridad que el estado es incapaz de dar, no obstante ser su obligación. A cambio, desde hace décadas ahí hay siembra de marihuana, pistas para el paso de cocaína, presencia de familias de Centro y Sudamérica vinculadas a estos procesos y complicidad como la que permitió evidentemente la fuga de cómplices de las víctimas del 3, 4 y 5 de diciembre.

Este proceso sociopolítico/histórico/cultural es semejante –siempre hay variables- al caso de Tomás Sánchez “Tomasín” en la sierra de Tezonapa, Veracruz, durante la década de los 70s.

Cada domingo, el gobernador del PAN/PRD en Veracruz Miguel Angel Yunes Linares encabeza una reunión con los altos mandos de seguridad que incluye al gabinete estatal del ramo así como a jefes del ejército y la marina.

Ayer, la reunión tuvo como sede el municipio de “Las Choapas” y llegaría el gobernador tabasqueño Arturo Núñez. Una noche antes, la del sábado 11 de febrero, elementos de la policía ministerial estatal detuvieron al ex jefe policíaco municipal choapense Eugenio Palma Arjona.

Lo acusan del delito de homicidio y abuso de autoridad. Dos subalternos escaparon.

El viernes 27 de enero pasado, a las 14:00 horas, un grupo fuertemente armado a bordo de tres unidades, rodeó una patrulla de la policía municipal de Las Choapas y “levantó” a sus cuatro tripulantes, entre ellos una mujer policía.

Los guardias oficiales estaban estacionados en un punto conocido como “el manguito” de la colonia “J. Mario Rosado”. El grupo de facinerosos buscó la salida hacia Tabasco, entidad con la que colinda Las Choapas, último municipio veracruzano en la zona sur y conectado también con el valle del Uxpanapa.

Uno de los policías logró escapar tirándose de la unidad en que lo llevaban. Los tres restantes: Alvaro Navarrete Alducin, Anita Contreras López y Benjamín Montejo Avalos aparecieron asesinados a las 08:00 horas del sábado 28. Sus cuerpos estaban decapitados y semidesnudos. Fueron arrojados sobre el camino que conduce a Villa Chontalpa, municipio de Huimanguillo, Tabasco. He ahí, una vez más, la presencia de las fronteras porosas.

Desde Tampico, Tamaulipas -otro ejemplo- es común atravesar el puente del río Pánuco y arrojar cuerpos muertos del lado veracruzano y viceversa. Eso confunde a los cuerpos policiacos, enreda los procesos judiciales y refuerza las redes de complicidad que el crimen organizado opera de un lado y del otro.

A los policías choapenses decapitados les dejaron algo que intentó ser un narco mensaje. Se trató de una hoja de papel en la que sólo se leía “Dirección General de Bachillerato”, escrito a mano.

Miguel Angel Yunes Linares y Fidel Herrera Beltrán mantienen una guerra política personal desde hace 30 años, luego de que en su juventud fueran grandes amigos.

La actual guerra entre cárteles en Veracruz se ha asociado a elementos políticos, como en los años 80s y parte de los 90s la presencia de bandas y caciques que arreglaban sus problemas a balazos y con centenares de muertes se ligó a los gobiernos de Agustín Acosta Lagunes, Fernando Gutiérrez Barrios y Dante Delgado Rannauro.

Durante el breve gobierno de Flavino Ríos Alvarado, quien cubrió los últimos 48 días del prófugo Javier Duarte, entre los meses de octubre y noviembre del 2016, la Secretaría de Gobernación envió refuerzos al sur veracruzano y la violencia menguó un poco, aunque no desapareció.

Tras una breve visita de Miguel Angel Osorio Chong –a Coatzacoalcos- en el norte y centro de Veracruz ocurrió algo semejante durante esas semanas pero en menor proporción al sur. A la llegada al gobierno de Miguel Angel Yunes Linares ha seguido la violencia con los altos niveles que presentó durante el duartismo. Yunes Linares afirma que se trata de una lucha entre cárteles. Empero, si sólo fuera eso no habría tantas víctimas civiles, sobre todo en el terreno del secuestro y afectando a todas las clases sociales.

En términos políticos Fidel Herrera Beltrán fue retirado del consulado en Barcelona, está denunciado por el gobierno veracruzano y ante el temor de ser apresado buscó un amparo que le negaron. Veterano dinosaurio del poder federal y estatal, Herrera Beltrán calculó en algún momento que podría volver a Veracruz y así lo declaró a la prensa desde España; dijo que vendría y se defendería.

A fines de enero pasado aparecieron bardas con pintas color verde en las que se leía “Bienvenido Fidel, Veracruz te necesita”. Cercanas las elecciones de alcaldes locales programadas para el 4 de junio, se pensó que Herrera Beltrán cubriría el vacío de poder que sufre su partido, el PRI, y se apoyaría en las alianzas del Partido Verde Ecologista cuya franquicia en Veracruz le pertenece a su familia y maneja un hijo suyo;situación que se extiende a medios de comunicación como La Jornada Veracruz, cuya propiedad se atribuye a la hija de Herrera Beltrán.

Denunciado por el caso de los niños presuntamente inyectados con quimioterapias falsas y la compra de pruebas apócrifas de VIH/SIDA desde fines de su gobierno y durante el de Javier Duarte, el ex diplomático no llega a su otrora territorio cuasi feudal. El proceso legal ha seguido su curso desde el pasado 20 de enero y ya en febrero se definió que a Herrera Beltrán y Duarte de Ochoa –a quien le llueven denuncias- se les acusa del incumplimiento de un deber legal.

En medio de estas fechas, Fidel Herrera fue defenestrado del consulado catalán -22 de enero- y vio cómo sus rivales se hicieron de la dirigencia estatal del PRI colocando a Renato Alarcón, a quien le corresponderá encabezar el proceso de asignación de candidaturas a ediles en los próximos días con el aval de los padrinos que lo pusieron allí.

No se puede dejar de observar que los cacicazgos, las muertes presentes a lo largo de la historia de Veracruz, las fronteras porosas y la guerra entre cárteles de la droga y el crimen organizado, están ligados a pugnas de grupos políticos en el gobierno o fuera de él; por tanto a intereses de jefes y líderes formales de partidos políticos que pactan, contratan o aprovechan a la delincuencia para dirimir sus intereses. Sobran pruebas al respecto e incluyen a las fuerzas armadas federales.

Lo de Las Choapas fue un domingo más, después de otra jornada de víctimas y victimarios. Por lo pronto, Yunes Linares logró lo que no había podido obtener en 30 años: ganarle una a Fidel Herrera Beltrán, su némesis.

Lo mantiene fuera del estado e irá con la alianza PAN/PRD por las alcaldías ante un PRI debilitado que pinta para tercera o cuarta fuerza electoral en Veracruz. Sólo enfrentará la fuerza de MORENA.

Por primera vez, Fidel Herrera Beltrán no goza “del pinche poder”, lo que a los muertos y secuestrados civiles de Veracruz los conduce a la pregunta: ¿Y cuál es nuestra culpa?

*Esta es opinión personal del columnista.