Nuestra ciudades

Nuestra ciudades

Nuestra ciudades. 

 Abre junio, el mes que muchos mal pronosticaron sería el de cuando le diríamos bye, bye a la pandemia. Qué va. El contagio sube y las muertes por ahí van, aunque los números del Luis Miguel de la salud, el papucho Gattel, andan errados y perdidos. Los hospitales con gente con Covid. Los alcaldes, al menos el de Veracruz, Chikinando Yunes Márquez, han enviado un warning donde anuncian que permanecerán cerrados los sitios céntricos y de mercados, donde más se reúne la gente. Las plazas comerciales aun no tienen fecha para abrir. Pasa en Orizaba, Córdoba, Xalapa y lugares donde los alcaldes se han visto responsables y tienen un cerco en los centros, el único problema fueron los bancos, que como cerraron sucursales y solo dejaron una sola abierta, las colas en Orizaba dan la vuelta a tres cuadras. Increíble.

 

LOS HUEVOS DE CHAVEZ

 

Han transcurrido 30 años, todos nos acordamos dónde la vimos y con qué amigos compartimos round por round. Yo estaba en una casa de un amigo muy querido, que ya descansa en paz, René Pérez Avellá, allí nos citamos para ver esa pelea que sería fenomenal. Para quienes habíamos seguido a Julio César Chávez y le veíamos su caminar de invicto, esa noche de aquel tiempo de marzo, al ir casi llegando a los 12 round, supimos que Chávez perdía la pelea. No había ganado un round. Uno solo. El rival era Meldrick Taylor, un negrazo también invicto, era la vida esa pelea. Faltando menos de 10 segundos, Chávez soltó un derechazo volado y el negrazo comenzó a ver estrellitas. Se fue a la lona, cuando se levantó el referee le dijo nones, ya no puedes seguir, había que proteger a la leyenda taquillera como lo era JC Chávez. Julio dijo: “Estaba en juego todo, mi campeonato, mi invicto de 13 años, tenía mucho que perder, y salí a dar todo, fue el momento favorito de mi carrera”, explicó de aquella función en la que estaba abajo en las tarjetas antes del último round. Remató: “Fue la pelea más difícil de mi carrera”, dijo durante una conferencia ante jóvenes en Puebla, en diciembre. “Él era más rápido, más fuerte, pero en lo que no me ganó fue en que no tuvo más huevos que yo”. Bien hecho.

 

LA CONVULSIONADA AMERICA

 

Estados Unidos tiene tres pandemias, la del Covid, la de Trump y ahora una revuelta donde en 20 ciudades de importancia, Atlanta, Nueva York, Washington, Miami, Houston, Minnesota, han decretado el toque de queda, porque a un criminal policía le dio por asfixiar a un afroamericano poniéndole la rodilla en su pescuezo, cargando todo su peso hasta hacerlo que se muriera, como una ave cuando le aprietas el cuello. Una actitud criminal que enardeció a un país que no encuentra ruta y que en noviembre es probable que cambie de estafeta y manden a Trump a su casa. Fue gracias a que una gente civil filmó todo eso, donde claramente se ven a los policías torturando al negro, la gente se enardeció  y las televisoras corrieron el video de una cámara de teléfono. La frase suplicante: “No puedo respirar” (I Can’t Breathe) se convirtió en Hashtag y las cartulinas y mantas traían ese lema del moribundo. El domingo de confinamiento, siguiendo a CNN en español, nos dimos cuenta que la bronca no era menor, vamos, hasta La Casa Blanca tuvo que meter a Trump a un bunker subterráneo en ese sitio, porque las revueltas estaban a punto de ocasionar más tragedias. Ha habido saqueos, incendios, turba multas y el presidente le ha echado más leña al fuego, al mostrar su irritación racista, como pistolero a la John Wayne.

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Esta es opinión personal del columnista 

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