Vidas mexicanas que ha cobrado el coronavirus

México no tan golpeado por la pandemia: AMLO 1

Vidas mexicanas que ha cobrado el coronavirus a través de este tiempo y después de que el último día de julio se convirtiera en el tercer país con más muertes.

Antes de que se convirtieran en parte de una estadística, las vidas mexicanas de los fallecidos por covid- 19 en México eran más que números.

Se trataba de un jardinero, un enfermero, un editor, una jubilada y como ellos, más. Por supuesto 50.508 personas más en similares situaciones. Esas eran sus vidas mexicanas y de esta forma murieron.

Medios han señalado desde mayo que existe un subregistro en los contagios y fallecimientos por coronavirus. El Gobierno incluso ha reconocido que existen diferencias entre los números reales y los que se comunican a diario.

Dos estudios oficiales sobre el exceso de defunciones, registrado este año en la mayoría de los Estados. Sugieren la posibilidad de que las muertes por la pandemia sean hoy bastantes más de 50.000. Decenas de miles más.

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Nueve vidas mexicanas que ha cobrado el coronavirus

Lo peor de todo esto y el momento en que nos detenemos a pensar, es cuando nos damos cuenta de que se trata de vidas mexicanas individuales que no se resumen a un número.

Vidas,  vidas mexicanas que tenían tanto valor y ahora se han apagado:

Las canciones de los Ángeles Negros que escuchaba un jardinero por las mañanas.

El jefe de enfermeros que guardaba cajas para construirle un cochecito a su hijo.

La angustia de una nieta que cree que tal vez contagió a su abuela.

El editor que fue noticia desde su nacimiento.

Es que el solo ver una muerte de cerca rompe toda la ilusión de un récord histórico y a su vez, desmiente el intento de minimizar esta pandemia. No hacen falta números cuando se trata de vidas mexicanas observadas. Estas nueve vidas mexicanas que se apagaron en el intento de luchar.

Historias de vidas mexicanas

Pedro Esquivel, 32 años- Jefe de Enfermeros (4 de junio, Edo.Mex.)

Pedro Esquivel le pidió a su esposa la madrugada del jueves 4 de junio lo siguiente:

“Es hora. Llévame al hospital”

Apenas podía respirar, pero aún así camino. Le dijo adiós a su hijo de cinco años, semidormido y protegido con cubrebocas y careta escuchó que su padre le decía: “Cuida mucho a tu mamá”.

No pudo despedirse de su hija de dos años. Llegó al Hospital General de Chalco en silla de ruedas y con una saturación de oxígeno del 32%, la glucosa y la presión alta. Cayó en paro cardiorrespiratorio. “Lo entubaron, le dieron reanimación, pero ya no lo pudieron salvar”. Llegó a las 3.00 horas de la madrugada y falleció una hora después.

El jefe Pedro, como lo recuerdan sus compañeros, llegó en febrero a ocupar el cargo de jefe de enfermeros en el Hospital General de Chalco. Cuentan que era relajado y siempre se preocupaba por el personal. Luego de que una paciente le tociera, a los siete días el Jefe Pedro se encontraba enfermo.

“Voy a salir de esta”, anunció a sus colegas. Quienes recuerdan que cada vez que se vaciaban cajas de guantes o medicinas, pedía que se las guardaran. “Son para mi hijo, porque le estoy haciendo un cochecito de puras cajas”, decía.

El día que murió, Patricia Ramos decidió convocar a todo el personal del hospital para hacer una valla humana. Ese 4 de junio, mientras salía la camioneta fúnebre, médicos y enfermeros lloraron y aplaudieron a su paso. Una de las vidas mexicanas que dejan vacío

 

Agustín Jiménez, 63 años – Jardinero (22 de abril en San Vicente Chicoloapan, Edo.Méx.)

Antes de que se despertara el patrón, el jardinero ya estaba allí, con alguna tonada romántica en el celular para engañar la jornada de trabajo. Los Ángeles Negros, por ejemplo, o Las Jilguerillas. Agustín Jiménez murió el 22 de abril, en plena primavera.

Agustín echaba unos cantes y unos bailes, lo mismo en una boda que en un cumpleaños. Ni fútbol, ni política… familia, trabajo y música. Algún tequilita o unas cervezas. Y otro día al trabajo, muy de madrugada, en el metro, con cubrebocas, las manos bien lavadas. “Se cuidaba mucho, todo lo que nos decían”, rememora su amigo, también jardinero, Rafael Martínez.

“Este dolor de espalda es de cargar macetas, decía, y lo achacaba todo a sus problemas de vesícula”. La tosedera le llevó a su hospital, pero allí no le atendieron porque las señales de coronavirus eran inequívocas y había otros centros para eso. “Lo llevaron a un médico particular, pero le dijo lo mismo, que eso era la covid-19 y que ellos lo tenían que reportar. No quiso ir a otro hospital, se fue a morir a casa. Siempre decía que él no tenía eso, era un hombre muy fuerte. Quizá era miedo, hay gente que va a esos hospitales y termina muerto” –Rafael.

 

Elena Sosa, 91 años – Jubilada (24 de julio,  CDMX)

Elena Sosa tenía un ritual. Se despertaba temprano, tendía su cama, rezaba y limpiaba meticulosamente la jaula de sus canarios. Les cambiaba el agua, el alpiste, colocaba una zanahoria nueva y los sacaba al sol. La mañana del martes 21 de julio, el día en que el dolor de espalda por la tos seca se volvió insoportable y ella se preparaba para ir al hospital, no pudo hacerlo. Cuando su hijo quiso mover la jaula, los pájaros estaban muertos.

Elena falleció tres días más tarde en el hospital por insuficiencia respiratoria. Los médicos, cuenta su nieta, trataron de reanimarla durante 20 minutos.

su familia completa pisó con fuerza el Hospital Número 32 del IMSS y se llevó por delante a la madre de seis hijos y abuela de 18 nietos. Una familia que giraba en torno a esta mujer “fuerte, con mucho carácter”. Cuya última misión en la vida era mantenerlos unidos. Y ellos, especialmente sus yernos, reconocen la herencia de Elena en el genio duro y decidido de su descendencia.

Moises Márquez, 52 años – Director Editorial (7 de mayo en Tijuana, Baja California)

El periodista Moisés Márquez fue noticia de primera plana dos veces en su vida: por su nacimiento y por su muerte. El 15 de septiembre de 1967, un diario de su localidad natal, Guaymas, en Sonora, les dedicó la portada a él y a su madre por el tamaño extraordinario del recién nacido: más de 5 kilos.

Más de medio siglo después, llegó a la primera página de Infobaja, la revista de la que era director editorial en Tijuana. Un retrato suyo sonriente, como aparece en todas las fotos en las que no está trabajando, acompaña al título Apasionado por la noticia en el homenaje póstumo que hicieron sus compañeros el 14 de mayo, una semana después de que falleciera por coronavirus.

El virus lo agarró con fuerza, lo intubaron y se complicó muchísimo”, lamenta Vázquez Bayod. “Pero nos dio la oportunidad de ver cuánta gente quería a Moisés”. Según cuenta, la comunidad se movilizó para pagar los gastos de su internación y ayudar a su esposa Mirna y su hijo Modesto, vidas mexicanas que también se contagiaron y que ahora le sobreviven.

 

 

 

 

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