9 de Junio de 2026 | 11:56
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Advertencia, ansiedad y crecimiento bajo
Fernando Padilla Farfán
FERNANDO PADILLA FARFÁN

08 Jun 2026

Hay un tipo de problema que no suena en las alarmas. No hay pérdidas que reportar, no hay clientes que se vayan, no hay números rojos al cierre del mes. La empresa abre, opera, paga nómina y cumple. Desde afuera, todo parece en orden.
Pero el empresario lleva meses sin tomar una decisión que no sea defensiva.
El ingeniero Fernando Padilla Farfán dedicó esta conferencia a ese perfil. No al que está quebrando, sino al que está funcionando sin rumbo. Y lo hizo justo en el momento en que dos señales externas (una técnica, otra institucional) pusieron ese estado interior bajo una luz incómoda.
La señal que no grita, pero que importa
A finales de mayo de 2026, Moody's hizo algo que no pasa desapercibido en los mercados: bajó la calificación crediticia de México dejando al país a un solo escalón de perder el grado de inversión. La agencia señaló un debilitamiento sostenido de la fortaleza fiscal, aumento de la deuda y las presiones derivadas del apoyo continuo a Pemex. La deuda bruta del gobierno pasó de 39.8% del PIB en 2023 a 46% en 2024, y llegó a 49.3% en 2025.
Todo esto ocurre mientras la economía prácticamente no se mueve. México creció 1.1% en 2024, 0.8% en 2025 y apenas 0.2% en el primer trimestre de 2026. Moody's redujo su expectativa de crecimiento para este año a menos del 1%.
Fernando Padilla Farfán fue preciso al encuadrar esto: "No es una crisis. Es una trayectoria. Y las trayectorias son más peligrosas que las crisis, porque no activan las alarmas."
¿Qué produce en empresarios?
Aquí es donde la conferencia tomó un giro que no se esperaba.
Padilla preguntó algo directo: ¿Cómo se siente tomar decisiones en un entorno así? No en términos económicos. En términos mentales.
La respuesta, dijo, es un estado que conoce bien después de años de observar empresarios en contextos de baja tracción: No es miedo, no es parálisis, no es resignación. Es algo más sutil y más costoso. Es espera. Una espera activa, razonada, casi profesional. "Esperamos a que el dólar se estabilice. Esperamos a que pasen las elecciones. Esperamos a que se aclare el entorno regulatorio…. Esperamos."
Y mientras se espera, la empresa no crece. Pero tampoco duele. Porque sigue funcionando.
Eso es exactamente lo que hace que el problema sea difícil de atacar.


Por qué la rebaja de Moody's no es solo noticia financiera
Cuando una calificadora baja un escalón, lo que cambia no es solo el costo del crédito soberano. Cambia el precio al que una empresa mediana en México puede financiar una expansión. Cambia el apetito de inversión de fondos que tienen mandatos de solo operar en grado de inversión. Cambia la conversación en los consejos de administración de empresas que tienen operaciones aquí.
"Moody's no amenaza al país", dijo Padilla. "Recalcula expectativas. Y cuando el capital recalcula, el empresario que no estaba leyendo el entorno de repente lo siente en el precio de su crédito."
El diagnóstico que nadie quiere escuchar
Hay tres formas de responder a un entorno como este, y el ingeniero Fernando Padilla Farfán las describió sin suavizarlas demasiado.
El primero recorta, congela y espera. Sobrevive, pero se vuelve cada vez menos relevante. El segundo niega la señal, sigue igual y cuando el riesgo se materializa, lo alcanza sin margen de reacción. El tercero —el menos frecuente— no entra en pánico ni se paraliza. Ajusta su estructura, fortalece su criterio y usa el tiempo de baja tracción para preparar lo que viene.
La diferencia entre los tres no es el capital disponible. Es la disposición a leer el momento sin que el momento les guste.
Lo que se puede hacer cuando el país no empuja
La recomendación del ponente Fernando Padilla Farfán no fue optimista ni pesimista. Fue estructural.
En entornos de crecimiento bajo, las decisiones que más cuestan no son las que se toman mal. Son las que no se toman. Porque la inacción tiene un costo que no aparece en el estado de resultados, pero que se acumula: talento que se va, oportunidades que otros aprovechan, estructuras que se vuelven rígidas por falta de uso.
"Cuando el entorno no empuja, la empresa tiene que aprender a sostenerse sola. Y eso no significa hacer más. Significa decidir mejor." -Mencionó-.
Padilla cerró dejando la imagen de un empresario que revisa sus números cada semana, que cumple con todo, que duerme razonablemente bien, y que sin embargo lleva meses sin preguntarse hacia dónde va.
Ese empresario no está en crisis, pero tampoco está construyendo nada.
México conserva estabilidad macroeconómica, reservas y acceso preferencial al mercado estadounidense. El piso no se ha roto. Pero un piso, por sólido que sea, no es un destino.


Esta es opinión personal del columnista