25 de Enero de 2026 | 14:36
INICIO    ESTATAL    NACIONAL    INTERNACIONAL    NOTA ROJA    XALAPA    POZA RICA    CULTURA    VIRAL   
​El Taipei 101 sucumbe ante la destreza del escalador Alex Honnold

Con información de Excélsior | Taiwán | 25 Ene 2026 - 12:29hrs

Durante una hora, 31 minutos y 40 segundos, el rascacielos Taipei 101 dejó de ser un ícono arquitectónico para convertirse en uno de los escenarios más extremos jamás escalados por un ser humano. Sin cuerdas, sin arnés y sin margen de error, el estadounidense Alex Honnold transformó una estructura de 508 metros de altura en un reto vertical donde cada movimiento separaba la vida de la muerte.

Desde lo más alto, con el vacío absoluto bajo sus pies, Honnold se tomó una selfie que no solo inmortalizó la hazaña, sino que redefinió los límites de la escalada urbana extrema.

El ascenso comenzó donde normalmente termina la seguridad: la base del edificio. Honnold enfrentó 113 metros de acero y vidrio inclinado, una superficie diseñada para repeler el clima, no para ser escalada. A ello se sumaron dos estructuras metálicas decorativas, los “ruyi”, que exigieron precisión quirúrgica en los primeros minutos del reto.

En menos de 20 minutos, el escalador superó esta sección inicial, consciente de que un resbalón temprano habría sido definitivo.

Resistencia pura y control mental
El verdadero desafío llegó después. Entre los pisos 27 y 90, el cuerpo del Taipei 101 se organiza en ocho enormes módulos conocidos como “cajas de bambú”. Allí, Honnold ascendió 274 metros completamente verticales, alternando fuerza, equilibrio y lectura milimétrica de cada apoyo.

Mientras cientos de personas observaban desde el suelo —y otras tantas desde el interior del edificio—, el escalador avanzaba con una calma que contrastaba con el silencio tenso del público, consciente de que presenciaban algo que difícilmente volverá a repetirse.

Al alcanzar la torre superior, comenzó la fase más peligrosa. Los desplomes obligaron a Honnold a depender casi exclusivamente de la fuerza de sus brazos, con agarres mínimos y el viento como factor adicional.

Desde allí avanzó por los anillos estructurales hasta la aguja final, coronada por una esfera metálica suspendida sobre el vacío. Ese punto, inaccesible para el público, se convirtió en el símbolo final de la ascensión.

Una disciplina donde el error no existe
La escalada free solo es considerada la modalidad más extrema del deporte. No hay respaldo técnico, no hay segundas oportunidades. Un solo error, por pequeño que sea, implica la muerte.

Con esta ascensión, Honnold se convirtió en la primera persona en escalar el Taipei 101 bajo estas condiciones, superando incluso precedentes históricos. En 2004, el francés Alain Robert, conocido como el “Spiderman francés”, alcanzó la cima, pero utilizó cuerdas de seguridad debido a la lluvia.

La escalada formó parte del evento “Skyscraper Live”, transmitido por Netflix. Aunque originalmente estaba programado para el sábado, el mal clima obligó a posponerlo.

El domingo, con mejores condiciones, Honnold ascendió la cara sureste del edificio vestido con una camiseta roja y zapatillas de escalada amarillas hechas a medida. En un punto intermedio incluso se permitió una pausa para saludar al público desde un andén, mientras personas dentro del edificio lo observaban golpear el vidrio al pasar frente a la terraza del piso 89.

Admiración, miedo y asombro colectivo
Para muchos asistentes, el evento fue irrepetible.

Richard Bode, de 34 años, lo describió como una “experiencia única en la vida”.

Otros, como Lin Chia-jou, de 54, reconocieron que verlo fue “aterrador”.

El presidente de Taiwán, Lai Ching-te, también reaccionó públicamente.

La subida fue tensa y aceleró los corazones”, escribió, calificando la hazaña como profundamente emotiva.
Tras completar el ascenso, Honnold reflexionó sobre el sentido de asumir riesgos extremos.

El tiempo es finito y hay que aprovecharlo de la mejor manera”.
Admitió que al inicio sintió nervios, pero que estos desaparecieron con la altura.

Pensé: esto es divertido. Por eso lo hago”.
Para el escalador, el Taipei 101 representó algo inusual: una hazaña extrema sin aislamiento total.

Aquí hacemos Facetime con los niños y mañana estamos en casa”, dijo, contrastando esta escalada con expediciones remotas que duran meses.
Honnold reveló que escalar el Taipei 101 fue un objetivo durante años. Su primera solicitud fue rechazada y el proyecto quedó archivado durante más de una década.

Que finalmente se haya concretado es un privilegio enorme”, afirmó.

El estadounidense Alex Honnold transformó una estructura de 508 metros de altura en un reto vertical donde cada movimiento separaba la vida de la muerte.AFP
Durante una hora, 31 minutos y 40 segundos, el rascacielos Taipei 101 dejó de ser un ícono arquitectónico para convertirse en uno de los escenarios más extremos jamás escalados por un ser humano. Sin cuerdas, sin arnés y sin margen de error, el estadounidense Alex Honnold transformó una estructura de 508 metros de altura en un reto vertical donde cada movimiento separaba la vida de la muerte.

Desde lo más alto, con el vacío absoluto bajo sus pies, Honnold se tomó una selfie que no solo inmortalizó la hazaña, sino que redefinió los límites de la escalada urbana extrema.

El ascenso comenzó donde normalmente termina la seguridad: la base del edificio. Honnold enfrentó 113 metros de acero y vidrio inclinado, una superficie diseñada para repeler el clima, no para ser escalada. A ello se sumaron dos estructuras metálicas decorativas, los “ruyi”, que exigieron precisión quirúrgica en los primeros minutos del reto.

En menos de 20 minutos, el escalador superó esta sección inicial, consciente de que un resbalón temprano habría sido definitivo.

Resistencia pura y control mental
El verdadero desafío llegó después. Entre los pisos 27 y 90, el cuerpo del Taipei 101 se organiza en ocho enormes módulos conocidos como “cajas de bambú”. Allí, Honnold ascendió 274 metros completamente verticales, alternando fuerza, equilibrio y lectura milimétrica de cada apoyo.

Mientras cientos de personas observaban desde el suelo —y otras tantas desde el interior del edificio—, el escalador avanzaba con una calma que contrastaba con el silencio tenso del público, consciente de que presenciaban algo que difícilmente volverá a repetirse.

Al alcanzar la torre superior, comenzó la fase más peligrosa. Los desplomes obligaron a Honnold a depender casi exclusivamente de la fuerza de sus brazos, con agarres mínimos y el viento como factor adicional.

Desde allí avanzó por los anillos estructurales hasta la aguja final, coronada por una esfera metálica suspendida sobre el vacío. Ese punto, inaccesible para el público, se convirtió en el símbolo final de la ascensión.

Una disciplina donde el error no existe
La escalada free solo es considerada la modalidad más extrema del deporte. No hay respaldo técnico, no hay segundas oportunidades. Un solo error, por pequeño que sea, implica la muerte.

Con esta ascensión, Honnold se convirtió en la primera persona en escalar el Taipei 101 bajo estas condiciones, superando incluso precedentes históricos. En 2004, el francés Alain Robert, conocido como el “Spiderman francés”, alcanzó la cima, pero utilizó cuerdas de seguridad debido a la lluvia.

La escalada formó parte del evento “Skyscraper Live”, transmitido por Netflix. Aunque originalmente estaba programado para el sábado, el mal clima obligó a posponerlo.

El domingo, con mejores condiciones, Honnold ascendió la cara sureste del edificio vestido con una camiseta roja y zapatillas de escalada amarillas hechas a medida. En un punto intermedio incluso se permitió una pausa para saludar al público desde un andén, mientras personas dentro del edificio lo observaban golpear el vidrio al pasar frente a la terraza del piso 89.

Admiración, miedo y asombro colectivo
Para muchos asistentes, el evento fue irrepetible.

Richard Bode, de 34 años, lo describió como una “experiencia única en la vida”.

Otros, como Lin Chia-jou, de 54, reconocieron que verlo fue “aterrador”.

El presidente de Taiwán, Lai Ching-te, también reaccionó públicamente.

La subida fue tensa y aceleró los corazones”, escribió, calificando la hazaña como profundamente emotiva.
Tras completar el ascenso, Honnold reflexionó sobre el sentido de asumir riesgos extremos.

El tiempo es finito y hay que aprovecharlo de la mejor manera”.
Admitió que al inicio sintió nervios, pero que estos desaparecieron con la altura.

Pensé: esto es divertido. Por eso lo hago”.
Para el escalador, el Taipei 101 representó algo inusual: una hazaña extrema sin aislamiento total.

Aquí hacemos Facetime con los niños y mañana estamos en casa”, dijo, contrastando esta escalada con expediciones remotas que duran meses.
Honnold reveló que escalar el Taipei 101 fue un objetivo durante años. Su primera solicitud fue rechazada y el proyecto quedó archivado durante más de una década.

Que finalmente se haya concretado es un privilegio enorme”, afirmó.