
Isaac Carballo Paredes | Poza Rica, Ver. | 18 Mar 2026 - 14:23hrs
En los muros que rodean la fachada principal del Palacio Municipal, a la vista de quienes transitan diariamente por el corazón de la ciudad, se despliega una historia que no está escrita con palabras, sino con formas, colores y símbolos. El mural “Desde las primitivas labores agrícolas prehispánicas hasta el actual desarrollo industrial petrolero”, obra del artista Pablo O'Higgins, es una narración visual que condensa siglos de transformación y que hoy, a casi siete décadas de su inauguración, sigue dando identidad a Poza Rica.
De acuerdo con el cronista municipal, José Luis Rodríguez Badillo, esta obra fue inaugurada en 1959, en el marco de la conmemoración del 18 de marzo, fecha emblemática para la ciudad por su vínculo con la industria petrolera. La coincidencia no es menor, ya que en esta fecha se celebra una de las festividades más importantes para las y los pozarricenses, la Expropiación Petrolera, un capítulo de la historia que refuerza el sentido histórico del mural como símbolo de identidad colectiva.
La inauguración del mural se realizó de manera simultánea con el edificio del Palacio Municipal, concebido por el arquitecto Ángel Anda y Cuevas, quien desde el diseño original dejó previsto el espacio para albergar un mural monumental. La intención no solo era embellecer el inmueble, sino dotarlo de un elemento artístico que representara la esencia de la ciudad en pleno auge petrolero.
Para su realización, se lanzó una convocatoria a nivel nacional dirigida a artistas de gran trayectoria, en la que resultó ganador Pablo O’Higgins, reconocido muralista que, aunque originario de Estados Unidos, encontró en México su hogar y su inspiración artística. Su propuesta destacó no solo por su contenido, sino por la técnica empleada, pensada para resistir las condiciones adversas del entorno.
Y es que, en aquella época, la ciudad enfrentaba factores agresivos como el gas derivado de la actividad petrolera, la intensa radiación solar y la constante humedad. Ante ello, el mural fue elaborado con placas cerámicas que fueron dibujadas, trasladadas y horneadas antes de ser colocadas una a una, lo que ha permitido su permanencia a lo largo del tiempo.
En su composición, la obra se divide en tres secciones que relatan la evolución histórica de la región. En la primera, se aprecian las labores agrícolas de la época prehispánica, con la figura de un totonaca que transita frente a una estructura que remite a la zona arqueológica de El Tajín, símbolo de las raíces culturales de la región.En una segunda escena, el mural introduce elementos de organización social y poder, representados por figuras que evocan la autoridad en la época prehispánica, así como símbolos como la voluta, que en la tradición náhuatl representa la palabra y el ejercicio del mando, anticipando la vida institucional que más tarde se consolidaría en la ciudad.
Finalmente, la tercera sección muestra la irrupción de la industria petrolera, con la presencia de oleoductos, torres de perforación y la figura de un soldador, este último como símbolo de la modernidad técnica que comenzaba a transformar el panorama económico y social de la región con la consolidación de Petróleos Mexicanos.
El cronista subrayó que este mural es mucho más que una obra artística, "es un testimonio de la transformación de Poza Rica, que pasó de ser una zona agrícola a convertirse en uno de los principales centros petroleros del país". En ese sentido, destacó la importancia de que la población conozca su significado, valore su contenido y contribuya a su preservación, especialmente en el contexto del 18 de marzo, fecha que no solo conmemora la historia petrolera, sino que también reafirma el sentido de pertenencia de toda una ciudad.