23 de Agosto de 2026 | 14:52
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Pensé que era fake…
DAVID VALLEJO
CÓDIGOS DEL PODER

23 Ago 2026

El viernes abrí las noticias y tuve que leer dos veces porque Rubén Rocha Moya regresaba a gobernar Sinaloa después de 112 días de licencia y con una acusación federal en Estados Unidos que lo señala por presuntamente conspirar con integrantes del Cártel de Sinaloa para facilitar el tráfico de drogas a cambio de sobornos y favores políticos. Pensé que era fake, revisé otros medios y descubrí que la historia era cierta.


Horas después apareció otro encabezado todavía difícil de creer, porque Morena se deslindaba de su gobernador, la Secretaría de Gobernación informaba que su regreso había sido una decisión personal y 23 gobernadores de la Cuarta Transformación difundían un documento conjunto para pedirle “madurez y responsabilidad”, condenar la “desmesura” y las “decisiones de facción” y respaldar categóricamente a Claudia Sheinbaum. Volví a pensar que era fake, incluso un gran amigo me mandó la nota y me preguntaba también si era fake y volví a equivocarme.


Después llegó el mensaje de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien escribió que ningún interés personal podía colocarse por encima del pueblo y de la Nación y lanzó una frase devastadora para un gobernador surgido de su propio movimiento cuando afirmó que “el poder sin principios se vuelve arrogancia”, palabras cuya importancia estaba tanto en su dureza como en el hecho de que una Presidenta decidiera utilizarlas públicamente contra un integrante de su propia coalición.


Cuando parecía que el fin de semana había agotado su capacidad para sorprender, apareció otro giro digno de una novela política, porque el sábado por la noche Rocha Moya pidió nuevamente licencia al Congreso de Sinaloa, esta vez por tiempo indefinido, después de haber recuperado el gobierno de un estado con alrededor de 3.1 millones de habitantes durante apenas unas 34 horas. Por tercera ocasión pensé que era fake y por tercera ocasión la realidad resultó suficientemente extraña para prescindir de la ficción.


En esas 34 horas ocurrió algo mucho mayor que el regreso frustrado de un gobernador, porque quedó expuesta con una claridad extraordinaria una disputa que llevaba meses insinuándose dentro del movimiento dominante de México, con el viejo sistema de lealtades construido alrededor de Andrés Manuel López Obrador frente al poder presidencial que Claudia Sheinbaum está consolidando.


Rocha pertenece políticamente al primero, recibió durante años el respaldo de López Obrador y fue defendido reiteradamente frente a acusaciones relacionadas con el narcotráfico, aunque convertir esa cercanía en evidencia de que el expresidente ordenó su regreso significaría cruzar la frontera entre análisis y fantasía, porque hasta ahora carecemos de pruebas para sostenerlo. Lo relevante consiste en que Rocha actuó como si todavía existiera suficiente poder político alrededor suyo para regresar unilateralmente, recuperar el gobierno y obligar al resto del movimiento a aceptar el hecho consumado.


El cálculo resultó desastroso porque Morena tomó distancia, Gobernación hizo lo mismo, legisladores oficialistas pidieron que reconsiderara y 23 gobernadores cerraron filas alrededor de Sheinbaum mediante un documento extraordinario por su lenguaje, donde aparecen palabras como personalismo, desmesura, decisiones de facción, disciplina, institucionalidad y lealtad, expresiones severas en cualquier organización política y especialmente significativas dentro de un movimiento construido durante décadas alrededor de la unidad presidencial.


La señal resulta difícil de ignorar porque el obradorismo conserva dirigentes, gobernadores, legisladores, estructuras territoriales y una enorme influencia histórica, pero cuando buena parte de esa estructura tuvo que escoger públicamente entre proteger a un antiguo aliado de López Obrador o respaldar a quien ocupa Palacio Nacional, escogió a Claudia.


Para la oposición, el episodio llegó como un regalo difícil de desperdiciar porque PAN, PRI y Movimiento Ciudadano tienen un argumento que puede condensarse en tres palabras particularmente incómodas para Morena, Sinaloa, narcotráfico y poder, una asociación que intentarán llevar hasta las urnas de 2027 mientras Rocha rechaza los cargos y una acusación estadounidense conserva precisamente ese carácter hasta que los tribunales determinen responsabilidades.


El caso posee una dimensión internacional excepcional porque estamos ante un gobernador mexicano en funciones acusado por fiscales estadounidenses de presuntos vínculos con una organización criminal, dentro de una relación bilateral donde narcotráfico, fentanilo, extradiciones, seguridad fronteriza y cooperación judicial ocupan el centro de la agenda. El Departamento de Justicia estadounidense acusa a Rocha y a otros funcionarios sinaloenses de haber conspirado con Los Chapitos para facilitar narcotráfico a cambio de beneficios políticos y económicos, mientras México exige elementos suficientes para proceder y mantiene abierta su propia investigación.


El regreso produjo así una imagen diplomática explosiva, con un mandatario estatal señalado por fiscales estadounidenses ejerciendo otra vez el poder mientras ambos gobiernos intentan administrar una de las relaciones de seguridad complejas del continente. Su segunda licencia reduce la tensión inmediata, aunque el expediente estadounidense permanece abierto y cualquier versión sobre una operación de Washington para provocar su salida pertenece, hasta que aparezcan evidencias, al terreno de la especulación.


La dimensión jurídica resulta igualmente fascinante porque Rocha pidió una licencia indefinida, figura completamente distinta de una renuncia, y mientras jurídicamente exista una ausencia temporal conserva la titularidad constitucional aunque otra persona ejerza las funciones de gobierno. Si esa ausencia llegara a convertirse en falta absoluta durante esta etapa del sexenio, la Constitución sinaloense permite al Congreso designar a quien concluya el periodo en lugar de abrir automáticamente una elección extraordinaria.


Esa diferencia aparentemente técnica puede decidir el destino político de Sinaloa, porque detrás de la palabra licencia se encuentran el control del gobierno estatal, la supervivencia del grupo de Rocha y una elección de 2027 que acaba de adquirir dimensión nacional.


Morena necesita conservar un estado emblemático mientras intenta separar su marca del expediente Rocha, la oposición necesita transformar el escándalo en votos y superar su fragmentación, Claudia necesita un candidato capaz de romper con el desgaste del rochismo sin provocar una guerra interna y Estados Unidos seguirá observando un territorio central para su política de seguridad, drogas y combate al Cártel de Sinaloa.


La sucesión será entonces bastante distinta de una elección convencional, porque determinará quién heredará el poder territorial construido durante este sexenio, cuánto conservará el grupo de Rocha y hasta dónde llegará la renovación interna impulsada desde Palacio Nacional. Sinaloa elegirá gobernador en 2027, pero alrededor de esa elección también se disputará la capacidad de Sheinbaum para construir una generación propia dentro del movimiento que heredó y la posibilidad de la oposición de convertir la crisis sinaloense en una derrota electoral para Morena.


Entre tantas voces hubo también silencios elocuentes, como el de Adán Augusto López, mientras la bancada de Morena a la que pertenece sí marcaba distancia de Rocha


Durante años se ha discutido cuánto poder conservaría el universo construido por López Obrador una vez terminada su Presidencia y cuánto conseguiría acumular Claudia Sheinbaum mediante el ejercicio de la suya, una discusión que suele perderse entre rumores, columnas políticas, fotografías, nombres y supuestas conspiraciones.


Las 34 horas de Rubén Rocha Moya ofrecieron una respuesta difícil de ignorar, porque comenzó el fin de semana recuperando el gobierno de Sinaloa con la seguridad de quien consideraba que todavía tenía suficiente fuerza para hacerlo y terminó pidiendo otra licencia después de que Morena, los gobernadores y la Presidenta marcaran distancia.


Pensé que era fake porque parecía demasiado extraño para ser cierto, pero después de 34 horas quedó claro que la historia importante era mucho mayor que el regreso de Rocha, porque terminó revelando dónde está realmente el poder y cuánto puede pesar ese poder cuando lleguen las elecciones.


¿Voy bien o me regreso? Nos leemos pronto, si la IA y las fake news que resultan ciertas todavía nos permiten distinguir la ficción de la política mexicana.


Placeres culposos: 2 estrenos musicales, los nuevos álbumes de Weezer y Brandon Flowers.


También lo nuevo de Enrique Serna, El Dios Hambriento.


Plástico para forrar para Greis y libros y cuadernos para Alo.


Esta es opinión personal del columnista