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PEDRO CHAVARRÍA DISECTOR |
01 Oct 2025
Todas las células se dividen y así generan nuevas células. Aún las neuronas, que se creía que no lo hacían, bajo ciertas circunstancias y lugares, lo hacen. Cuando una célula se divide, reparte su material en dos, excepto su contenido nuclear. En el núcleo residen los “planos” de cómo construir un nuevo ser humano, o cualquier otro ser vivo, excepto bacterias, que no tienen núcleo.
Los “planos” corresponden químicamente a la famosa molécula gigante llamada Ácido desoxirribonucleico, ADN, para abreviar. En ella se codifican todas las proteínas que habrán de fabricar un ser vivo para ser parte de su especie, es decir, parecerse a los de su familia, en sentido amplio, como decir, la familia de los gatos, aunque estrictamente no sea una familia. El caso es que el núcleo contiene la información genética, que debe transmitirse por herencia, de padres a hijos, o de una célula a sus descendientes.
De forma descriptiva lo podemos súper-simplificar diciendo que es un proceso de “copy&paste”. La célula que va a dividirse copia primero su material genético y luego lo “pega” en cada célula resultante. Así todas las descendientes reciben y conservan la misma información, salvo errores ocasionales que pueden suceder.
En el núcleo el DNA toma la forma dispersa llamada cromatina, que para el momento de la división celular se enrosca y condensa formando los conocidos cromosomas. Cada célula humana posee 46 cromosomas, 23 son donados por el padre y 23 por la madre, en el caso humano. Aquí la división es un poco más compleja, porque no es una célula individual que se divide, sino el resultado de dos células que se funden y de ello resulta un ser humano tras el desarrollo necesario.
Primer problema: si se funden dos células con 46 cromosomas cada una, el resultado tendría 92 cromosomas, y no es así en realidad. La naturaleza ha resuelto el problema arreglando que cada célula que vaya a fundirse -gameto- sea óvulo o espermatozoide, tenga solo la mitad de cromosomas. Si cada gameto aporta 23, tendremos 46 tras la fecundación del óvulo por un espermatozoide. Asunto resuelto.
Para que se puedan generar óvulos y espermatozoides se requiere “bajar la dosis cromosómica” a la mitad. Las células precursoras de gametos, en ovarios y testículos sufren un proceso especial de división celular, llamado meiosis, que hace justamente eso: les reparte solo la mitad de los cromosomas, o sea, la mitad de la información genética, en el entendido que el otro gameto llevará la mitad faltante.
La meiosis sucede solo en ovario y testículo con los que serán gametos. En ninguna otra parte del cuerpo, ni en ninguna otra célula sucede esto, y una vez sucedido, no hay más reproducción celular para los gametos; están destinados a esperar a su contraparte, o morir de viejos, lo que sucede todos los días con millones de espermatozoides, pues solo uno, el privilegiado que penetre primero al óvulo, verá realizado su destino: engendrar un nuevo ser, que llevará mitad y mitad de información diferente: la que aportó su madre y la que aportó su padre, a través de los correspondientes gametos. Por eso los hijos muestran caracteres semejantes a sus padres, pero son diferentes, debido a la mezcla de dos legados.
Todas las demás células del cuerpo, tienen sus 46 cromosomas, venidos de aquella mezcla. Eso aprendimos en la escuela de medicina. Las células gaméticas han experimentado meiosis y reducido sus cromosomas a la mitad. Y todas las demás células corporales experimentan el proceso reproductivo llamado mitosis y conservan sus 46 cromosomas. Pues resulta que ya no. Científicos de la reproducción han inventado una combinación de ambos procesos celulares reproductivos, mitosis y meiosis, en una sola célula.
Poco más que asombroso. Forzamos a la naturaleza por un camino nunca antes visto, ni pensado siquiera. Tomamos en nuestra mano las riendas de la naturaleza, que seguía un camino tan seguro que nos ha traído hasta aquí, a lo que somos todos los seres vivos que nos reproducimos de manera sexual, es decir, a partir de dos progenitores que funden sus gametos en una sola célula y de ahí se derivan todas las que han de componer al nuevo ser.
Con el nuevo procedimiento, mitomeiosis, se logra que una célula del cuerpo, no gameto, digamos, de la piel, se comporte como gameto, para lo cual la forzamos a perder la mitad de sus cromosomas y la convertimos en un falso gameto nuevo -¿neogameto?-. En realidad, el proceso es bastante más complejo, pero, en resumidas cuentas, así resulta. Una célula de la piel con solo 23 cromosomas. Inaudito, por decir lo menos.
En realidad, se toma una célula de la piel, se le extrae el núcleo y este se inserta en un óvulo desprovisto de su núcleo. Se trata de un trasplante nuclear de célula cutánea a óvulo. Este, con su nuevo núcleo llevará cabo su proceso de meiosis y reducirá sus cromosomas a la mitad y quedará un óvulo “funcional” con los 23 cromosomas requeridos, pero provenientes de la piel. En realidad “engañamos” al óvulo y éste sigue su camino y queda listo para ser fecundado cuando llegue el espermatozoide correspondiente. Meiosis, con reducción de cromosomas a la mitad, que es lo que la define, pero con un núcleo originario de una célula somática -del cuerpo, no gamética-.
Ya se ha logrado que uno de estos manipulados óvulos se fusione in vitro con un espermatozoide. Intriga saber el resultado ¿verdad? Pues bien, la tasa de éxito, es decir, lograr que tras la fusión empiecen las mitosis tradicionales que darían origen a todas las células del nuevo ser, empiece, es de solo el 9%. La gran mayoría de los óvulos “fake”, no funciona, pero 9% sí funcionó. Se dejaron llegar hasta completar ente 70 y 200 células, momento en que deberían implantarse en un útero para continuar su desarrollo, pero en lugar d esto, se destruyeron. Se logró demostrar que funcionan estos pseudo-óvulos, pero no se les dejó llegar a formar un ser humano completo.
El aspecto bioético es fundamental. Se experimenta con vidas humanas. ¿Qué garantías hay de que el ser humano así engendrado será normal? No sabemos, por eso lo han abortado muy tempranamente, aunque aquí, el concepto de abortar lo usamos más en términos literales, que médicos; como abortar una maniobra determinada. De todos modos, cualquiera que se la acepción de abortar, es terminar con una vida humana en potencia. El procedimiento se ha hecho en China, donde las regulaciones éticas son diferentes. Podría pensarse que es un procedimiento malvado, o morboso, pero en realidad, tiene cierta justificación.
Algunas mujeres tienen problemas con sus óvulos y estos no funcionan, o bien, su edad ya no aconseja usarlos, pues bien sabemos que las mujeres, pasadas cierta edad, tiene propensión a tener hijos con síndrome de Down. Estas personas podrían beneficiarse con este procedimiento y ver “renovados” sus óvulos fallidos, sea por enfermedad, o por el riesgo de que con los años pasados hayan acumulado defectos potencialmente graves.
Se podrían extraer quirúrgicamente óvulos “afectados”, sustituirles el núcleo por uno tomado de una célula de la piel, introducirlo en lugar del núcleo original del óvulo, forzar a que este entre en meiosis, expulse la mitad de los cromosomas “cutáneos” y quede funcional, listo para recibir en el laboratorio, un espermatozoide de su pareja, o del donador de esperma. Esto es solo una promesa y calculan otros diez años de investigaciones antes de perfeccionar y probar su metodología, que no saben si se autorizará en USA.
Queda en el aire que el donador nuclear cutáneo sea otra persona diferente a quien aporta el óvulo “desnucleado”. En este caso, biológicamente, el nuevo ser tendría tres padres, quizá dos mujeres y un hombre o dos padres -el que aportara el esperma y el que aportara el núcleo para el óvulo “recargado”, más la mujer, que aporta su óvulo sin núcleo, pero que lleva genes de la madre en las mitocondrias que van en el citoplasma del óvulo. Situación complicada.
Estamos inventando una nueva biología, más allá de cyborgs, con seres engendrados con componentes puramente biológicos y aún así, no naturales. Se antoja irreal: seres biológicos no naturales, pero en el fondo, eso sucedería. Por ahora no se ha llevado a término, pero tal parece que esa es la idea. ¿Avance médico? ¿Experimentación irresponsable con seres humanos, al menos en potencia? ]No podemos saber, pero la disyuntiva no deja de estar presente, atenazándonos: ¿perdemos un avance médico con tal de no tomar la biología en nuestras manos, y modificar ideas bioéticas?
Un punto central de la biología es la capacidad reproductiva -los seres vivos nacen, crecen, se reproducen y mueren- y ya desde los procedimientos de fertilización asistida, hemos traspasado esa barrera ética al manipular la fertilidad. Pero ha resultado en hijos que no podían ser concebidos por la vía natural. ¿Dónde detenernos? No pretendo dar respuestas, sino plantear preguntas. La filosofía se dedica más a preguntar que a responder, y así corresponde a una especie de disección: separa, explora, busca relaciones y mecanismos. Las respuestas son más complicadas.
¿Es la biología sagrada? Es decir, ¿debemos aceptarla tal cual se nos manifiesta, o tenemos la posibilidad de tomarla en nuestras manos? ¿Jugar a ser dioses, o acatar el mandato bíblico: “Que el hombre se enseñoreé del mundo”? Cierto que con el señorío y poder viene también la responsabilidad. De cualquier manera, somos destructores de vida, criamos animales para sacrificarlos y comerlos. Igual hacemos con vegetales. Hay una línea muy fina entre lo que podemos hacer y lo que no deberíamos; con frecuencia se borra o no la vemos bien.
Al final, nuestra tendencia ha sido prosperar a costa del medio vivo y no vivo. Esa es la naturaleza humana y en general de muchos seres vivos: la depredación. Y hemos tratado de atemperarla, sin mucho éxito, pero algo se hace. El crecimiento de una población es la principal manifestación -biológica- del éxito. Crecimiento es igual a mayor depredación y destrucción paulatina del planeta. ¿Dónde detenernos?
Esta es opinión personal del columnista