
![]() |
DAVID VALLEJO CÓDIGOS DEL PODER |
04 Dic 2025
El mundo cambia de manera distinta cuando una tecnología ocupa un espacio físico. Una computadora procesa datos. Un modelo de inteligencia artificial genera ideas. Un robot humanoide habita contigo. Esa diferencia abre una grieta emocional y filosófica que la humanidad apenas comienza a comprender.
El anuncio más reciente proviene de Shenzhen, donde UBTECH afirmó haber iniciado la producción industrial del Walker S2 y la entrega inicial de varias centenas de unidades para fábricas y centros logísticos. Lo que hace unos años era una exhibición en ferias tecnológicas ahora es un proceso con volumen, contratos firmados y proyecciones verificables. La empresa habla de quinientas unidades entregadas en este mismo año, de pedidos que rebasan los ochocientos millones de yuanes y de una capacidad que podría llegar a cinco mil humanoides al año en 2026 y diez mil en 2027. Es la primera vez que estos números aparecen asociados a una máquina bípeda capaz de manipular objetos, recorrer pasillos, levantar cajas, revisar inventarios y aprender tareas complejas mediante modelos propios de IA.
China aceleró el tablero completo. En Zigong, Sichuan, se prepara un centro de datos donde estos robots participarán en labores de recolección y supervisión. En Guangxi existen contratos formales para tareas de seguridad, inspección y logística. La idea de un humanoide trabajando en espacios regulados, monitoreados y vinculados a actividades críticas dejó de ser un ejercicio imaginario. Forma parte de una cadena de producción.
Mientras tanto, XPeng desarrolla IRON con un enfoque centrado en movilidad híbrida y precisión en articulaciones. Onex apuesta por NEO, un humanoide de un metro setenta capaz de cargar treinta kilogramos y sostener labores repetitivas con estabilidad sorprendente. Tesla perfecciona Optimus con actuadores propios y una coordinación motora que ya le permite realizar tareas domésticas y manipular objetos frágiles. Agility avanza con Digit en colaboración con Amazon. Sanctuary crea modelos que aprenden directamente de instrucciones lingüísticas. Boston Dynamics mantiene liderazgo en movilidad extrema. Xiaomi, Figure, Fourier y otras firmas agregan presión competitiva que acelera cada avance.
El lector puede preguntarse si estas máquinas realmente funcionan en condiciones reales. Los reportes indican que comienzan a operar en manufactura automotriz, en centros de almacenamiento y en pruebas de integración con infraestructura crítica. Los volúmenes aún son pequeños si se comparan con la magnitud de cualquier bien de consumo, aunque representan una transición histórica. Por primera vez un humanoide sale de una vitrina y entra a una línea de trabajo.
La pregunta decisiva surge cuando imaginamos el siguiente paso. Un momento en el que estos robots se vuelvan accesibles para organizaciones medianas, comercios pequeños y, eventualmente, hogares. El costo unitario desciende con rapidez cuando la producción escala. Un humanoide que hoy representa una inversión de cientos de miles de dólares puede convertirse en un asistente asequible si la industria completa adopta estándares compartidos y componentes modulares. Esto ya ocurrió en tres revoluciones previas. El motor de combustión amasó fortunas al inicio y después se volvió universal. La computadora personal transformó vidas cuando dejó de ser un artefacto elitista y entró en cada casa. La inteligencia artificial siguió ese camino en un lapso de meses.
La presencia física abre dilemas inéditos. Quién será responsable de las decisiones que tome una máquina cuando reaccione ante un imprevisto. Qué ocurrirá cuando un humanoide interactúe con niños, adultos mayores o personas vulnerables. Qué significa delegar tareas íntimas a un asistente fabricado por una corporación. Qué efectos tendrá compartir el espacio doméstico con una entidad que aprende hábitos, rutinas y gestos. Qué implicará que un robot, equipado con sensores avanzados, pueda observar, escuchar, memorizar y proyectar preferencias humanas.
También hay preguntas de identidad. Qué representa el esfuerzo cuando existe un compañero que jamás siente fatiga. Qué representa el mérito cuando una máquina ejecuta una tarea con precisión constante durante horas completas. Qué representa el valor humano cuando la eficiencia deja de ser un atributo exclusivamente nuestro.
Y sin embargo, dentro de esta inquietud emerge una oportunidad que invita a pensar. Tal vez el valor de la humanidad cambie de lugar. Tal vez la creatividad, el juicio, la imaginación, la capacidad de maravillarse y la sensibilidad encuentren un espacio ampliado. Tal vez la presencia de estas máquinas libere tiempo para actividades que hoy descuidamos. La historia sugiere que cada revolución tecnológica modifica nuestra identidad y termina por empujar al ser humano hacia regiones nuevas del pensamiento.
Esta etapa representa uno de esos momentos en los que la humanidad se mira en la frontera de algo desconocido. Un año en el que la palabra humanoide deja de pertenecer a la literatura y entra a los contratos firmados, a las naves industriales, a los centros de datos y a los planes de expansión corporativa. Un instante en el que comienzan a caminar entre nosotros figuras que hace una década pertenecían a una caricatura futurista.
Todo indica que esta presencia crecerá. Todo indica que pronto veremos robot asistentes en cadenas de supermercados, hospitales, hoteles, aeropuertos, fábricas y servicios urbanos. Todo indica que una parte de nuestra vida cotidiana se reorganizará alrededor de la convivencia con estas entidades que se mueven, aprenden y ocupan el espacio.
Entonces llega la pregunta esencial. Qué haremos al recibir a la primera máquina que se comporte como una presencia capaz de acompañarnos. Qué tipo de sociedad emergerá cuando un robot tenga la capacidad de trabajar junto a un ser humano y adaptarse a su entorno. Qué transformaciones nacerán cuando la humanidad comparta la existencia con seres sintéticos diseñados para caminar, cargar, decidir y aprender. Su presencia obligará a reconsiderar lo que significa vivir en un mundo donde lo artificial dejó de habitar dentro de una pantalla y ahora camina a nuestro lado.
¿Voy bien o me regreso? Nos leemos pronto si la IA y los humanoides lo permiten.
Placeres culposos: el documental de antología de The Beatles en Disney.
Noche buenas para Greis y Alo.
Esta es opinión personal del columnista