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Liderar con visión en tiempos de cambio
Fernando Padilla Farfán
FERNANDO PADILLA FARFÁN

06 Ene 2026

Vivimos una etapa histórica caracterizada por la incertidumbre. Los cambios económicos, tecnológicos y sociales se presentan con una velocidad sin precedentes, obligando a personas, empresas e instituciones a replantear la forma en que toman decisiones y enfrentan el futuro. En este contexto, el liderazgo adquiere un significado distinto: ya no se trata únicamente de dirigir, sino de comprender, anticipar y acompañar.
Liderar en tiempos de cambio exige mucho más que conocimientos técnicos o experiencia acumulada. Requiere visión de largo plazo, capacidad de adaptación y, sobre todo, un profundo sentido de responsabilidad. Las decisiones que se toman desde una posición de liderazgo no solo impactan en los resultados financieros, sino en la vida de las personas, en la cultura organizacional y en la confianza que se construye día a día.
Uno de los mayores retos del liderazgo actual es aprender a convivir con la incertidumbre sin paralizarse. La tentación de esperar “mejores condiciones” para actuar suele ser grande, pero la realidad demuestra que quienes avanzan son aquellos que toman decisiones informadas, aun sin tener todas las respuestas. En ese proceso, la claridad de valores se convierte en una brújula indispensable.
Un líder efectivo entiende que las organizaciones no son estructuras rígidas, sino comunidades humanas. Escuchar al equipo, reconocer el talento, fomentar la participación y generar espacios de diálogo fortalece la capacidad colectiva para enfrentar los desafíos. Cuando las personas se sienten valoradas y comprendidas, responden con compromiso, creatividad y lealtad.
La confianza es, sin duda, uno de los activos más valiosos en cualquier empresa. Se construye con congruencia, transparencia y constancia. Un liderazgo que comunica con honestidad, que explica el porqué de las decisiones y que asume responsabilidades genera credibilidad incluso en los momentos más complejos. La confianza no elimina los problemas, pero permite enfrentarlos con unidad y madurez.
Asimismo, liderar implica aceptar que el error forma parte del camino. En un entorno cambiante, equivocarse no siempre es sinónimo de fracaso; muchas veces es una oportunidad de aprendizaje. La diferencia está en la capacidad de corregir, ajustar y seguir adelante con humildad y determinación. Las organizaciones que aprenden de sus errores se vuelven más resilientes y competitivas.
Otro aspecto fundamental del liderazgo contemporáneo es la visión de largo plazo. Las decisiones que privilegian únicamente el beneficio inmediato suelen tener costos ocultos en el futuro. Por el contrario, cuando se apuesta por el desarrollo de las personas, la ética en los negocios y la sostenibilidad, se construyen empresas sólidas, capaces de trascender generaciones.
Hoy más que nunca, liderar es servir. Es inspirar con el ejemplo, promover una cultura basada en el respeto y el trabajo bien hecho, y entender que el verdadero éxito empresarial se mide no solo en resultados económicos, sino en el impacto positivo que se genera en el entorno.
En tiempos de cambio, el liderazgo con visión no busca certezas absolutas, sino dirección, coherencia y sentido humano. Porque las empresas pueden crecer en cifras, pero solo trascienden cuando crecen también en valores.


Esta es opinión personal del columnista