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LUIS ROBERTO CHAGRA LUIS ROBERTO CHAGRA |
17 Feb 2026
Durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, Marco Rubio, Secretario de Estado de EE.UU., dio uno de los mejores discursos de su carrera. Frente a la clase política europea, Rubio enumeró los objetivos, alcances y justificaciones de una nueva hermandad cultural entre los Estados Unidos y Europa. No es casualidad que la terminología usada por el secretario haga alusión a un frente unido en lo bélico y en lo cultural, una herencia compartida que hoy se encuentra bajo ataque.
Cultura es seguridad
La trascendencia de este discurso responde al contexto europeo actual, en donde la identidad cultural es usada como herramienta para la consolidación de los emergentes partidos de ultraderecha populista en países como Alemania, Dinamarca, Francia, España, Reino Unido, Italia, Hungría, Austria, Polonia entre otros. La percepción de una amenaza a la cultura europea, la extrema polarización y el descontento causado por la migración masiva han creado la tormenta perfecta para el populismo reaccionario que hoy se encuentra cada vez más cerca del poder, y que propone, como lo hace tradicionalmente el populismo, soluciones radicales a problemas ambiguos. Esto no invalida la importancia de la asimilación cultural de los migrantes, y las consecuencias de no asegurarse que esta ocurra.
Según la encuestadora YouGov, en los casos específicos de Alemania, Dinamarca, Polonia, España, Italia y Francia, más de la mitad de la población apoya la moción para la reducción drástica de migrantes legales e ilegales. La percepción de inseguridad está entrelazada con la migración legal e ilegal y se ha vuelto el principal ángulo de ataque a los partidos en el poder. El discurso, en el cual se menciona directamente la migración masiva como una amenaza directa a la herencia cultural europea, es un llamado directo a la nueva clase política y un ultimátum para la Unión Europea.
En contraste con el Vicepresidente JD Vance, quien el año pasado dió un discurso polémico por su tono condescendiente y agresivo, Rubio se enfocó en subrayar los elementos que unen a ambos pueblos y apaciguó las preocupaciones de los aliados más cercanos a los Estados Unidos. Dejó en claro que el temido aislacionismo no será la estrategia del Departamento de Estado; no obstante, Rubio no evitó las conversaciones incómodas: migración y soberanía, temas que hoy colocan a Europa en una encrucijada frente a electores que claman por un cambio y que rechazan a las élites políticas tradicionales.
¿Qué sigue para Europa?
El discurso de Rubio no fue una invitación al aislamiento, sino una advertencia: Estados Unidos está listo para defender a Occidente, pero Occidente debe demostrar que quiere ser defendido. Existen dos opciones, nadar contra la corriente, como lo ha hecho Pedro Sánchez en España, a través de la regularización de 500,000 migrantes en situación ilegal, lo que lo sitúa hoy como uno de los líderes menos populares del mundo, o seguir la línea de Polonia, Dinamarca e Italia, en la que la reducción de la migración legal e ilegal ha llevado a sus líderes a números de popularidad más positivos.
En el caso específico de Dinamarca, apelar al electorado ha resultado en la contención de los partidos de la derecha más acérrima. La adopción de una política migratoria más estricta y restrictiva ha permitido a partidos y coaliciones de centroizquierda e izquierda conservar el poder.
Soberanía energética ante Rusia
Desde la salida del poder de Angela Merkel en 2021, La Unión Europea ha lidiado con el legado de una figura antes admirada de manera casi universal y que hoy, en el recuento de los daños, es una de las más polémicas de su historia reciente. La invasión de Ucrania, el empoderamiento energético de Rusia y la desindustrialización de Alemania y Europa Occidental han sido consecuencias directas de las decisiones tomadas por Merkel.
Hoy, Europa se enfrenta a una decisión existencial: mantener su pureza regulatoria o salvar su base industrial y alejarse de la dependencia energética. La supervivencia de la cultura va de la mano de la prosperidad económica y la soberanía energética.
La hermandad cultural propuesta por Rubio no se trata de una cortesía diplomática, sino del precio de entrada al nuevo orden geopolítico. El mensaje es claro: Estados Unidos no abandonará a Europa, pero tampoco subsidiará su declive industrial, cultural y social.
Esta es opinión personal del columnista