4 de Marzo de 2026 | 16:00
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¿Qué es la muerte?
GILBERTO HAAZ DIEZ
ACERTIJOS

04 Mar 2026

A la muerte le han cantado bardos y escrito poetas. Juan Manuel Serrat, solía decir: “Si la muerte pisa mi huerto, quién firmará que he muerto de muerte natural.

Nadie la quiere. Muchos la han maldecido, como Carlos Fuentes cuando perdió un hijo: “Qué injusta, qué maldita, qué cabrona es la muerte que no nos mata a nosotros sino a los que amamos”.

Los bardos eran poetas, músicos y narradores orales en las antiguas culturas celtas y británicas, encargados de transmitir leyendas, poemas heroicos y la historia de sus pueblos. A menudo formados en escuelas especializadas, gozaban de alto estatus por su función de ‘cantantes de alabanzas’ y memoria viva, diferenciándose de los druidas por su enfoque más artístico que religioso.

Nuestros jarochos cantan aquello de “Si me llego a morir me rezan un novenario”.

El novenario es una tradición arraigada en la fe católica que consiste en rezar durante nueve días consecutivos por el alma de una persona fallecida.

Ahora la modernidad ha ido cambiando los rituales eclesiásticos. Hay gente que solo solicita al Cura o a la iglesia tener tres misas por su difunto.

Cosas de la modernidad.

En nuestro caso, la Jefa Maty siempre nos dijo que ella quería sus 9 misas de costumbre. Y eso hacemos. Cumplir con uno de sus últimos mandatos en vida.

He oído más misas ahora que nunca en mi vida. No suelo ir tanto a misa, pero ahora las circunstancias nos llevan y me gusta el padre Román, quien da las misas de las 7 en El Carmen. Siempre la palabra de Dios es grande.

Gabriel García Márquez decía “La muerte no llega con la vejez, sino con el olvido”.

La de Antonio Machado: “La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos”.

 

LOS DIAS LUCTUOSOS

 

Mi caminar es triste y melancólico. Vivo en los recuerdos, a veces me alientan a escribir algo, a veces me aíslo hasta de mí mismo, sin ganas y con cansancio mental. Días duros y difíciles, porque convivir con tu compañera 56 años no es nada menor. Con nuestras alegrías y problemas siempre resueltos, con la felicidad en ella reflejada en sus hijos y nietos y hermanos, a quienes mucho amó. Así quiero recordarla, y así será: dulce y alegre, así será hasta que el Dios nuestro nos vuelva a reunir, para así descansar juntos por siempre y para siempre, por una eternidad.

Así sea.

 

Esta es opinión personal del columnista