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JOSÉ LUIS ENRÍQUEZ AMBELL CAFÉ DE MAÑANA |
21 May 2026
Los anuncios y la información que el Gobierno del Estado ha venido circulando en relación a la propuesta de venta y compra de aeronaves, hasta ahora, no se ve acompañada de algún planteamiento de operatividad para esa área en la estructura del Poder Ejecutivo, al parecer el dinero se va a ir al apartado del desarrollo social.
Dicho de otra forma; Aeronaves de Veracruz serán una especie de venta de fierro viejo y que no debe significar quedarse sin alas.
La publicación de la convocatoria en la Gaceta Oficial del Estado confirma que el Gobierno de Veracruz va por la subasta de nueve aeronaves: tres aviones y seis helicópteros. No es un asunto menor. Detrás de esa venta no sólo hay matrículas, avalúos y hangares; hay una pregunta de fondo: ¿ qué capacidad aérea necesita realmente un estado como Veracruz ?
La Gaceta del 4 de mayo de 2026 formalizó la autorización para que el Ejecutivo, por conducto de la Secretaría de Finanzas y Planeación, enajene mediante subasta pública esas aeronaves. La lista incluye un Hawker Beechcraft King Air B200, dos aviones Piper, dos Bell 206, un Airbus AS350B3E, un Bell 430, un Eurocopter AS365N3 y un Bell 407. En conjunto, el valor comercial señalado supera los cinco millones de dólares.
Hasta ahí, la operación parece clara: vender bienes públicos que, presumiblemente, ya no resultan funcionales o que representan un alto costo de mantenimiento. Y si ese es el caso, la medida puede ser correcta sin duda, pues una aeronave detenida, sin uso, sin condiciones óptimas de vuelo o con costos quizá excesivos de conservación, no es símbolo de poder público: “es un gasto que se queda estacionado”.
Pero Veracruz no puede analizar este tema como si fuera cualquier entidad. Su territorio es extenso, serrano, costero, petrolero, cañero, con zonas de muy difícil acceso, municipios incomunicados en temporada de lluvias, incendios forestales, emergencias médicas y desastres naturales recurrentes. O sea, en esas condiciones, un helicóptero bien utilizado no es lujo; puede ser herramienta de protección civil, seguridad pública, rescate o traslado urgente, entre otros usos y utilidades.
La información pública conocida a partir de las notas periodísticas y redes que refieren un recurso ante el extinto IVAI señalaba que el Gobierno del Estado llegó a contar con catorce aeronaves: cinco aviones y nueve helicópteros. Esa información, atribuida a un recurso de revisión y a datos de la Dirección General de Aeronáutica, no aparece acompañada públicamente del número de expediente ni de la resolución íntegra, por lo que debe leerse con cautela. Sin embargo, permite tener un punto de comparación razonable.
Si se parte de esa referencia, y ahora se subastan nueve aeronaves, Veracruz conservaría documentalmente cinco unidades del inventario previamente reportado. Entre ellas estarían dos Lear Jet, un Robinson 66, un Bell 407 y un Bell 206. Pero aquí está el detalle: "una cosa es que una aeronave exista en inventario y otra muy distinta que pueda volar, que tenga mantenimiento vigente, seguros, tripulación y condiciones reales para prestar servicio público".
Por eso la discusión no debe reducirse a si se venden o no se venden los aviones. "La pregunta correcta es qué se vende, por qué se vende y qué capacidad queda. Si se trata de unidades inservibles, incosteables o técnicamente rebasadas, la subasta es una medida sensata. Pero si la venta se hace sin diagnóstico público, sin explicar el estado operativo de cada aeronave y sin garantizar una flota mínima para emergencias, el gobierno corre el riesgo de confundir austeridad con debilitamiento institucional.
Vender bienes que no sirven es una buena decisión. Vender capacidad de respuesta, no.
La subasta puede ser viable siempre que cumpla cuatro condiciones: transparencia en los avalúos, procedimiento abierto, destino claro de los recursos y garantía de que Veracruz no quedará sin medios aéreos suficientes para atender emergencias. Porque en un estado como este, donde la geografía manda y la emergencia no avisa, la verdadera pregunta no es cuánto vale una aeronave en el mercado, sino cuánto cuesta no tenerla cuando se necesita.
Que se venda lo que ya no vuela, sí. Que se acabe el gasto inútil, también. Pero que no se deje al gobierno sin alas justo cuando Veracruz necesita capacidad, rapidez, presencia y músculo institucional en todo su territorio, pues todo eso es parte de la gobernabilidad.
DE SOBREMESA
Hay algunas aeronaves que no fueron preservadas en su mantenimiento y la verdad habría que ver quién hizo los avalúos, porque podrían ya no tener un valor como el que se menciona en el documento publicado.
Es un tema muy técnico y hay que irse a la información de cada una de las naves, lo que no se ha difundido, pero de que esta acción gubernamental tiende a ejecutarse para un mayor beneficio de la población de Veracruz, es una realidad.
UN CAFÉ LECHERO LIGHT
En enero pasado el Secretario de Finanzas y Planeación, Miguel Reyes, declaró que el Gobierno de Veracruz habría de adquirir aeronaves nuevas y destinadas a labores de las Secretarías de Protección Civil y de Seguridad Pública, y que se estarían por comprarse a través de recursos del Fideicomiso de Protección Civil para la Atención de Desastres Naturales y otros Siniestros en la entidad.
Ahora fue Aniel Altamirano, subsecretario de Ingresos de la Sefiplan, quien salió a decir e informar - acompañando a la Gobernadora Nahle - en torno a la Subasta de las Aeronaves Oficiales convocada para la enajenación de una flotilla de aeronaves estatales valuada en 5.2 millones de dólares, y que el catálogo incluye tres aviones y seis helicópteros que han dejado de operar para el Gobierno de Veracruz, subasta programada para el día 8 de junio.
Los valores base van desde los 80 mil dólares hasta el más alto, un Airbus Helicopter 2014 con un precio de salida de 1 millón 488 mil 300 dólares, y todos los interesados pueden acudir a adquirir las bases.
¡ES CUANTO!
Esta es opinión personal del columnista