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Economía que no cae, pero tampoco avanza 
Conferencia – UAD
Fernando Padilla Farfán
FERNANDO PADILLA FARFÁN

26 May 2026

Ponente: Ingeniero Fernando Padilla Farfán


Me gustaría empezar agradeciendo — inicia el ingeniero Fernando Padilla Farfán— a la Universidad Autónoma de Durango por abrir este espacio, por permitir conversaciones que forjarán el pensamiento de sus estudiantes dentro y fuera de un aula. Porque la universidad existe para incomodar con rigor.


Hoy vengo a hablarles —continúa el ingeniero Padilla Farfán— de una economía que no se cae, pero que tampoco empuja.


De los efectos de una economía que mientras sigue funcionando empieza a mostrar señales de agotamiento.


El Producto Interno Bruto no es un trofeo, es un pulso.


Cuando el PIB crece con fuerza, el sistema empuja. Se crean empresas nuevas, aparecen oportunidades y el error (de haber) se vuelve tolerable.


Cuando el PIB crece poco —como hemos visto recientemente en México— la economía no colapsa, pero comienza a volverse rígida.


Y la rigidez es peligrosa porque no genera alarma. No suena la sirena. No hay crisis visible, pero limita el movimiento.


Padilla Farfán afirmó que: Una economía puede sobrevivir mucho tiempo sin crecer. Lo que no puede hacer es proyectarse porque el futuro se vuelve un riesgo, cada inversión se siente como una apuesta peligrosa y no como una expansión natural.


La empresa familiar frente al crecimiento anémico


Las empresas familiares sienten este fenómeno antes que nadie.


Porque cuando el mercado no empuja, la expansión se vuelve un riesgo personal, la inversión se discute en la mesa, no solo en el consejo, y el error no se paga solo con dinero, se paga con relaciones.


Muchas empresas familiares no dejan de crecer por falta de capacidad.


Dejan de crecer por agotamiento acumulado. 


El crecimiento anémico no suele destruir a las empresas familiares de forma inmediata; las desgasta lentamente en la pérdida progresiva de energía, claridad y horizonte. 


Y eso tiene una consecuencia profunda: lo que se hereda ya no es un proyecto, sino una carga que exige sostenerse.


Estrategia en un país que no empuja


No hace falta leer indicadores para cuando la economía no crece —afirma Fernando Padilla—, es algo que logramos sentir, se nota en las conversaciones, en como la palabra misma comienza a decirse con una voz tenue como si termináramos tachados de mentirosos. En un entorno así la estrategia cambia de naturaleza. Ya no se trata de moverse, más bien de no equivocarse.


En países donde el crecimiento es limitado, la estrategia se parece menos a una carrera y más a una caminata larga. Hay que saber cuándo avanzar, cuándo detenerse y cuándo no moverse en absoluto. Porque avanzar por inercia también cansa.


Al sobrevivir se adquiere una experiencia inigualable, se entiende a la empresa como nunca antes, se adaptan y se ejecuta destacando estos puntos: 


—Se especializan.


—Entienden sus límites.


—Saben decir “no” antes de romperse.


Crecer por crecer, en este contexto, no es ambición, es imprudencia.


La pregunta correcta ya no es: ¿Cuánto podemos crecer?


Sino: ¿Qué podemos sostener sin destruirnos en el intento?


El consumidor que también se protege


El consumidor mexicano no está detenido; está precavido.


Sigue consumiendo, pero lo hace distinto, ahora comparando más, dudando y postergando decisiones que solía tomar como un impulso.


Cuando el futuro se percibe incierto, el consumo deja de ser intuitivo y se vuelve un cálculo y un consumidor que no logra imaginar el mañana difícilmente apuesta por lo nuevo, prefiere lo conocido, lo probado, lo que implica menos riesgo emocional y financiero.


Ese cambio no es menor. Impacta directamente en las empresas, frena la innovación y termina retroalimentando el mismo ciclo de bajo crecimiento. Nada ocurre de forma aislada: la cautela del consumidor, la prudencia empresarial y la falta de proyección económica forman parte del mismo sistema.


Todo, efectivamente, está conectado. 


Me gustaría despedirme con una frase final —agrega el experimentado profesionista—, un pensamiento para reflexionar.


Quiero cerrar con una idea que no busca alarmar, sino aclarar.


Una economía que crece poco no se destruye, se acostumbra.


Las empresas se mantienen, el empleo resiste y el sistema continúa funcionando, pero con una pérdida en el camino... La capacidad de imaginar el siguiente paso, se pierde visión por concentrarse en el presente, en el: ¿cómo “nos mantendremos a flote”?


Y cuando una sociedad deja de proyectar, no siempre es por falta de ideas, a veces es por cansancio estructural.


Mi invitación, desde esta universidad, no es a crecer más rápido, es a pensar mejor lo que vale la pena sostener.


Porque sobrevivir no siempre es avanzar y crecer no siempre es progreso —con este comentario, concluyó Fernando Padilla Farfá—.


Esta es opinión personal del columnista