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PEDRO CHAVARRÍA DISECTOR |
02 Jul 2026
Afuera. Grupo Jaguares.
“Afuera tu no existes solo adentro
Afuera
Afuera no te cuido solo adentro
Afuera
te desbarata el viento sin dudarlo
Afuera
nadie es nada solo adentro”.
Escuchando la canción de este grupo extraigo los versos arriba reproducidos y reflexiono acerca de sus propuestas. Veo que se ajustan a lo que la ciencia propone acerca de uno de los misterios y maravillas del universo: la vida. El Universo es un sistema muy complejo dentro del cual se desarrollan múltiples eventos que tratamos de estudiar y entender, a veces con poco éxito. Algunos fenómenos ocurrieron hace millones de años, otros ocurren a grandísimas distancias. Esos dos obstáculos: tiempo remoto y distancias extremas, nos dificultan el conocimiento. Usamos telescopios situados en el espacio y con ellos vemos muy lejos, tanto en el espacio, como en el tiempo. Entre más lejos enfocamos, más en el pasado nos sumergimos.
Pero aquí, en nuestro planeta, en este momento, se desarrolla ante nosotros, al tiempo que nos involucra directamente, uno de esos eventos maravillosos: la vida. Consideramos que la máxima complejidad conocida del universo es, justamente, la vida, o, para ser más precisos: la existencia de seres vivos, ya que no hemos podido generar una definición válida y suficiente de una idea abstracta, como la vida. Nos resulta mucho más fácil hablar de entes o seres que albergan vida. Así, generamos listas de características que deben tener ciertos entes para que puedan ser llamados “seres vivos”.
Decimos, para simplificar, que los seres vivos nacen, crecen, se reproducen y mueren. Si complicamos un poco más, decimos que todos los seres vivos están constituidos por una o más células y que estas poseen propiedades muy específicas, como almacenar información, conducir con ella reacciones químicas estrictamente controladas -metabolismo- y gracias a todo esto, se reproducen, preservando la información, comprimida de tal modo que, en una semilla, por ejemplo, tan pequeña como suelen ser, se alberga el potencial de desarrollar un gigantesco árbol, o que con la fusión de tan solo dos microscópicas células, se alberga el potencial de desarrollar a un ser humano.
Sea como sea, cualquier forma de vida conocida hasta la fecha, se basa en la célula. Hemos tratado de entender el origen de la vida y para ellos, además de remontarnos al pasado de nuestro planeta y entender sus condiciones físicas y químicas, tratamos de descubrir cómo se formó la primera célula. A partir de esta, podemos deducir cómo la reproducción celular nos ha traído hasta donde estamos. Así que empecemos por la formación de la primera célula.
Pensamos en orígenes muy humildes: apenas una pequeña gota de grasa que accidentalmente capturó una solución acuosa de múltiples compuestos químicos. Como la grasa no se mezcla con el agua, pues el interior quedó atrapado y así abordamos la canción: “Afuera tú no existes, solo adentro”. Para que haya vida, para que un ente exista como ser vivo, se necesita que esté adentro, justo adentro de esa humilde gota de grasa. Al parecer la grasa misma quedó atrapada en una cavidad microscópica de alguna roca porosa a la que revistió, capturo una poca de agua “contaminada” con sustancias químicas del medio, y eventualmente se cerró la gota, formando todo un microsistema complejo.
“Afuera te desbarata el tiempo sin dudarlo”. Por estar adentro, los componentes químicos se mantienen, reaccionan entre sí y las nuevas moléculas recombinantes, se preservan y vuelven a reaccionar entre sí. El medio interno es protector: “Afuera no te cuido, solo adentro”. Adentro de la capa externa de grasa, surge “el cuidado”. ¿Quién te cuida? Es una pregunta que no tiene respuesta fácil. Para los creyentes, Dios. Para los agnósticos, es un proceso físico-químico. De una manera u otra, lo que pasa “adentro” está protegido y se puede mantener, y aún más: complejizarse. Todo el secreto radica en no estar “afuera”. “Afuera nadie es nada, solo adentro”.
El gran inventor del universo, después de las estrellas y los planetas, en especial los rocosos, como el nuestro, solo parece haber tenido una vía: a partir de la física y la química, inventó la biología, con una estrategia muy simple: una gota de grasa atrapada en una microcavidad de una roca porosa. De ahí la importancia de tener cuerpos astrales rocosos, como planetas y satélites. La gota de grasa en realidad corresponde a una delgadísima capa, que, al revestir una cavidad, toma esa forma esferoidal y crea un nuevo espacio en todo el universo conocido: el líquido intracelular, o citoplasma, lugar donde surge la vida, es decir, las reacciones químicas autosostenidas y autocontroladas.
“Afuera tú no existes, solo adentro”. Nunca mejor dicho: solo existes por lo que pasa adentro, donde se puede controlar estrictamente todo lo que suceda, hasta que aparece la enfermedad y la muerte, pero mientras tanto, los médicos te pueden cuidar y actúan básicamente sobre el interior de las personas, si bien existen cuidados para la mera superficie. Casi todos los medicamentos van dirigidos a corregir desviaciones intracelulares; arregladas estas, se puede ejercer influencia sobre todo el cuerpo.
El gran invento del universo: crear un espacio nuevo, subdividiendo el todo. Aunque es un punto de vista muy antropocéntrico, podemos decir que en todo el universo conocido solo hay dos espacios: el intracelular y el resto. Todo lo que existe solo puede estar en una de estas dos localizaciones: adentro -citoplasma, vida-, o afuera -resto del universo-. Nada conocemos tan complejo en el universo, como lo que hay dentro de una humilde célula bacteriana, en la cual solo distinguimos sistemas membranáceos que dividen y subdividen el espacio interior. Ninguna cosa inanimada, estrella, sistema solar o galaxia se acerca siquiera a la complejidad que caracteriza el interior de los seres vivos.
Si ahora pasamos de una célula bacteriana -procariota- a una eucariota, descubrimos que se ha agregado un nuevo espacio interior: el núcleo, donde se almacenan las instrucciones que controlan casi todo el proceso vital. No logramos entender cómo se ha podido desarrollar un complejo molecular capaz de dirigir y controlar de manera tan precisa todas las reacciones químicas celulares, pero es un hecho que ahí está. Si algo se controla de manera precisa, sucede “adentro” y entre millones y millones de “adentros” llamados neuronas, se generan cerebros. Cuando el número de estas células es realmente grande, hay tantas neuronas en un cerebro humano, como estrellas hay en una galaxia, que, como la nuestra, la Vía Láctea, tiene cien mil millones de estrellas. Pues con tantas neuronas coordinadas entre ellas, surge otro misterio de los “adentros”: el estado de conciencia, que tampoco entendemos bien, pero que permite escribir poesía y pensar acerca de lo que es pensar. Vaya esta reflexión desde mis “adentros”, motivada por el grupo Jaguares.
Esta es opinión personal del columnista