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PEDRO CHAVARRÍA DISECTOR |
03 Jul 2026
En la primera parte de este tema abordé la relación afuera/adentro para reflexionar sobre la vida como la expresión de máxima complejidad del universo conocido. Resulta que el “adentro” es un “nuevo” espacio, delimitado por una modesta capa de grasa en forma de membrana plasmática, capaz de contener, mantener y transformar lo atrapado en su interior. De estas transformaciones han surgido las reacciones químicas que caracterizan a los seres vivos. De no haber membranas, no habría vida, al menos como la conocemos; quizá pueda haber otras formas diferentes que no hemos descubierto.
Así, la vida, sea lo que sea, depende de un sistema membranáceo que divide al universo en dos grandes segmentos: afuera y adentro, donde este último pertenece a lo que conocemos como citoplasma, o verdadero hogar de la vida. El propio espacio interior se subdivide siguiendo la misma estrategia: espacios membranáceos que delimitan segmentos del citoplasma, cada uno de los cuales se especializa en diferentes funciones, dando así a los organismos vivos, alta complejidad. Los diferentes espacios internos albergan diferentes enzimas, herramientas moleculares que transforman unos productos en otros, los almacenan temporalmente y luego los intercambian, según las necesidades cambiantes segundo a segundo.
El “adentro” es una serie de subespacios separados y a la vez interrelacionados, que intercambian moléculas de manera estrictamente controlada, lo que permite un funcionamiento óptimo, es decir, mantiene el estado de salud. Esto significa que no solo hay intercomunicación interna, sino también con el exterior. Cuando las comunicaciones exterior-interior e interior-interior se dan de tal manera que la célula se mantiene, hablamos de salud. Si los intercambios son deficientes, sea por falta de insumos, o paso descontrolado, aparece la enfermedad y, eventualmente, la muerte.
De aquí resulta que el “afuera” es muy importante para que exista el “adentro”. Del exterior, los seres vivos deben importar al menos tres componentes realmente vitales: energía, agua y oxígeno. La energía es realmente el componente determinante, la energía no solo nos mueve, somos energía “materializada”, es decir, la materia, nuestros cuerpos, son una forma de energía. La célula usa la energía para hacer posibles las múltiples reacciones químicas de la vida. Y la energía viene del exterior, en última instancia, del sol. Los vegetales captan la energía directamente y con ese impulso fabrican azúcares y múltiples sustancias más. Un herbívoro las come y luego nosotros a estos y así adquirimos no solo alimentos, sino que en ellos va almacenada la energía en forma de enlaces químicos.
El enlace químico es una forma de energía. Cuando digerimos y descomponemos los alimentos, vamos extrayendo, paso a paso, la energía, misma que 1uego invertimos de diferentes formas, como crecimiento, desarrollo, movimiento y, sobre todo, formación de nuevas moléculas que nos permitan el funcionamiento óptimo, es decir, la salud. ¿Para qué persigue un ser vivo la optimización? Es una pregunta difícil de responder. Los por qués -causas- y los para qués -objetivos-, casi siempre se nos escapan. De momento, desde la perspectiva biológica, los seres vivos tratan de mantenerse para mantenerse. Es todo, una lucha contra el desorden, aunque la sabemos perdida. El desorden llegará: enfermedad, vejez, muerte. Pero mientras tanto, nos mantenemos.
No sabemos por qué existimos, ni tampoco para qué. Ni la biología ni la química nos dan respuestas. ¿Qué se gana con que un ser vivo se mantenga? Nadie sabe decirlo, simplemente sucede: los seres vivos mantienen sus adentros ordenados y funcionales, es decir, automantenidos, por un tiempo -tiempo de vida- y luego decaen para desorganizarse totalmente y volver al polvo de donde salieron. “Polvo eres y en polvo te convertirás”. Hasta este punto solo tenemos a la biología y esta no puede explicarnos nada de esto, tan solo nos describe cómo es que cambian y se adaptan los seres vivos. Causas y objetivos o metas están totalmente fuera de discusión con estas herramientas. Ya veremos más adelante.
El caso es que las células son adentros subdivididos y especializados, rodeados por otros adentros un poco más externos, de modo que se van formando capas muy bien organizadas. Al rededor de la célula, el líquido extracelular, por fuera, vasos sanguíneos que llevan nutrientes y oxígeno al tiempo que retiran desechos. Por fuera de estos, capas de embalaje amortiguador -tejido conectivo- y al mero exterior, la piel. Todos esos espacios determinan nuestros adentros y en ellos se desarrolla lo que llamamos vida.
Pero decíamos que del afuera debemos importar, además de energía, capaz de mover la maquinaria, agua y oxígeno. Sigamos con el agua, considerada también vital. ¿Por qué, o para qué el agua? ¿Por qué es tan importante? Podemos resistir varios días sin comer, pero no sin agua. Aquí sí podemos ofrecer una explicación desde la biología y la química. Perdón si excluyo a la física, es tan solo en aras de simplificar. El agua permite disolver compuestos, es decir, separa moléculas, al tiempo que permite que distintos compuestos interactúen entre sí, de modo que puedan combinarse y generar nuevas moléculas, entre ellas las muy complejas, propias de la vida, como proteínas y ácidos nucleicos.
De no contar con agua, sí deberíamos contar con algún otro solvente que permitiera esa disolución e interacciones moleculares. Se ha especulado acerca de estos otros solventes, como metano, o hasta ácido sulfúrico, pero claro que exigen biologías totalmente diferentes, exóticas a nuestros ojos. Otras formas de vida podrían funcionar de modos diferentes y organizar sus adentros en interacción con diferentes afueras y lograr el objetivo chato que la biología nos permite ver: mantenerse por y en contra del medio, por un tiempo variable, desde minutos hasta milenios, como algunos árboles. El objetivo de los organismos vivos es mantener4se vivos, nada más.
Finalmente, entre los afueras, el oxígeno. Lo respiramos segundo a segundo, so pena de perecer. ¿Por qué es tan necesario ese agente foráneo? Aquí también, física, química y biología, aportan una respuesta. Al final, la maquinaria biológica se mueve con electricidad, somos máquinas eléctricas, extraemos y movemos protones y electrones. Estos son extraídos de los alimentos, forzados a un micro recorrido dentro de las mitocondrias -otro subespacio interior- y esta corriente eléctrica la transformamos en enlaces químicos, concretamente en el ATP, molécula almacenadora de energía, de la cual podemos echar mano cuando se requiera su contenido energético.
Los protones y los electrones correspondientes, extraídos de los alimentos, concretamente, del hidrógeno, deben ser restituidos, pues no tenemos modo de eliminar protones, ni electrones directamente, así que recombinamos ambos con el oxígeno, ávido por recibirlos, según su naturaleza química. De no haber oxígeno, la corriente eléctrica se detiene y ya sabemos qué ocurre cuando se interrumpe la energía eléctrica que alimenta nuestros hogares y ciudades: no refrigeración, no luz, no semáforos, no motores. Así con la célula. “Afuera tú no existes, solo adentro”, pero sin el afuera, tampoco podrías existir. Se trata de una dependencia indisoluble: el afuera mantiene al adentro. Lo valioso está adentro, pero nada es sin el afuera. Se trata de un macrosistema. La canción ya no llega tan lejos. Seguiremos.
Esta es opinión personal del columnista