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GABRIEL GARCÍA-MÁRQUEZ SENTIDO COMÚN |
17 Jul 2026
"Con tierra, agua y dinero, cualquier buey es ganadero", decía un viejo refrán que durante muchos años reflejó la bonanza de una actividad que ha dado identidad y sustento a miles de familias veracruzanas. Hoy, sin embargo, esa frase parece haber perdido vigencia. Ser ganadero ya no sólo implica enfrentar las inclemencias del tiempo, las enfermedades del hato o las variaciones del mercado. Ahora también significa convivir con la incertidumbre, el miedo y la inseguridad.
Toda vez que el precio del ganado en pie ha caído de manera considerable, la rentabilidad de los ranchos se ha desplomado. Paradójicamente, mientras el productor recibe menos por cada res que vende, los costos para mantenerla continúan aumentando. Los alimentos balanceados, las sales minerales, las vacunas, los medicamentos veterinarios, los fertilizantes, el combustible, el transporte y la mano de obra han encarecido la producción hasta reducir las utilidades a niveles mínimos.
El ganadero trabaja los 365 días del año. No conoce días festivos ni vacaciones. Se levanta antes del amanecer para atender sus animales con la esperanza de recuperar meses de inversión. Sin embargo, hoy muchos apenas logran cubrir sus costos de operación.
EL MIEDO TAMBIÉN PASTA EN LOS RANCHOS
Como si la crisis económica no fuera suficiente, la delincuencia ha encontrado en el campo una nueva fuente de ingresos.
El abigeato continúa afectando distintas regiones de Veracruz y cada animal robado representa meses de trabajo perdidos. Para los pequeños productores, la desaparición de unas cuantas reses puede significar el patrimonio de toda una familia.
Por cierto, los delincuentes tampoco distinguen entre pequeños y grandes propietarios. Las presuntas extorsiones han comenzado a convertirse en otro factor de preocupación para quienes viven de la ganadería.
El caso más reciente ocurrió en Tuxpan, donde la V Exposición Internacional de Ganado Cebú, la cabalgata y la tradicional subasta ganadera fueron canceladas. De acuerdo con dirigentes del sector, además de las cuotas reglamentarias para participar en la exposición, algunos productores habrían sido objeto de exigencias para pagar 500 pesos por cada animal que pretendían exhibir.
La cantidad, por sí sola, podría parecer menor para quien desconoce el sector. Pero cuando un expositor lleva decenas de ejemplares de alto registro, el monto representa un costo adicional considerable que se suma al transporte, alimentación, manejo, hospedaje del personal y demás gastos propios de una exposición ganadera.
La Asociación Mexicana de Criadores de Cebú notificó oficialmente la cancelación del evento mediante una circular dirigida a sus socios. El resultado fue inmediato: Tuxpan perdió uno de los acontecimientos pecuarios más importantes del año.
Y con ello no sólo perdieron los ganaderos.
Perdieron los hoteles que esperaban ocupación total; los restaurantes que confiaban en incrementar sus ventas; los comerciantes, los taxistas, los transportistas, los prestadores de servicios y cientos de familias que cada año encontraban en esta exposición una fuente adicional de ingresos.
EL SILENCIO TAMBIÉN TIENE EXPLICACIÓN
El Gobierno del Estado ha informado que no existen denuncias formales sobre presuntas extorsiones e invitó a los productores a presentar las querellas correspondientes ante la Fiscalía.
Legalmente tiene razón. Ninguna autoridad puede investigar sin elementos que permitan integrar una carpeta.
Pero pienso que también es indispensable entender la realidad del campo.
Para un ganadero, denunciar no siempre significa únicamente acudir a la fiscalía. Muchas veces representa poner en riesgo su patrimonio, su tranquilidad e incluso la seguridad de su familia.
Por ello, la ausencia de denuncias no necesariamente significa que el problema no exista. En numerosas ocasiones refleja el temor que sienten las víctimas de sufrir represalias.
Precisamente ahí radica uno de los mayores desafíos del Estado: generar confianza, brindar protección efectiva a quienes denuncian y garantizar que la ley pueda aplicarse sin que las víctimas se conviertan en nuevos objetivos de la delincuencia.
EL CAMPO NO PUEDE SEGUIR SOLO
Mientras tanto, Veracruz no puede darse el lujo de perder una actividad que durante décadas ha sido motor de desarrollo regional. La ganadería mueve miles de empleos directos e indirectos. De ella dependen veterinarios, fabricantes de alimentos balanceados, laboratorios, empacadoras, rastros, transportistas, comerciantes y una extensa cadena económica que llega prácticamente a todos los municipios del estado.
En otras palabras, cuando pierde un ganadero, también pierde el comercio, pierde el turismo, pierde la inversión y pierde la economía regional.
La cancelación de la Expo Ganadera de Tuxpan no debe verse únicamente como la suspensión de una feria. Es una llamada de atención sobre lo que está ocurriendo en el campo veracruzano. Si los productores comienzan a cancelar exposiciones por miedo, mañana podrían dejar de invertir; después reducir sus hatos y, finalmente, abandonar una actividad que ha dado prestigio nacional a Veracruz.
Hoy los ganaderos piden auxilio al Gobierno. No solicitan privilegios ni subsidios extraordinarios. Piden algo mucho más elemental: poder trabajar en paz, llevar sus mejores ejemplares a una exposición sin temor, comercializar el fruto de años de esfuerzo y regresar a casa con la tranquilidad de que su patrimonio y su familia estarán seguros.
Porque ningún productor debería preocuparse más por la delincuencia que por la lluvia. Y cuando el miedo comienza a vaciar los corrales y las exposiciones ganaderas, el problema deja de ser exclusivamente del campo para convertirse en un problema de toda la sociedad.
Esta es opinión personal del columnista