1 de Agosto de 2026 | 11:57
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La importancia está en la mezcla
DAVID VALLEJO
CÓDIGOS DEL PODER

01 Ago 2026

México avanzó 1.5% entre abril y junio respecto al trimestre anterior, registró su mejor desempeño trimestral desde finales de 2020 y alcanzó un crecimiento anual de 2.1%, después de iniciar el año con una contracción de 0.6%. El resultado superó prácticamente todos los pronósticos y adquirió un significado especial porque apareció al mismo tiempo en el campo, la industria y los servicios, con avances trimestrales de 3.3%, 1.6% y 1.5%, respectivamente.


La economía encontró impulso en varios motores al mismo tiempo. Esa diferencia parece pequeña, aunque suele separar a las economías más vulnerables de aquellas que desarrollan una mayor capacidad para absorber cambios externos.


La explicación exige distinguir tres corrientes que coincidieron durante el trimestre. La primera surgió del rebote posterior a un inicio de año afectado por las heladas y la incertidumbre comercial. La segunda respondió al impulso extraordinario generado por la Copa Mundial, cuya celebración fortaleció construcción, comercio, hospedaje, transporte, restaurantes y actividades recreativas. La tercera posee un carácter más duradero y aparece en las exportaciones manufactureras, en la fortaleza del mercado laboral y en un consumo interno que conservó dinamismo. El trimestre solamente puede entenderse cuando las tres piezas se observan juntas.


El Mundial aportó un estímulo importante. México recibió trece partidos y las actividades vinculadas con turismo, movilidad y servicios experimentaron un aumento significativo, acompañado por proyectos de infraestructura desarrollados durante abril y mayo. Diversos análisis privados atribuyen al torneo una parte relevante del crecimiento trimestral, mientras otros identifican un mayor peso de la recuperación agropecuaria, la normalización posterior al primer trimestre y el desempeño exportador. La amplitud de los datos publicados por el INEGI permite sostener una conclusión más equilibrada. La economía encontró impulso desde varios frentes al mismo tiempo.


Los servicios representan alrededor de 2/3 partes del producto interno bruto y su avance de 1.5% explica buena parte del resultado. El mercado laboral también contribuyó mediante la creación de 262 mil 628 empleos formales durante el primer semestre, un máximo histórico de trabajadores registrados ante el IMSS para un mes de junio, una tasa de desocupación de 2.9% y un descenso de la subocupación respecto al año anterior. El IVA aumentó 10.6% en términos reales durante el semestre y superó ampliamente lo programado, un comportamiento compatible con un consumo resistente y con una mayor eficiencia recaudatoria.


La economía gana fortaleza cuando distribuye mejor sus fuentes de crecimiento. Si una actividad pierde dinamismo, otra puede compensarla. Si un mercado atraviesa dificultades, otro sostiene parte de la producción. La diversificación reduce vulnerabilidades porque evita que un solo sector determine el comportamiento del conjunto. Las economías más desarrolladas llegaron a ese punto después de décadas de ampliar su base productiva.


La industria ofrece la parte más reveladora del trimestre. Durante años cualquier buena noticia exportadora remitía casi automáticamente al automóvil. Junio mostró una fotografía distinta. Las exportaciones alcanzaron un máximo histórico de 72 mil 551 millones de dólares, con un crecimiento anual de 34.4%. Las manufacturas aumentaron 35.3%, mientras las automotrices avanzaron 7.6%. El verdadero impulso apareció en las manufacturas distintas del automóvil, que crecieron 48.8% durante junio y 37.6% en el acumulado del primer semestre.


Ese cambio merece mucha más atención que el propio récord mensual. México exportó más porque varias ramas industriales crecieron simultáneamente. La minerometalurgia aumentó 40.9%, los equipos eléctricos y electrónicos 19.7%, los alimentos, bebidas y tabaco 14.5%, además de otras manufacturas que ampliaron su participación. Las ventas dirigidas a Estados Unidos crecieron 35.8% y las destinadas al resto del mundo 25%. Las manufacturas representaron 91.3% de todas las exportaciones mexicanas durante el primer semestre. La noticia dejó de ser únicamente cuánto exportó México. La noticia pasó a ser la amplitud de la plataforma industrial que sostuvo ese resultado.


La inteligencia artificial participa en esta historia de manera indirecta. La expansión de centros de datos, infraestructura eléctrica y sistemas de cómputo en Estados Unidos incrementa la demanda de componentes eléctricos, electrónicos y diversos equipos industriales fabricados en México. Esa tendencia aporta dinamismo a ciertas ramas manufactureras, aunque el desempeño exportador responde a una diversificación mucho más amplia que una sola tecnología.


Las importaciones completan el diagnóstico. México adquirió bienes del exterior por 68 mil 461 millones de dólares durante junio, 28% más que un año antes. Cerca de 4/5 partes correspondieron a bienes intermedios, insumos que alimentan procesos productivos nacionales. El superávit comercial acumulado alcanzó 9 mil 857 millones de dólares durante el primer semestre, frente a 1 mil 433 millones en el mismo periodo del año anterior. El resultado refleja que, pese al fuerte aumento de las importaciones, el crecimiento de las exportaciones fue todavía mayor, especialmente en manufacturas, lo que permitió ampliar el saldo favorable de la balanza comercial. La integración industrial de Norteamérica explica buena parte de ese comportamiento, ya que una proporción importante de componentes cruza varias veces las fronteras antes de convertirse en un producto final.


También aparece una señal que merece seguimiento. Las importaciones de bienes de capital crecieron apenas 1.1% durante el semestre, muy por debajo del incremento observado en los bienes intermedios. La producción y el comercio avanzaron con fuerza, mientras la incorporación de nueva maquinaria y equipo mantuvo un ritmo más moderado. Esa diferencia separa un trimestre sobresaliente de una trayectoria sostenida, porque la expansión comercial necesita convertirse en inversión, automatización, infraestructura, energía, innovación y formación de capital humano.


La comparación con Estados Unidos ofrece otra perspectiva. México creció 1.5% respecto al trimestre previo, mientras la economía estadounidense avanzó alrededor de 0.4% bajo una medición equivalente. La diferencia aporta poco como competencia entre economías de tamaño distinto, aunque demuestra que una economía altamente integrada puede mantener un desempeño sólido incluso cuando su principal socio avanza a un ritmo más moderado. Esa capacidad refleja una estructura productiva más compleja que la de décadas anteriores.


La negociación comercial también forma parte de esta ecuación. Las inversiones industriales permanecen durante décadas y requieren reglas previsibles para recuperar el capital comprometido. En ese contexto merece reconocimiento el trabajo desarrollado por la Secretaría de Economía y especialmente por Marcelo Ebrard al frente de las negociaciones relacionadas con el T-MEC y con las nuevas medidas comerciales estadounidenses. Mantener abiertos los canales de diálogo, preservar la integración productiva de Norteamérica y ofrecer certidumbre en un entorno internacional complejo constituye un activo económico que rara vez aparece en las estadísticas, aunque influye directamente sobre las decisiones de inversión.


Durante buena parte del último medio siglo, México fue explicado a partir de una actividad dominante. Primero el petróleo, cuya expansión redefinió las finanzas públicas y el perfil exportador del país. También por la industria automotriz, convertida en el principal símbolo de la integración manufacturera con Norteamérica. Más tarde aparecieron el consumo interno y la economía estadounidense como las respuestas habituales para explicar prácticamente cualquier resultado económico. Los datos del segundo trimestre sugieren una realidad más compleja. La fortaleza surgió de la combinación, el campo recuperó dinamismo, los servicios mantuvieron su expansión, la industria encontró nuevos motores más allá del automóvil y las exportaciones ampliaron su base manufacturera. Diversificar significa mucho más que producir bienes distintos. Significa distribuir mejor los riesgos y construir una economía capaz de sostenerse desde varios frentes cuando cambian las circunstancias.


Las economías suelen medirse por la velocidad con la que crecen. La historia termina evaluándolas por la capacidad de sostener ese crecimiento cuando cambian las circunstancias.


¿Voy bien o me regreso? Nos leemos pronto si la IA y las estructuras económicas lo permiten.


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Esta es opinión personal del columnista