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Teotihuacan: Origen, ocaso y miro de su refundación
Fernando Padilla Farfán
FERNANDO PADILLA FARFÁN

29 Sep 2026

Teotihuacan es, quizás, la mayor paradoja de la historia de México: la ciudad más grande, planificada y poderosa de Mesoamérica clásica, cuyo nombre original no conocemos, cuyos fundadores no han sido identificados con certeza y cuya caída no fue obra de un conquistador extranjero, sino de sí misma.
Para entender su historia es necesario separar dos Teotihuacanes: la urbe prehispánica y el pueblo colonial que hoy lleva su nombre.
La ocupación del valle de Teotihuacan no fue súbita. La arqueología establece un proceso largo:
Alrededor del año 400 a.C. se registran los primeros asentamientos agrícolas en el valle, a 50 km al noreste de la actual Ciudad de México.
Entre 150 a.C. y 150 d.C. inicia el trazo urbano monumental: la Calzada de los Muertos, las Pirámides del Sol y de la Luna. Es el periodo que los especialistas llaman Teotihuacan I y II.
Su apogeo ocurre entre 250 y 550 d.C., cuando alcanza hasta 125,000 habitantes y se convierte en una metrópoli multicultural que controla comercio, obsidiana y religión en toda Mesoamérica.
Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987, pero para entonces ya llevaba 13 siglos en ruinas.
¿Quiénes la fundaron?
Aquí está el gran misterio. A diferencia de Tenochtitlan, Teotihuacan no dejó códices fundacionales.
Cuando los aztecas llegaron del norte al Altiplano Central en la primera mitad del siglo XIV, la encontraron ya en ruinas y la reclamaron como propia, dándole el nombre náhuatl Teōtihuacān: "el lugar donde fueron creados los dioses" o "donde los hombres se convierten en dioses".
Las fuentes coloniales recogen que los nahuas creían que había sido construida por los quinametzin, una raza de gigantes que pobló el mundo en una era anterior. Es una explicación mítica, no histórica.



Lo que sí sostiene la arqueología moderna:
No fue fundada por un solo pueblo. Fue una ciudad multiétnica y cosmopolita, con barrios de mayas, zapotecos, mixtecos y pueblos del Golfo.
Los candidatos más probables como población base son grupos otomangues, otomíes y proto-nahuas del Altiplano que huían de la erupción del Xitle y del declive de Cuicuilco.
Su identidad era teotihuacana, no azteca ni maya. Por eso en los textos antiguos se le dice simplemente Tollan-Teotihuacan, la Tollan por excelencia.
En resumen: no sabemos quién la fundó, pero sabemos que fueron ellos quienes inventaron la ciudad-estado mesoamericana.
¿Cuándo y por quién fue destruida?
Teotihuacan no cayó por una invasión exterior. Colapsó desde dentro.
La evidencia arqueológica —gruesas capas de ceniza, esculturas expuestas intencionalmente al fuego, templos de la élite incendiados— indica que hacia mediados del siglo VII toda el área metropolitana fue arrasada por un enorme incendio.
Los estudios más recientes afinan la fecha.
La revuelta de los jefes barriales tuvo "su primer evento de destrucción con un incendio en la Calzada de los Muertos y en las principales estructuras de las élites gobernantes" hacia el año 550 d.C., y el colapso total se consuma entre 570 y 650 d.C.
Fue una rebelión social, un choque de clases. Los barrios periféricos se levantaron contra la teocracia central, quemaron los símbolos del poder, destruyeron la administración y la ciudad fue abandonada. No hubo un ejército que la tomara; fue un suicidio urbano que dio paso al Epiclásico.
Después, el valle fue ocupado de forma dispersa por grupos coyotlatelcos y más tarde por toltecas y acolhuas, pero nunca recuperó su traza imperial. Cuando llegaron los mexicas en el siglo XIV, solo quedaba un centro ceremonial sagrado.
La ciudad prehispánica jamás fue refundada como tal. Lo que hicieron los españoles fue algo muy distinto: una fundación colonial sobre el territorio del antiguo señorío.
Como señala la historiografía oficial de los Pueblos Mágicos:
"Después de la conquista, en 1594, los españoles fundan San Martín Obispo y nombran San Juan Teotihuacán".
Los franciscanos reorganizaron a la población indígena sobreviviente bajo el modelo de república de indios, le antepusieron el nombre del santo patrón —San Juan Bautista— y el topónimo antiguo se volvió agudo: Teotihuacán. Esa es la fecha de fundación jurídica del municipio actual, hoy Teotihuacán de Arista.
Para 1935 se separan los municipios de San Juan Teotihuacán y San Martín de las Pirámides, y en 1945 la zona arqueológica es declarada propiedad federal.
Por tanto, el papel de los españoles no fue refundar Teotihuacan, sino cristianizar y rebautizar el lugar sagrado, incorporándolo a la Nueva España. Preservar involuntariamente el nombre. Si no lo hubieran registrado como San Juan Teotihuacán, quizá hoy no sabríamos ni cómo lo llamaban los nahuas. Iniciar el saqueo y la reinterpretación. Las primeras fuentes históricas posteriores a la Conquista "no hablan propiamente sobre los habitantes de Teotihuacán, sino de la representación que de ellos tenían quienes vivieron en el Anáhuac después del colapso". Es decir, España heredó un mito, no una ciudad viva.
Teotihuacan, entonces, no murió dos veces. Murió una sola vez, por mano propia, hacia el 550-650 d.C. Lo que hoy visitamos es la memoria petrificada de una ciudad que los aztecas veneraron como origen de los dioses y que los españoles convirtieron en pueblo de indios. Su verdadera refundación es moderna: la arqueológica, iniciada por Leopoldo Batres en 1905 y consolidada como símbolo de identidad nacional.


Esta es opinión personal del columnista