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PEDRO CHAVARRÍA DISECTOR |
06 Jul 2026
“Afuera te desbarata el viento sin dudarlo”. Una de las reglas fundamentales del universo conspira, no solo en nuestra contra como seres vivos, sino en contra de todo. La segunda ley de la termodinámica dice que la entropía va siempre en aumento, es decir, el grado de desorden crece inevitablemente, de modo que toda estructura será desmantelada. “No quedará piedra sobre piedra” no es solo una sentencia bíblica, es la terrible realidad que describe el destino de nuestro universo. Las estrellas agotan su combustible y eventualmente se apagan, el espacio al estirarse continuamente, separa todo y acaba con galaxias y sistemas planetarios.
Ignoramos el por qué de esta ley, tan solo hemos podido constatarla una y otra vez. Sin embargo, el propio universo ha hecho un notable esfuerzo para tratar de escapar a tan terrible destino. Por una vez, en un remoto punto insignificante -nuestro planeta-, han surgido entes vivientes, capaces de oponerse a la entropía, pues son capaces de generar orden y complejidad creciente, como nos muestra claramente el desarrollo de seres vivos, desde simples hasta complejos. Ya hemos hablado de los adentros y su extraordinaria complejidad, más cuando contemplamos el desarrollo de una semilla de roble, o de un embrión humano.
El universo ha inventado la vida y con ello se opone temporalmente a la destrucción creciente. Mientras los entes vivos están vivos, hay complejidad máxima, si bien no persiste tanto como quisiéramos. De un modo u otro, los seres vivos ya levamos millones de años, cambiando, mutando, abriendo nuevas avenidas, todas efímeras, pero muy resistentes en su conjunto. Unos entes mueren, pero otros subsisten, unas especies se extinguen, pero otras surgen. Quisiéramos pensar que así será por siempre, pero, desafortunadamente, dependemos de nuestro sol y este va a morir; en sus etapas prefinales nos calcinará. Acaso alguna forma de vida pueda escapar y saltar a otro nicho planetario con cierta estabilidad y continuar. Acaso nosotros mismos seamos el resultado de una infección interplanetaria e interestelar. Pero esto es solo especulación.
Necesitamos afueras que brinden condiciones mínimas de estabilidad y recursos energéticos y materiales, pero un afuera con estas características debe ser muy complejo, al menos para alcanzar los niveles que podemos constatar en este planeta. El universo, basado en la física, como lo entendemos, ha inventado la química y luego la biología, pero no se ha detenido aquí, ha progresado e inventó la ecología. Nosotros, los humanos, no hemos hecho más que descubrirla y ponerle nombre, pues ya existía todo un entorno de otros seres vivos, materiales inertes y condiciones de disponibilidad energética, agua y temperatura, lo que nos deja ver que para que haya adentros tan fabulosos como nosotros mismos, los afueras deben ser también muy sofisticados.
El adentro nada es sin el afuera. Y el afuera de nada sirve si no sostiene adentros altamente complejos, capaces de autorregularse y reproducirse. Aún más, no solo los adentros dependen de los afueras; estos de muchas maneras los determinan y modifican, pero también los adentros pueden regular a los afueras, como nos muestra el caso de la formación de nubes. Los vegetales expulsan grandes cantidades de vapor de agua a través de sus hojas, lo que tiende a formar nubes, mismas que producen sombra y bajan la temperatura a que están sometidos los propios vegetales y animales. Las nubes eventualmente producen lluvia, lo que estimula la reproducción vegetal, al tiempo que enfría el suelo, y no solo hablamos de tierras silvestres o de jardines, sino inclusive de zonas asfaltadas y pavimentadas de las grandes ciudades. Un simple árbol es capaz de generar nubes, lluvia y descenso de temperatura. Nosotros hemos entendido, parcialmente, esta inter-relación y desarrollamos toda una amplia gama de maniobras y estrategias ecológicas, las cuales no siempre respetamos, aunque sabemos su importancia.
La ecología no es un invento humano, tan solo somos sus descubridores y hemos entendido que hay maneras de favorecer la interacción entre afueras y adentros. En primer lugar, hemos desarrollado cultivos, de modo que los vegetales no crecen a su arbitrio, sino que los regulamos, seleccionamos nichos, los preparamos, favorecemos la irrigación, aportamos nutrientes al suelo y cosechamos. Mejorar los afueras nos permite mejores adentros, es decir, las células que cultivamos, tanto vegetales, como animales, contienen más densidad de nutrientes que habremos de incorporar a nuestros adentros. Hace ya mucho tiempo que dejamos de ser recolectores y cazadores, para ser cultivadores; así seeleccionamos lo que nos conviene mejor.
Sin embargo, también somos ecocidas y nos guiamos más por beneficios económicos derivados de arrasar bosques y levantar edificios, o implantar cultivos en detrimento de muchas especies a las que negamos así su nicho ecológico. También favorecemos cultivos que dejan mayores ganancias económicas, aunque sabemos que son perjudiciales para la salud, como pasa con los cultivos de maíz dulce, del que se extrae jarabe rico en fructosa, pues este endulzante es más barato que el azúcar convencional -sacarosa-, aunque sabemos que ocasiona alteraciones metabólicas. La fructosa endulza más y es más barata, de modo que manipulamos los cultivos para poder extraer este endulzante e introducirlo en toda clase de alimentos. Aunque la fructosa es un producto natural, su consumo excesivo causa problemas de salud.
Igual pasa con muchos otros productos industriales, en especial con los plásticos, que fragmentados -microplásticos- se incorporan en los adentros de numerosos seres vivos, vegetales y animales, terrestres y acuáticos. Ahora empezamos a ser un conjunto de especies híbridas, parte biológicas y parte microplásticas. Otros productos químicos interrumpen ciclos endócrinos y favorecen obesidad. Lo que hacemos con el afuera, impacta en los adentros, de donde resulta que afuera sí te cuido, y, en todo caso, es más importante el conjunto de medidas implementadas en los afueras, ya que equivalen a la medicina preventiva, que busca evitar que los adentros se alteren.
Del descubrimiento de la ecología, pasamos a la medicina preventiva. Si optimizamos los afueras, mejoramos los adentros. Es responsabilidad de todos nosotros, y en especial de los gobiernos, mejorar las condiciones ecológicas, favoreciendo el desarrollo de seres vivos más sanos, muchos de los cuales pasarán a ser parte de nuestros cuerpos. El afuera penetra al interior, lo que era un cultivo, se vuelve alimento y, finalmente se incorpora, es decir, lo externo se vuelve mi propio cuerpo. Vivimos de incorporar, es decir, volver mi cuerpo lo que no lo era. Así, la barrera entre los afueras y los adentros se va desdibujando. También debemos tomar en cuenta que producimos excretas: lo que era mi cuerpo, mi interior, ahora e parte del afuera, para bien y para mal.
Ya podemos trazar en nuestro planeta un continuo muy interesante, que encadena varios inventos del universo: física-química-biología-ecología-medicina preventiva. Seguramente encontraremos otros eslabones más.
Esta es opinión personal del columnista